Dos pioneras en tiempos difíciles para las mujeres

Dos pioneras en tiempos difíciles para las mujeres

Rebeca y Guillermina Uribe Bone se graduaron como ingenieras química y civil en 1945 y 1948.

Rebeca Uribe Bone, primera mujer que estudió ingeniería química

Rebeca Uribe Bone fue la primera mujer en el país que pisó las aulas universitarias de ingeniería química, en Medellín.

Foto:

Archivo Marcelo Enrique Rivera Rojas

Por: MYRIAM BAUTISTA
24 de febrero 2021 , 12:00 a. m.

Fueron dos muchachas que en los años cuarenta del siglo XX estudiaron en facultades donde, sin colgar un aviso que dijera ‘No se admiten mujeres’, no solían contar con aspirantes del género femenino sino hasta veinte años después. Rebeca y Guillermina pasaron las difíciles pruebas de admisión y se integraron por cinco años a sus facultades, alternando siempre con compañeros y profesores hombres. Fueron las únicas en las aulas de ingenierías en Medellín y Bogotá, con muy buenas notas en toda la carrera.

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Haberse hecho bachilleres, junto con sus hermanas, cuando no era lo corriente en la sociedad medellinense, las hizo solventes en el plano intelectual y las acostumbró al estudio, mientras las jóvenes de su época se dedicaban a la costura, la música, el baile y, si acaso, la pintura y la poesía. Si estudiaban, lo hacían para llegar a ser profesoras, enfermeras o secretarias.

Las cinco mujeres de la familia Uribe Bone terminaron su bachillerato en el Instituto Central Femenino de Medellín, donde la mayoría de los maestros eran estudiantes universitarios de la famosa Escuela de Minas, e influyeron directamente en Rebeca y Guillermina para que se hicieran ingenieras, cuando ellas optaron por una carrera universitaria. La decisión fue muy bien recibida por sus padres, que las estimularon a ingresar, como lo harían con sus hermanos hombres. La paridad, no solo en el estudio sino en todas las demás actividades familiares, fue la norma en su hogar.

Otra de las hermanas Uribe Bone, Helena, se graduó de médica en 1947, en la Universidad Nacional de Bogotá. Pero a esa facultad las mujeres llegaron primero que a las ingenierías.

Se sabe que la alemana Gerda Westendorp ingresó a la Nacional en 1935 y estudió unos años, sin graduarse. La primera médica que obtuvo su cartón en Colombia fue la norteamericana Pamela Beregoff, en 1924, de la Universidad de Cartagena.
Guillermo Uribe Echavarría, de profesión experto contable y originario del País Vasco, llegó a Ciudad de Guatemala en 1920.
En España se vivía una época de revueltas y pobreza. Su idea era hacer las Américas: encontrar un buen trabajo y hacer fortuna. No logró ni lo uno ni lo otro, pero halló el amor de su vida.

A los pocos meses de vivir en Guatemala conoció a la joven y bella María Teresa Bone Romero, cuyo abuelo era un personaje muy popular conocido como Don Onofre Bone, nacido en Managua en 1855 y muerto en Guatemala en 1940, militar de alto rango y constructor de edificios, y agricultor en su juventud. Esa notoriedad y abolengo no fueron obstáculo para que Guillermo pretendiera a María Teresa y, luego de un noviazgo fugaz, contrajeran matrimonio. Lejos estaban de imaginar que la mayor parte de la vida de ese hogar transcurriría en Colombia, país tan desconocido en esos años veinte para ellos como lo era Guatemala para los colombianos.

Episodios familiares no muy claros, dice una de las nietas de Guillermo y María Teresa, la abogada Guillermina Stella Uribe, obligaron a la pareja a abandonar la convulsa Guatemala en 1928, ocho años después de la boda, con seis hijos: cinco mujeres y un hombre. No hubo regreso.

Un antioqueño radicado en Guatemala ayudó a que los Uribe Bone a decidirse por Colombia cuando buscaban un país con mayor desarrollo para establecerse.
Las buenas posibilidades de trabajo y un par de contactos entregados a Guillermo Uribe fueron suficientes para que él y su esposa, con sus hijas y el hijo mayor, se embarcaran con destino a Puerto Colombia, en una travesía que duró una semana y de ahí remontaran el río Magdalena hasta llegar a Puerto Berrío, Antioquia. Vivieran por meses en poblaciones pequeñas antes de radicarse en Medellín, donde nacieron otros dos hijos para completar ocho, que se casaron y se desarrollaron profesionalmente.

María Teresa primero y luego Guillermo, los padres, murieron al terminar el siglo pasado en Bogotá, así como todos los hijos. Quedan nietos y nietas. Los apellidos Uribe Echavarría del padre y los hijos fueron suficientes distintivos para pasar como paisas de raigambre, en vez de recién llegados.

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Uno de los primeros trabajos y el más estable que obtuvo Eduardo Uribe fue en la naciente Cine Colombia, que comenzó su función de distribución de películas extranjeras en 1927.

