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Gordofobia y el fat shaming: una lucha de pesos pesados
Gordofobia

Magdalena Pyñeiro publicó un libro sobre el tema.

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Twitter: @stopgordofobia

Gordofobia y el fat shaming: una lucha de pesos pesados

Esto se ha viralizado durante el confinamiento, generando problemas de autoestima y ansiedad.

Stop hating, no eating (dejen de odiar, no de comer); loose hate, no weight (pierde odio, no peso) o simplemente ‘¿me ves gorda? ¡chúpame un rollo!’ son algunas consignas que le hacen sobrepeso a la gordofobia, la onda de violencia, opresión, rechazo y matoneo hacia las personas gordas y que, según las colectivas de ‘gordoridad’ (neologismo alusivo a la sororidad entre mujeres con kilos de más o con miedo por ganarlos) y los especialistas en salud mental, se viralizó al punto de ser tan pandémico como el mismo coronavirus.

Mientras en Europa las mayores afectaciones han llegado mediante algunos titulares de prensa, a este lado del Atlántico, las redes sociales han hecho de las suyas a través de numerales y memes que han alimentado la repulsión hacia la gordura, la cual, según datos publicados por la OMS, ha alcanzado proporciones epidémicas a nivel mundial (cada año mueren, como mínimo, 2,8 millones de personas a causa de la obesidad o el sobrepeso). Sin embargo, lo que menos le importa al movimiento gordofóbico, al señalar o hacer burla de la condición de una persona de cuerpo grande y no normado, es su salud.

Sobre el tema, la bloguera de tallas grandes Adriana Convers (@fatpandora) asegura: “Se cree que la obesidad es una decisión o es un botón como on/off (soy gorda y al otro día despierto con ganas de no serlo; activo el off y dejo de serlo).

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De hecho, la misma OMS cuenta como una variable fundamental, dentro del tema de la obesidad, al entorno; y en el nuestro es complejo porque tenemos un montón de azúcar disponible en diferentes productos y tenemos la creencia cultural de que hay que comer todo lo que sirven en el plato, pues de lo contrario es pecado”.

Sin generalizar, hay médicos que por el simple hecho de que un paciente sea gordo, al tratar cualquier molestia o una enfermedad, la atribuyen a la obesidad

Las activistas gordas y personas obesas en general han denunciado el maltrato del que son víctimas en algunos consultorios. “Sin generalizar, hay médicos que por el simple hecho de que un paciente sea gordo, al tratar cualquier molestia o una enfermedad, la atribuyen a la obesidad. Hay pruebas de que un paciente delgado y otro gordo llegan a un consultorio por el mismo diagnóstico; al delgado le hacen más exámenes y le siguen un control más profundo que al gordo, a quien solamente lo mandan a adelgazar”, agrega Convers.

Y se refiere a los estudios de Lindo Bacon, médico, psicólogo, nutricionista y promotor estadounidense de la justicia social y económica, quien señala en su blog adscrito a la revista Scientific American que “cuando la cultura y el mundo médico están presionando la idea de que la obesidad necesita ser eliminada, no son las células grasas las que sienten ese estigma, sino las personas gordas. Ser menos propensos a ser contratados o ascendidos, recibir salarios más bajos y un tratamiento médico sesgado, o ser socialmente excluidos y acosados no son intentos de ayudar a las personas a ‘ser más saludables’; son consecuencias de una cultura que les teme a los cuerpos gordos y trata a quienes viven en ellos como seres inferiores”.

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Al respecto, la psiquiatra experta en trastornos de la conducta alimentaria Jimena Mayorga asegura que el principal estigma (y el más difícil de desarraigar) es la asociación entre la gordura y la enfermedad, algo que puede ser cuestionable porque un exceso de peso (siguiendo las normatividades y estándares impuestos por la OMS) no siempre es señal de un estado de salud deteriorado.

“Creo que muchos médicos son gordofóbicos, por cuestión personal o por su formación académica; sí creo que muchos profesionales de la salud con solo ver a una persona en teoría con sobrepeso (o fuera del estándar) determinan que la solución a todos sus problemas es el manejo del sobrepeso; si bien en algunos casos funciona, no hay que generalizar”, agrega la especialista en terapia familiar sistémica.

Racismo aceptado

El #quarantine15 que ha cuadriculado las redes sociales estadounidenses mediante un juego de palabras con la expresión freshman 15 (usada allí para referirse a la cantidad de peso adquirido por un estudiante durante su primer año en la universidad) sacó a la luz la repulsión social hacia la gordura. Con publicaciones alusivas al peso ganado durante la pandemia, videos de entrenamiento, fotos de animales gordos, consejos de dieta, básculas explotando al pesarse luego del confinamiento, publicidades para campos de entrenamiento, etc., el entorno digital confirmó que mientras millones de personas pierden la vida por el coronavirus, otros miles de millones están preocupadas por el virus que los engorda.

