‘Quiero tocar más fibras alrededor del cáncer infantil’

‘Quiero tocar más fibras alrededor del cáncer infantil’

Viviana Gracia es una odontóloga que lucha para lograr tratamiento digno para niños con cáncer.

Viviana María Gracia

Viviana María Gracia nació en Medellín y echó raíces en Montería, Córdoba. Allí adelanta su obra con el Imat.

Foto:

Miguel Ángel Velandia. Cafam

Por: Flor Nadyne Millán M.
18 de febrero 2020 , 03:34 p.m.

“¡Osito mío, ¿cómo amaneciste, mi pelón?!” Con este saludo cariñoso, Viviana María Gracia consiente cada día a los niños tratados por cáncer en la Clínica del Instituto Técnico de Alta Tecnología (Imat) en Montería, Córdoba. Ella, la directora de la fundación que lleva el mismo nombre de este centro de atención médica, no puede ocultar su alegría al verlos cada mañana, con su inocencia y su admirable espíritu aguerrido, en pie de lucha contra esta agresiva enfermedad.

Al dar inicio a la conversación sobre su labor, lo primero que nos recuerda es que febrero es el mes de la lucha contra el cáncer infantil y se simboliza con el lazo dorado “porque este color se asocia con la fortaleza de los chiquitines”, añade. Y acto seguido, como ya es costumbre en los cinco años que lleva como directora de la Fundación Imat, clama por que más colombianos se sumen a la causa: salvar la vida de estos niños.

A Viviana no le gusta que ellos sean vistos con tristeza, pero sí quiere que se generen conciencia y solidaridad alrededor de su enfermedad, que no da tregua. Por eso aprovecha ocasiones como el Grado Gold, la celebración que organizó el pasado 12 de febrero para entregarles a 35 niños y adolescentes la medalla que los honra como Valientes guerreros, tras cumplir dos años en el tratamiento contra diversos tipos de cáncer, y que también reconoce la dedicación amorosa de sus padres y cuidadores.

Viviana Gracia, candidata a Mujer Cafam 2020
  1. El próximo 5 de marzo entregan el Premio Cafam a la Mujer 2020. Es un homenaje a todas las mujeres que de manera anónima, desinteresada y con profundo compromiso, amor y convicción realizan acciones para ayudar a sus comunidades y brindarles opciones de bienestar, entregando esperanza a tantos colombianos vulnerables para ayudarlos a superar situaciones difíciles.

“Es que cuando uno decide tomar de la mano a un niño con cáncer es para no soltarlo y asegurarle que vamos a estar juntos hasta que salgamos a la otra orilla. Pero el camino es muy doloroso”, confiesa esta odontóloga nacida en Medellín, que echó raíces en Montería, Córdoba, y después de una crisis personal encontró en el servicio social la razón de su vida.

El lunes es el día que menos le gusta porque siente un hueco en el estómago ante la incertidumbre de llegar al pabellón de hospitalización pediátrica y no saber a qué niño no volverá a ver porque perdió su lucha contra el cáncer.

Aunque habla con marcada alegría y optimismo, reconoce que su misión es dura porque a veces le resulta imposible llegar a la casa y quebrarse con las tragedias familiares que ve a diario en esta clínica, centro de referencia en atención del cáncer infantil en la costa Caribe y donde el 90 %de la población es subsidiada. “Ahora mismo tenemos 24 chiquitines hospitalizados, algunos de ellos con discapacidad física o mental, otros son víctimas de violencia o están en abandono”, agrega Viviana, madre de María Carolina, de 16 años, y Juan Pablo, de 18, a quienes considera su oasis y su maestro de vida, respectivamente, frente a esta tarea que eligió cumplir con amor y perseverancia.

Tarea a la que llegó tras pasar una temporada cosiendo trapos y escribiendo cuentos (proyecto al que llamó ‘Me lo contó un pajarito’) como una forma de hacer el duelo por el trabajo que había dejado atrás: durante 13 años ejerció como odontóloga en Coomeva hasta que se convirtió en la piedra en el zapato para la entidad. “Cada vez, el sistema de salud me obligaba a ser más mezquina en la atención; y si requería, por ejemplo, un procedimiento de endodoncia para algún paciente, la respuesta era no, porque los cupos ya se habían llenado. Como si este tema fuera de cupos. Y un buen día no me renovaron el contrato”, recuerda.

