¿Por qué repreguntar sin machismo?

¿Por qué repreguntar sin machismo?

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Mabel Lara reflexiona sobre la preguntas y comentarios sexistas que se replican en el periodismo.
#RepreguntemosSinMachismo
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Los medios de comunicación todavía hacen y replican preguntas y menciones machistas a las mujeres. Replanteemos juntos aquellas que nunca tuvieron que haberse hecho.

MÁS ALLÁ DEL #METOO

Por: Mabel Lara

Periodista

El periodismo no es el mismo luego de la campaña del 2017 #MeToo. Son decenas las reflexiones y manifestaciones en medios de comunicación que se transformaron gracias a la denuncia en los Estados Unidos de los acosos y agresiones sexuales contra el productor ejecutivo de cine estadounidense Harvey Weinstein.

El hashtag, que ha servido para mantener vigente la oleada de testimonios y pronunciamientos locales de abusos y ataques sexuales, nos llevó a todos a una profunda reflexión sobre los comportamientos machistas y las situaciones permisivas de acoso y abuso, no solo en el mundo laboral sino también en el periodismo, al abordar los temas de las mujeres en su relación con el mundo.

Después del 2017 deportistas, políticas, artistas, estudiantes que habían guardado silencio por décadas empezaron a contar sus experiencias de acoso y la tormenta levantó tanto de polvo que quedaron en evidencia prácticas recurrentes de nuestras sociedades misóginas que habían desconocido históricamente las voces de las víctimas; y en esa tarea los medios de comunicación jugamos un rol fundamental.

El destape por ejemplo del caso de Larry Nassar, el médico oficial de la delegación olímpica de gimnasia de los Estados Unidos condenado por haber abusado de al menos 150 jóvenes y niñas, que el mundo entero conoció minuto a minuto gracias al cubrimiento del juicio en la prensa, es sin lugar a dudas un episodio para resaltar.

La reflexión más interesante no es tanto la denuncia, sino lo que hicieron algunos periodistas con tales señalamientos. Durante semanas el mundo escuchó las voces de las víctimas o de algún familiar que quiso narrar su versión sobre los hechos, destaparon la intimidad del abuso y pusieron en la palestra pública los detalles de una organización cómplice que se alimentó de las estructuras permisivas con sujetos tipo Larry Nassar, a quien finalmente la justicia condenó de 60 a 175 años al declararse culpable de siete cargos por agresión sexual a menores.

Y no fue el único caso: las revelaciones se propagaron como pólvora y se destaparon por ejemplo las acusaciones de abusos sexuales en los ochenta contra el entonces candidato a juez del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, Brett Kavanaugh. Las denuncias de dieciocho mujeres por vejaciones del artista Jean Claude Aurnault, esposo de una de las integrantes de la Academia Sueca que entrega el Nobel de Literatura, provocó en su momentos renuncias y salidas de la Academia, así como el aplazamiento de la entrega del importante Premio.

El Parlamento Europeo creó su propio MeTooEP, revelando que el 25% de las parlamentarias europeas declaraba haber sido acosadas sexualmente y el 6% tenía al menos un episodio para contar de violencia sexual. Hoy aún permanece el blog metooEp.com con decenas de historias de las políticas de la eurocámara que habían sido escondidas en el pasado.

En Colombia, periodistas como Claudia Morales, Paola Ochoa y hasta Yolanda Ruíz en diferentes escenarios establecieron el debate sobre los relatos ocultos de las salas de redacción. En foros, conversatorios, pódcasts, columnas y en las redes sociales muchas mujeres levantamos la mano para compartir nuestro episodio metoo, y el país en general conoció de primera mano cómo otras mujeres, como las deportistas de la selección femenina de fútbol nacional, rompían su silencio para denunciar malos tratos y abusos.

Tal vez por primera vez el consenso nos llevó a entender que la prioridad eran las víctimas y no los victimarios. Los micrófonos se abrieron para entender que lo que antes era permitido y comentado en los pasillos a baja voz, debería ser expuesto, sacado a la luz, exorcizado para no seguir naturalizando comportamientos arbitrarios de la vida cotidiana y en medio de relaciones de poder.

Periodistas, editores, columnistas no pudimos escapar a las revindicaciones del Metoo y a los gritos de rendición de cuentas que trastocaron a nuestra sociedad. Pero el ejercicio se vió más nutrido porque hacia adentro también se hizo evidente la misoginia, el sexismo y el acoso.

Acostumbrados como estamos a ser implacables con la opinión pública y cómplices con los propios, en los espacios de redacción editorial varios periodistas empezaron a tomar conciencia de su rol como contadores de historias y titulares sexistas empezaron a desaparecer, o al menos a hacerse más evidentes.

