‘No hay que dejarse ahogar por las crisis’

‘No hay que dejarse ahogar por las crisis’

La diseñadora Adriana Badillo se reinventa y salva su negocio con tapabocas fashionistas.

Tapabocas fashionistas

Lejos de suponer una tragedia, la alerta mundial desatada por el coronavirus le sirvió a la diseñadora Adriana Badillo para reinventar y salvar su negocio.

Foto:

Cortesía de Adriana Badillo

Por: Flor Nadyne Millán - Para EL TIEMPO
10 de mayo 2020 , 06:00 a.m.

“Me gusta la calma que da el tiempo porque lo que alguna vez se sintió como un huracán, hoy vemos que era el viento abriéndonos el camino”. Esta es una de las frases que se ha convertido en el caballito de batalla de Adriana Badillo, la creadora de Atipika, la marca de moda antioqueña que florece en momentos que para muchos son críticos y convulsionados.

La historia de esta mujer es como el nombre de su empresa, ‘atípika’. Santandereana, pero con marcado acento paisa, dejó su carrera como médica veterinaria hace cerca de 15 años para hacer un alto en el camino y encontrar de nuevo su norte en una actividad que, realmente, la apasionara. Y valió la pena la pausa porque descubrió que lo suyo es el diseño de moda.

Quizá lo había sabido desde siempre, intuye ella. Lo cierto es que cuando despertó de ese letargo creó esta marca con sello antioqueño y un ADN particular, porque está dedicada a contar historias en la ropa a través del diseño gráfico y la ilustración.
Adriana parece no temerles a las crisis.

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Ha aprendido a capotearlas y a vencer el miedo que puedan despertar. Recuerda que tras ese periodo de redescubrimiento personal nació Atipika, que ya cumple tres años. Una empresa familiar que funciona en su casa taller, como ella llama a su espacio de trabajo donde también vive con su esposo y sus hijos.

Hasta hace cerca de dos meses estaba dichosa porque su negocio crecía a buen ritmo, con calma, como le gusta a ella, pero con muchos sueños a la vista. Su marca enfocada en el sostenimiento ambiental se estaba posicionando por su trabajo con telas ecológicas y piezas de diseño únicas y durables.

Tanto así que se alistaba para participar en varias ferias internacionales y expandir su mercado. Hasta que llegó el coronavirus y lo alteró todo. Los pedidos mermaron dramáticamente y su empresa empezó a sentir las consecuencias del frenazo que está provocando este letal virus en la economía mundial.

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“Y ahora qué hago, recuerdo que me pregunté porque sabía que nadie se atreve a invertir en ropa cuando se desconoce por cuánto tiempo vamos a estar encerrados”, dice Adriana desde su casa taller en El Retiro, Antioquia.

No niega que al comienzo se angustió. “Pero yo lo hago por muy poquito tiempo –dice en tono tranquilo y con humor-. Todos frente a los cambios al principio sentimos miedo por la incertidumbre, es un sacudón”. Para mantenerse firme confiesa que le ha servido fortalecer su espiritualidad, meditar, reflexionar y agradecer a diario. “Eso da mucha paz y aclara la mente”. Por eso insiste que frente a la cuarentena no ha sentido el mismo impacto negativo del que habla mucha gente.

En cuestión de días reinventó su negocio. De crear chalecos, su prenda insignia, además de abrigos, vestidos y faldas, pasó a diseñar tapabocas. Sí, esas pequeñas piezas que se han convertido en imprescindibles en la indumentaria de cualquier persona en el mundo para protegerse del covid-19 y que se quedaran un buen tiempo.

Sus tapabocas son elaborados en tela antifluido doble capa, reutilizables y soportan hasta 20 lavadas, pero además de cumplir las medidas de protección para usarlos en la calle, son “divertidos y le hacen honor a otro de los propósitos de la marca, contar historias”, por eso al verlos puestos parecen desviar la atención del momento crítico que para muchos significa esta pandemia. Con imágenes de Star Wars, Los Simpson, El Principito, Alicia en el país de las maravillas, Frida Kahlo “y lo que el cliente pida”, cuenta con un portafolio de 30 distintas opciones, que va en expansión.

Gracias a estos sugestivos diseños su empresa se mantiene en pie, en momentos en que la industria de la moda ha sido uno de los sectores más golpeados a nivel global. Les ha ido también que las máquinas pequeñas de su casa taller las reemplazaron por otras de gran formato para rendir en la producción diaria con la ayuda de tres operarias. “Puedo decir que ahora estoy vendiendo el doble de lo que vendía antes”, cuenta desde El Retiro, Antioquia, esta empresaria que cuando se sintió pérdida, al igual que años atrás, hizo una pausa y tomó un respiro para saber qué hacer.

La diseñadora de moda Adriana Badillo,

La diseñadora de moda Adriana Badillo, frente a la crisis del coronavirus, reinventó su negocio y diseña tapabocas que cuentan historias.

Foto:

Cortesía Atipika

Y la solución estaba ahí, a la mano. Recuerda que su hermano un día le dijo que hiciera tapabocas de El Principito y ella, de inmediato, le copió. Los mostró al grupo de sus clientes en WhatsApp, que se contagiaron de la idea y desde entonces no paran de hacerle pedidos. De cien tapabocas que hacían semanalmente pasaron a más de mil y de los paquetes de seis reutilizables que le suelen comprar mujeres para entregarlos a los miembros de su familia pasaron a empaquetar de a cien para empresas.

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Atipika se está fortaleciendo al igual que la fe de Adriana en que mejores tiempos vendrán. Su esperanza no decae y recuerda como al comienzo cortaban los tapabocas uno a uno con tijeras y gracias al éxito en ventas pudieron comprar una máquina de corte y ahora los hacen por capas. “Y estamos generando empleo, antes yo me ocupaba sola de las ventas y atención al cliente, pero tenemos a una persona en teletrabajo y también acudimos a mujeres con talleres satélites”, agrega.

Rollos y rollos de tela antifluido es lo que más se ve estos días en su taller y en los próximos días lanzará una chaqueta y pantalones en este mismo material, además de un tapabocas pashimna. Se están adaptando a las circunstancias.

Y así esta historia que hace casi dos meses pareció tener final hoy escribe un nuevo comienzo. Y lo hace porque Adriana Badillo ha comprobado que sí es cierto que cada crisis esconde una oportunidad. Ella pertenece a ese grupo de gente que se atreve a empezar de cero, a pesar de los años y a pesar de los daños.

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