Tiempo después, una amiga le propuso trabajar como directora de la Fundación Imat, propuesta que inicialmente dudó en aceptar, “pero cuando uno es mamá resulta inevitable involucrarse en el asunto, por eso yo les dije que me dejaran probar y que si me sentía incapaz emocionalmente lo dejaba, y aquí sigo, más convencida de que no quiero estar en otro lado, sino con mis pelones peleones”, dice. Así llama a sus chiquitines adorados cuando se les cae el pelo, una de las etapas más difíciles del proceso.

Es que cuando uno decide tomar de la mano a un niño con cáncer es para no soltarlo y asegurarle que vamos a estar juntos hasta que salgamos a la otra orilla. Pero el camino es muy doloroso

Atienden niños desde un año hasta los 18 con diversos tipos de cáncer, aunque la leucemia es el más común. La Fundación Imat está dentro de la clínica y funciona en una parte del pasillo de la unidad de investigación, pero Viviana dice que ya superó la etapa de la queja. Ella se concentra en trabajar con lo que tiene y, por supuesto, en idear estrategias para obtener más recursos con miras a garantizarles atención y tratamiento integral a los pequeños.

Uno de los mayores logros de esta entidad, que en abril cumple siete años, es haber atendido a 257 menores y alcanzado la cifra de 0 % de abandono en el tratamiento. “Es que la fundación nació porque los niños se nos estaban muriendo de pobreza y no por la enfermedad. Hasta el año pasado, ni uno solo abandonó el tratamiento, y esto es un jonrón con bases llenas”, apunta con satisfacción esta mujer, de 45 años.

En ese proceso, ella también creó un hogar de paso que hoy dispone de 21 camas para alojar a los padres o cuidadores, que en muchos casos provienen de zonas rurales y acompañan a los menores durante las fases de su tratamiento o entre un proceso de hospitalización y otro. “Había mamitas y papitos que dormían en la calle, en la Circunvalar, cerca de la clínica, para estar más cerca de sus hijos que se encuentran en la unidad de cuidados intensivos, una burbuja absolutamente cuidada y aséptica”, agrega Gracia.

Casita Imat Hogar de Paso está ubicada en las afueras de Montería y simula el ambiente de la zona rural de donde provienen las familias; allí conviven como una hermandad y, además, cuenta con una pequeña huerta que para ellos se convierte en una forma de distracción frente a la presión y el desgaste emocional que sufren.

Viviana está pendiente de cubrir todos los frentes. Logró también que la clínica les entregara una nueva UCI pediátrica donde los niños, que antes permanecían solos en esta unidad, pueden disfrutar de la compañía de sus padres durante el día.

‘Reciclando un sueño’ es otra de las estrategias que ha desplegado para tener recursos y poder asegurarles tratamientos integrales y continuos. Entonces recolectan tapas, envases plásticos, papel, latas, cartón, vidrios, etc. Y también recogen aceite de cocina usado, cuyas ganancias van para el programa ‘Mi tratamiento seguro’, que busca, entre otros fines, evitar recaídas en los niños por falta de implementos de aseo en sus hogares.

Uno de los mayores logros de esta entidad, que en abril cumple siete años, es haber atendido a 257 menores y alcanzado la cifra de 0 % de abandono en el tratamiento

MAT Lee-Imat Enseña es otro de los programas con los que se apoya y vincula en procesos de escolarización a los pacientes en tratamientos u hospitalización oncológica pediátrica. Y a través de la Tienda Imat despliegan dos estrategias. Por un lado, ‘La tienda solidaria’, en la que surten con amor. “Con un grupo de voluntarias nos vamos a grandes superficies como el Éxito, Olímpica o donde nos reciban, y les ayudamos a vender los productos. Así movemos la economía en estos almacenes y sostenemos nuestro hogar de paso. Y con nuestra tienda Imagínate un Mundo sin Cáncer, vendemos detalles y regalos para fechas especiales como velas, libretas y las camisetas”, cuenta.

Así, esta defensora de la niñez y su grupo de voluntarias se las ingenian para brindarles un tratamiento integral de calidad a estos grandes guerreros. “No es fácil, pero lo único cierto es que la vida de un chiquitín no puede estar a merced de una mano empuñando un lapicero para firmar un aprobado”, concluye Viviana, el ángel de los niños y adolescentes con cáncer, en Montería.

Para apoyar el Plan Padrino

Con el Plan Padrino se busca que una persona natural o jurídica aporte una donación fija mensual ($50.000), mínimo por un año, para apoyar el tratamiento de un niño o adolescente con cáncer.

Si quiere ayudar: IG Fundación Imat y en FB Fundación Imat.

FLOR NADYNE MILLÁN M.
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