Una mujer ligada a la vida

Una mujer ligada a la vida

Después de años de entrega, se retira la presidenta de la Liga Colombiana contra el Cáncer.

Olga Santamaría

La presidenta de la Liga Colombiana contra el Cáncer, Olga Santamaría de Fernández.

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Por: Sandra Cardona*
12 de julio 2019 , 09:22 a.m.

Olga Santamaría de Fernández comenzó regalando las tardes de los martes a la Liga Colombiana contra el Cáncer y, fue tal su entrega, que llegó a convertirse en su presidenta para estar de tiempo completo los siete días de la semana.

En los próximos días dejará la presidencia pero, afirma, eso no quiere decir que se vaya del todo de la entidad. Seguirá, como se comprometió hace 47 años, dedicada al voluntariado y a acompañar a las personas que hoy luchan por la vida.

Una inquieta voluntaria eterna: así definen a Olga Santamaría de Fernández, o doña Olguita, como la llaman cariñosamente las personas que la conocen.

Su salida de la Liga Colombiana Contra el Cáncer inquieta porque siempre ha sido muy activa. Lo que se propone lo consigue, y esa es una característica de siempre. De niña era tan inquieta, que cuando su mamá la iba a recoger al colegio las profesoras le pedían que se la llevara pronto.

Empezó como voluntaria de la Liga hace 47 años y hace 31 fue nombrada como su presidenta. Que la entidad tuviera a una mujer como ella ha sido una gran ventaja, pues siempre quería más.

Tal vez por ese motivo la casa en Chapinero, en la que comenzaron a trabajar, pronto se quedó pequeña y el garaje no alcanzó. Doña Olguita, que soñaba en grande, no pensó en conseguir un lugar con más espacio, sino que decidió construir un edificio en el norte de Bogotá porque lo que tenía planeado requería grandes áreas.

“Es una mujer atrevida, no le da miedo arriesgarse a tener nuevas propuestas; fue una de las personas que gestó todo lo que es la Liga ahora”, afirma Ángela María Barrero, subdirectora de convenios de esta entidad, y quien la define como una mujer que no se conforma con poco.

Quizás, gracias a eso, la Liga hoy cuenta con una moderna unidad de quimioterapia, con un gran equipo humano y profesional y un banco de medicamentos considerado como uno de los mejores del país.

Allí lograron, entre muchas otras cosas, crear el Observatorio Interinstitucional de Cáncer Infantil (OICI) para unificar los esfuerzos de las diferentes entidades y luchar por la vida de miles de niños que deben enfrentarse a esta enfermedad.

La llaman voluntaria eterna porque jamás se le subió la presidencia a la cabeza. Llegó, incluso durante una ceremonia de condecoración, a pedir que cambiaran el nombre de la persona que recibiría el premio y solicitó que, en vez de Olga Santamaría, pusieran 'Voluntariado Liga Colombiana Contra el Cáncer'. 

“Yo no he hecho nada sola, represento a muchísima gente que ha dedicado su vida a luchar contra el cáncer y represento a 35 ligas seccionales”, dice doña Olguita, y enfatiza que sus mejores premios han sido los cientos de abrazos de pacientes o familiares que se han acercado a decirle gracias. Esos premios, dice, los colecciona y los ha recibido por montones.

Gloria Inés Forero, quien la sucederá, asegura que la forma de ser de Santamaría se convirtió en un sello para la Liga: “el legado grande que nos deja es su manera de hablar, de ayudar a las personas y la forma maternal con la que ella lo dirigía a uno. Parecía que fuera la mamá de todos los que trabajamos con ella”, dice.

Le encanta estar cerca a la gente y por eso no ha sido extraño ver su oficina vacía. Ella prefiere estar acompañando a las personas que van a quimioterapia, ir a la terraza con las pacientes que van a los cursos de arte o sentarse a conversar con otros que van porque sencillamente quieren algo de compañía.

“El espíritu que ella le impregnó a la Liga es el norte que todos debemos conservar, porque ese norte nació del corazón de Olga y lo irradió en todos los colaboradores que hemos tenido el privilegio de trabajar para ella y con ella”, asegura el doctor Carlos Castro, director médico de la Liga Colombiana Contra el Cáncer. Ese, dice, es el gran legado que doña Olga le deja a la entidad.

Y a pesar de que esta enfermedad le ha arrebatado gente cercana, entre ellos su esposo, ella prefiere hablar de vida y no de muerte, y prefirió dedicar su vida a luchar contra el cáncer.

“No es sinónimo de muerte. Nosotros lo que buscamos es que los colombianos piensen en la vida, en que se puede luchar cuando se detecta a tiempo, en que se pueden tomar medidas preventivas y que se pueden mejorar las condiciones de vida de las personas que desarrollan la enfermedad”, dice doña Olguita para explicar, además, el porqué de su obsesión por las campañas innovadoras y distintas. 

“Siempre buscamos impactar porque cuando se trata de salvar vidas hay que ser recursivos, a ver si la gente toma conciencia. Nos inventamos el partido de fútbol por la vida contra el cáncer de seno, sacamos a las calles los hombres sombra en una campaña contra el cáncer de piel, e incluso hicimos una contra el cáncer de próstata con el Tino Asprilla y Óscar Córdoba”, recuerda doña Olguita. 

En los próximos días dejará la presidencia de la Liga Colombiana Contra el Cáncer y experimenta una mezcla de emociones por eso.

Felicidad por el deber cumplido, porque la decisión de retirarse es suya y porque lo hace en un gran momento, pero también tristeza. “Desde hace 47 años lo primero que hago al abrir los ojos es pensar en que tengo que levantarme y arreglarme rápido para irme a trabajar. Visualizo la Liga Colombiana Contra el Cáncer, que ha sido mi vida”, cuenta doña Olga.

Tal vez por eso cuando le preguntan si ahora va a descansar o qué va a hacer, no duda ni en segundo en responder que no está cansada: “no tengo claro qué voy a hacer pero eso sí, quieta no me voy a quedar. No me imagino sin hacer nada. Voy a seguir ayudando con las señoras, me fascina cantar y estoy pensando hacer un coro con las pacientes”.

Como quien dice, seguirá ligada al lugar que un día convirtió en su hogar. Seguirá, como lo prometió hace 47 años, ejerciendo como voluntaria y estando entregada como siempre a luchar por la vida.

*Sandra Cardona, para EL TIEMPO. 

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