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Shere Hite, la mujer que escarbó en la sexualidad norteamericana
Shere Hite

Shere Hite participó de un encuentro de mujeres en Bogotá, en 1986, al que fue invitada por la médica Luz Helena Sánchez.

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Archivo Particular

Shere Hite, la mujer que escarbó en la sexualidad norteamericana

La historiadora, feminista y sexóloga estadounidense murió el 9 de septiembre a los 77 años.

La famosa, pero casi desconocida en Colombia, Shere Hite llegó a Bogotá en noviembre de 1986, para participar en un gran encuentro de mujeres latinoamericanas, organizado por la médica Luz Helena Sánchez, quien me habló de ella y de sus importantes informes sobre sexualidad femenina y masculina que tenían en ese momento iracundos a los norteamericanos.

Fui a entrevistarla un viernes para la revista Semana, al final de su reunión, al hotel Tequendama. Hablamos un buen rato, en su excelente español. Nos reímos. Luego, ella, experta en preguntar, comenzó a indagar sobre las fiestas en Bogotá. ¿Qué se hacía un viernes en la noche en esta ciudad? Era su pregunta recurrente. Terminé invitándola a conocer la Teja Corrida, a espaldas de la plaza de Toros, calle 27 con carrera 5.ª. Llegó muy puntual a las nueve de la noche con su esposo, el pianista alemán Friedrich Höucke, quien no hablaba una palabra de español pero que pasó feliz por la música en vivo y el baile, que a un músico como a él le fascinaron.

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Cuando Shere Hite entró al patio de ese lugar icónico de la rumba en los años ochenta en la Macarena, en el centro de la ciudad, nadie quedo indiferente. Muy estilizada, alta, de cabello largo rubio, con un rostro de facciones muy bonitas y profundos ojos azules que la convirtieron en el centro de la noche.

Juraría que no hubo persona que no pasara por nuestra mesa a mirarla fijamente, aunque solo los amigos pasaban a preguntar de quién se trataba.

Ella desde que llegó no le quitó el ojo a Hernando Corral, periodista también, y al cabo de unos minutos le pidió que se quitara sus gafas de cuello de botella, que le fascinaron. Él se las pasó, pero le pidió que se las devolviera rápido porque no veía nada. Cuando se las puso, Shere sacó un espejo y le dijo que le diera un precio que ella se las compraba, que con esas gafas paralizaría a sus vecinos del elegante Village de Nueva York, donde ella vivía. Hernando Corral en todos los tonos le explicó que no era posible, que él sin esas gafas no podía ver. Así que ella entró en razón.

Con la salsa, el ron Tres Esquinas y el baile, que practicó con éxito, se olvidó de las gafas verdes que la dejaron sin respiración por unos minutos. Salieron de la Teja felices y se llevaron el mejor recuerdo de esta ciudad.

Sus orígenes

Shere era originaria de Misuri, uno de los estados más conservadores de los Estados Unidos. Muy joven dejó su casa y se fue a estudiar a la Universidad de Columbia y para pagarse sus gastos fue modelo y hasta posó en topless para la revista Playboy, que más adelante la criticaría sin piedad, porque diría que ella era instigadora de odio hacia los hombres.

Lo que más se recuerda de sus años universitarios, replicado por varios periódicos del mundo en los obituarios que se escribieron tras su muerte el pasado 9 de septiembre, fue una propaganda que hizo para la firma Olliveti.

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La contrataron para que se pusiera al lado de algunas máquinas de escribir en pose sexual y sensual. Ella lo hizo y recibió una buena cantidad de dinero. Cuando el aviso salió causó indignación de los grupos feministas y de sindicatos de secretarias.

El aviso decía: “La máquina de escribir es tan inteligente que ella no tiene que serlo”. Las mujeres salieron en masa a protestar, y Shere en primera fila con ellas, frente a las instalaciones de la firma. La protesta fue tan fuerte que tuvieron que retirar la publicidad.

Primer informe

Las continuas quejas de las mujeres de su edad por su pobre vida sexual la llevó a elaborar un formulario que repartió entre tres mil quinientas mujeres de distintas asociaciones: desde trabajadoras sexuales hasta ex monjas, pasando por amas de casa, secretarias y compañeras de estudio, así como modelos. Les pidió que fueran muy sinceras y durante meses estudió esas respuestas que la llevaron a hacer afirmaciones que removieron ideas muy arraigadas en la población estadounidense y generaron, en la gran mayoría, insatisfacción total por su mediocre actividad sexual.

El Informe Hite de Sexualidad, del que se vendieron unos cincuenta millones de ejemplares, decía de manera clara y contundente: que la mayoría de mujeres no derivaban placer del coito sino de la masturbación. Que casi todas fingían a la hora de sus relaciones sexuales para que el marido, novio, amante no se fuera de su lado. Y que muchas de ellas no conocían el orgasmo, pero no por su culpa, la que casi siempre se le endilgaba, sino por la del hombre que no le preguntaba a su pareja por sus gustos y sentimientos.

Le llovieron críticas de todos lados. Hasta grupos de feministas la acusaban de estar obteniendo fama y dinero a costa de las mujeres que habían confiado en ella. Otros la señalaban de estar ahondando en el odio hacia los hombres, en desbaratar las familias y en ser la razón del aumento de divorcios en su país.

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Le llegaron cientos de amenazas y desde el campo científico la cuestionaron argumentando que la muestra de su investigación era muy pequeña y poco representativa para llegar a esas conclusiones. Sin embargo, también, desde diversos sitios, mujeres le agradecieron que sus hallazgos las hicieron salir de su infelicidad: no eran frígidas sino que tenían malas relaciones sexuales, con gustos muy distintos a los de sus parejas y con hombres poco educados que buscaban su placer sin interesarse en lo que a ellas les gustaba.

Esas respuestas la llevaron a hacer afirmaciones que removieron ideas muy arraigadas en la población estadounidense y generaron, en la gran mayoría, insatisfacción por su mediocre actividad sexual

Segundo informe

En 1981, Hite decidió hacer una encuesta similar entre hombres. Logró que unos siete mil le respondieran. Y ahí concluyó que los hombres también fingían en las relaciones sexuales, que derivaban mayor placer de la masturbación y que se veían sometidos a gran presión por parte de las mujeres que les exigían erecciones largas. Estas situaciones los hacía infelices y furiosos reprimidos. Los hombres, dijo Hite, son incapaces de expresar sus verdaderos sentimientos. Ahí se armó la de Troya.
Ante el aumento de las amenazas, renunció, en los años noventa, a su ciudadanía estadunidense y se fue a vivir a Europa.

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Hace poco más de una semana, su segundo marido, Paul Sullivan, confirmó desde Londres (Reino Unido) su muerte por una enfermedad que la aquejaba desde hacía años. Algunas de sus más cercanas amigas comentaron en la prensa inglesa que había tenido principios de alzhéimer y de párkinson.

En Bogotá, algunas personas la recordaron con la noticia de su muerte, como la gringa que bailó salsa una noche en la inolvidable Teja Corrida.

MYRIAM BAUTISTA
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