En palabras de a centavo los temas de las mujeres ocuparon los titulares de los principales medios de comunicación: fuentes y periodistas respondieron a la cascada de información y al menos, en un primer momento parecieron más cuidadosos para contar las historias de las víctimas.

Sin embargo, es mucho lo que aún falta por hacer. Al pasearse por las redes sociales y algunos artículos de prensa prevalecen los títulos sexistas expuestos con términos equívocos: ¨Aída Merlano, la reina de las bendecidas y afortunadas¨ (2 de octubre 2019, Kienyke). ¨¿Crimen pasional? Encuentra muerta dentro de su casa en Enciso a joven de 20 años (minuto30- Octubre 2019); “Escort colombiana asesinada en México por un disparo¨.

Seguimos abocados a encontrar información donde se invisibiliza la violencia contra las mujeres: ¨Bajos instintos ¨Disputa matrimonial¨ ¨… por cuestiones de celos¨ son expresiones que distorsionan actos criminales que atentan contra la vida de las mujeres.

Bajo la dictadura del clic decenas de titulares estrambóticos tratan de generar tráfico a portales de medios reconocidos sin escatimar en los códigos machistas que reproducen, y ni qué hablar de los titulares de la prensa deportiva, vergonzosamente misóginos acompañados en su mayoría con fotografías de las mujeres deportistas haciendo alusión específica a su belleza o a su cuerpo.

Los datos

En Colombia no existe información accesible sobre las representaciones de las mujeres en los medios de comunicación, la mayoría de observatorios se han encargado del abordaje de temas de violencia y no tanto de los estereotipos; sin embargo, España, con la Asociación de Prensa de Madrid, año tras año realiza una serie de encuestas entre los periodistas y las audiencias para medir la situación del oficio y los contenidos que se emiten.

La encuesta presentada en el año 2018 sobre el papel de la mujer desde y en el periodismo nos entrega luces de la problemática entendiendo que uno de los aspectos básicos a la hora de abordar nuestros temas, está relacionado con las informaciones y las imágenes estereotipadas.

¨La imagen habitual que se transmite a través de las informaciones de los medios es la de la mujer como objeto de deseo sexual (50%), como víctima de la violencia de género (47%) u otra, de tipo peyorativo que evita reconocer sus cualidades profesionales (43%)¨.

El informe incluye los datos del Eurobarómetro sobre igualdad de género en España y reconoce (51%) que existe un problema en la forma en que las mujeres son presentadas por los medios y por la publicidad.

Parte de los resultados de las encuestas evidencian los sesgos en el abordaje de las noticias poniendo incluso de frente la predilección de los periodistas por consultar a las fuentes especializadas mayoritariamente masculinas.

La pregunta que nos hacemos entonces es ¿cómo contribuir desde las salas de redacción al abordaje de los temas mujeres sin sesgos? ¿Cómo evidenciar las formas de violencia en el lenguaje que imperan en nuestros oficios? y finalmente ¿Qué papel debemos jugar los periodistas en el ejercicio de la representación femenina en la sociedad?

Algunos respuestas ya las están entregando grandes plataformas de medios como RTVE, El País de España y el Mundo quienes resolvieron crear áreas relacionadas con el tema de género donde se asegura de ¨forma transversal que el conjunto de la información del medio se realiza con unos criterios que respetan la igualdad¨

Es de vital importancia implementar la perspectiva de género en las salas de redacción, nuestros sesgos perpetúan los estereotipos que castigan a las mujeres en su vida diaria, tenemos que eliminar el lenguaje sexista, modificar los comportamientos automatizados que contribuyen a mantener la desigualdad entre hombres y mujeres.

Necesitamos desestructurar el discurso de discriminación positiva donde lo masculino está relacionado frecuentemente con hazañas políticas y deportivas y, en el caso femenino, mantenemos los roles tradicionales de las mujeres sin tener en cuenta incluso sus voces como fuentes calificadas.

Reconocer que las mujeres no solo mueren, son asesinadas. Que los crímenes en medio de una relación no pueden seguir siendo llamados pasionales, que son feminicidios; y que es importante en el balance informativo desde la ética periodista no solo hablar de víctimas, sino especialmente de victimarios.

La historia nos exige ir más allá de las denuncias del metoo. Reestructurar el lenguaje exige contribuir a la formación de opinión modificando el tratamiento informativo de la violencia doméstica, huyendo de los lugares comunes para titular y muy especialmente ampliar el espectro de opiniones de personas, sentencias judiciales, campañas de información y de prevención que puedan darles luces a las mujeres que pueden estar siendo violentadas y presentar finalmente a las mujeres como sujetas activas dentro de su diversidad.

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