Guillermina Stella Uribe cuenta que encontró en estos días, propicios para vaciar cajones, un pin con el nombre del abuelo unido al de la empresa de Cine Colombia, lo que corroboró que la tradición oral era real.

Guillermo fue un liberal, librepensador, así como María Teresa, padres que fomentaron la profesionalización de todas sus hijas, lo que en esos años no era frecuente, porque se privilegiaban las carreras universitarias de los hombres, mientras a las hijas se las alentaba a aprender música, artes manuales, cocina y cultura general para que se casaran ‘bien’ y fueran excelsas amas de casa.

En la familia Uribe Bone, además de las dos ingenieras y la médica, la cuarta hermana, María Teresa, adelantó estudios de arquitectura, que no culminó porque contrajo matrimonio muy joven, y la quinta sufrió meningitis de pequeña, enfermedad cuyas secuelas le impidieron estudiar una carrera, aunque terminó su bachillerato. Los varones fueron: el mayor, piloto; otro, abogado, y el menor, arquitecto.

Avanzada

Rebeca fue la primera mujer en el país que pisó las aulas universitarias de ingeniería, estudiando una de sus ramas más exóticas y sofisticadas: la química, en la Católica Bolivariana de Medellín (como se llamaba por esos años), después de someterse a un largo proceso de selección en el que participaron los monseñores Tiberio de Jesús Salazar y Manuel José Sierra, el padre Félix Henao Botero y el rector de la universidad, el español Juan Luis Consuegra de la Cruz, cuyo argumento de que en España hacía ya años que las mujeres estudiaban en las escuelas de ingeniería pesó para admitirla, porque los clérigos se oponían con toda clase de inconvenientes a su ingreso.

Lo cuenta el también ingeniero químico Marcelo Enrique Rivera Rojas, que se ha propuesto –y lo ha conseguido con éxito– difundir la vida de las hermanas Uribe Bone. Fue quien me contactó con sus familiares y puso a mi disposición piezas de su solvente archivo que ha recogido estos años escarbando en bibliotecas, en entrevistas quienes las conocieron, y en las redes sobre la vida de las ingenieras.

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Sus indagaciones se remontan a los años 80 del siglo pasado, cuando en compañía del sociólogo e historiador Alberto Mayor Mora, y de otros colegas de la Nacional rastrearon los inicios de la carrera de ingeniería en Colombia y dedicaron, era de esperarse, un capítulo a la conquista de esas facultades tan esquivas al sector femenino.

Rebeca, recién graduada, entró a trabajar al departamento de calidad de la Bavaria y sin completar el primer año como ingeniera química conoció al hijo de un amigo de su padre, español también, que estaba de paso en Bogotá. Y se casó. Luego vivieron en Cali, donde crearon una fábrica, tuvieron un hijo y en los 80 partieron, para radicarse en Bilbao.

Hace dos años, Rebeca murió casi centenaria. Un accidente de bicicleta que tuvo a los 95 años la echó abajo porque era una mujer muy vital, que se valía por sí misma y salía a caminar todos los días por las calles de su barrio, según le contó el hijo a Marcelo.

La ingeniera civil

Guillermina ingresó a la Facultad de Matemáticas e Ingeniería Civil, de la Nacional, cuando la familia ya vivía en Bogotá. Su inscripción, a diferencia de su hermana Rebeca, no fue objeto de discusión y entró después de pasar el examen de admisión. En los cinco años de carrera no tuvo inconvenientes, se integró al grupo de compañeros de manera fácil.

Se estilaba en esos años que los estudiantes de los últimos semestres fueran contratados por el Ministerio de Obras Públicas. Fue así como Guillermina fue de las ingenieras de ese ministerio involucradas en la construcción del edificio de correos en Cali y en el estadio olímpico de Santa Marta.

Guillermina no acababa de recibir su grado de primera mujer ingeniera civil del país, cuando ya estaba entrando del brazo de su padre a la iglesia de Santa Teresita a casarse con su compañero de carrera Francisco Stella Ibáñez, con quien tuvieron nueve hijos.
Marcelo se ha hecho amigo de los hijos de Rebeca y Guillermina y sugirió hacerle un homenaje a esta última en el recinto de la Feria Exposición, en la celebración de los 150 años de la primera facultad de ingeniería, en el 2014, con la presencia del presidente Juan Manuel Santos y de Guillermina, que, a sus 94 años, fue por primera vez agasajada.

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El año pasado, el Comité Internacional para la historia de la Tecnología –Icohtec, su sigla en inglés– realizó un video, que colgó en internet, en el que hace el recuento sobre la incursión de las mujeres en carreras tecnológicas en el mundo, que va desde el siglo XIX hasta aterrizar en la historia de las hermanas Uribe, con información suministrada, en su mayoría, por Marcelo, empeñado en motivar el reconocimiento por haberse atrevido a estudiar carreras masculinas y ser referentes para ese 32 por ciento de estudiantes mujeres de ingeniería en el país.

MYRIAM BAUTISTA
Especial para EL TIEMPO

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