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En Europa, la situación no es muy diferente, como lo señala la psicóloga y experta en mindfulness eating Mireia Hurtado: “Mediante titulares como ‘El encierro pasa factura a la báscula’, la prensa española alerta de forma demagógica el peligro para la salud que puede suponer engordar en estos días, diciendo que la gente está echando a perder todo los esfuerzos hechos hasta ahora. Desde mi punto de vista, el verdadero problema es estar en casa sin poder salir porque la sanidad de tantos países está esquilmada por políticos corruptos, cortos de miras e incapaces de gestionar un problema así. Y los que pagan el pato siempre son los mismos: las personas con menos recursos, los niños, las mujeres y los mayores. Eso es lo denunciable. Lo otro (engordar) no será más que una consecuencia posible de esta situación traumática para todos, pero especialmente para los más desfavorecidos”.

De ahí que la gordofobia, al responder a una jerarquía de cuerpos, encuentra sus raíces en el racismo y en los métodos de la humanidad por clasificarnos, como señala la socióloga Sabrina Strings en su libro Fearing The Black Body, en el que rastrea los orígenes racistas de los estigmas de las mujeres negras, señaladas como enfermas y una carga para el sistema de salud público americano.

Analizando obras de arte, artículos periodísticos, revistas, literatura y estudios científicos desde el Renacimiento hasta la actualidad, Strings reveló que la fobia hacia las mujeres negras y gordas no nació en el ámbito médico, sino en una creencia de la época de la Ilustración según la cual la grasa era evidencia de salvajismo e inferioridad racial.

Y por ello, “el ideal contemporáneo de la esbeltez es, en su esencia, racista. De hecho, no fue hasta principios del siglo XX –cuando las actitudes racializadas contra la gordura ya estaban arraigadas en la cultura– que el establecimiento médico comenzó su cruzada contra la obesidad”, escribe la socióloga.

Pero más preocupante resulta la evolución del racismo gordofóbico hacia su relación con el temor por la pobreza. “Las poblaciones con bajos ingresos no tienen el mismo acceso a una alimentación balanceada y siempre optarán por alimentos hipercalóricos que les generen la sensación de saciedad de una manera más económica y rápida”, agrega Convers.

‘Boom’ del #fatshaming

La viralidad de los posts con imágenes de matoneo y burla hacia la gordura en cuarentena no solo visibilizó un racismo socialmente aceptado, sino que además fue el disparador de ansiedades y otras graves afecciones en la salud mental de las personas con sobrepeso, como lo asegura Magdalena Piñeyro, licenciada en Filosofía y máster en Teoría Feminista, autora de los libros 10 gritos contra la gordofobia y Stop gordofobia y las panzas subversas.

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Magdalena es la creadora de la plataforma de feminismo gordo más importante de Latinoamérica, Stop Gordofobia, una especie de fiscalía virtual de las publicaciones y memes ofensivos.

No obstante el éxito de su aduana racista, el pasado mes de abril anunció en su página en Facebook que no denunciaría más memes, por los efectos que estaban generando.
“Una cosa es que lleguen uno o dos memes gordófobos para denunciar, pero es que llegaron decenas. Tanto contenido de este tipo afecta, a pesar de que una esté preparada y con las convicciones antigordófobas claras”, cuenta la activista uruguaya, quien a través de una encuesta que hizo en su cuenta personal en Instagram encontró que el 60 por ciento de la gente que participó se vio afectada por la gordofobia en redes durante la cuarentena.

“A pesar de llevar más de siete años de activismo gordo, ver tanto discurso de que lo peor que podía pasarle a alguien durante la pandemia era engordar me afectó más de lo que esperaba. Da igual que lo tengas curado o trabajado a nivel personal, que tengas la teoría clara si una sociedad entera te grita que das asco, que te odia, que lo peor que le puede pasar en la vida es ser como tú. Eso va a dinamitar tu autoestima, tu seguridad y tu salud mental”, puntualiza la autodenominada activista por necesidad, amor, libertad, supervivencia y rebeldía.

Asimismo, los efectos del crecimiento del #fatshaming durante la cuarentena develaron “el pánico que sienten muchas personas de habitar un cuerpo como el mío –cuenta @fatpandora–. Lo hacen en chistes, memes, posts, etc. Y es triste, pero demuestra cómo la gente al verse encerrada en su casa y al no poder escapar de sus miedos y del espejo es cuando empieza a lidiar con estas ansiedades”.

Para Virgie Tovar, la más conocida activista gorda de Estados Unidos, la razón por la que el bullying al sobrepeso (#fatshaming) se multiplicó está en haber hecho de la conmiseración sobre el peso un punto de encuentro y conexión con otras personas.

“El estigma y la opresión han sido métodos que la gente usa para vincularse. Los miembros de grupos dominantes usan un lenguaje estigmatizante para crear una sensación de valores compartidos a expensas de los marginados. En momentos de angustia (la pandemia), el grupo dominante busca reafirmar su primacía y los miembros del grupo subyugado (los gordos) pueden unirse como una forma de demostrar que buscan la aprobación del grupo dominante y están dispuestos a expresar que entienden su estatus inferior”, publicó recientemente en su cuenta de Instagram, @virgietovar, autora del libro Tienes derecho a permanecer gorda y fundadora del movimiento #LoseHateNotWeight, que, al igual que la colectiva feminista colombiana Gordas Sin Chaqueta, reivindica la gordura como acto político.

PILAR BOLÍVAR
Para EL TIEMPO@lavidaentenis

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