Matrimonio infantil, el drama de un problema invisible
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Matrimonio infantil, el drama de un problema invisible

En Colombia, más de 400 niñas menores de 14 años están en vida marital pese a ser ilegal.

Matrimonio infantil

El matrimonio infantil en Colombia suele tener un carácter transaccional: las familias entregan a sus hijas para que sean ‘mantenidas’ por un hombre.

Foto:

iStock

Por: Simón Granja Matias
17 de octubre 2020 , 11:00 p. m.

Lorena tiene 17 años y, sin pensarlo mucho, afirma: “Apenas nos salimos de los estereotipos y de los moldes del matrimonio y del embarazo, nos juzgan”. Angie, por su parte, dice indignada: “He visto padres que les cortan el estudio a sus hijas porque llegó la etapa del enamoramiento y es hora de estar con el esposo y tener hijos. Y dizque nos empiezan a enseñar a barrer y a cocinar para mantener a nuestras parejas; mandan huevo”. Y Cindy resume sin que le tiemble la voz: “Las causas que están detrás de los embarazos a temprana edad y las uniones tempranas son todas, sin excepción, formas de dominación patriarcal e imposición de formas de vida”.

(Lea también: ‘Los dramas de nuestras niñas no pueden seguir siendo invisibles’).

Ellas son niñas que viven en zonas olvidadas del país. Testigos de primera mano de cómo el machismo, la desigualdad social, la pobreza y la violencia marcan la vida de sus amigas, de sus hermanas, así como han marcado a generaciones pasadas: madres, tías y abuelas.

Si se entra a revisar el árbol genealógico de cualquier colombiano, es casi seguro que se encontrará con que la abuela tenía 14 años cuando se casó con su abuelo, quien tenía 30. Y es que según el Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa), el 26 por ciento de las mujeres en el país empezaron a vivir en unión libre antes de cumplir 18 años.

Las historias de ese pasado de todos son muchas, pero lo más preocupante es que siguen ocurriendo y en proporciones inimaginadas.

Según denuncia Andrea Tague, oficial de Género y Desarrollo de Unicef, han encontrado en cifras del censo de 2018 que hay 139 casos de matrimonio con niñas entre los 10 y 14 años, y 291 casos de unión de hecho en la misma franja de edad.

“Lo que llama la atención es que cómo es posible que haya matrimonios registrados con personas menores de 14 años si toda relación sexual con una niña o niño menor de esa edad es considerado judicialmente abuso sexual”, se pregunta la experta.

Es un problema escondido porque ha sido silenciado por las normas de género, en donde nos han enseñado que las mujeres solamente tenemos como futuro el ser madres y ser esposas

Es evidente que en este alarmante tema hay un subregistro, pero, además, a esto hay que sumarle que al año hay 6.000 nacimientos de madres entre los 10 y los 14 años. Tague lo resume: “Lo que pasa con esas niñas es escalofriante. Aquí hay una violación sistemática a los derechos humanos”.

Además, según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud del 2015, el 17,4 por ciento de mujeres entre los 15 y los 19 años ya son madres o han estado embarazadas.

Y el 13,3 por ciento de adolescentes entre las mismas edades ya están casadas o unidas conyugalmente; esto significa que más o menos una de cada 10 jóvenes en zonas urbanas ya está casada. Mientras que una de cada 5 niñas en el ámbito rural ya está en una unión conyugal.

Y Tague agrega: “La mayoría de esas jóvenes quedan en muchos casos en embarazo y solas con sus hijos e hijas”. Según el Bienestar Familiar, el 66 por ciento de las madres adolescentes no querían serlo en esa etapa de la vida; el 44,6 por ciento de las madres menores de 15 años tuvieron hijos con hombres 6 años mayores que ellas; el 19,5 por ciento, con hombres que tenían 10 años más, y el 4,6 por ciento, con hombres que las superan en más de 20 años.

Esto implica profundas asimetrías de poder en la relación de pareja, que se ven potenciadas cuanto más joven es la mujer.

Según explica Eugenia López Uribe, representante para América Latina y el Caribe de la alianza global Girls Not Brides, que busca acabar con los matrimonios infantiles, este “es un problema escondido porque ha sido silenciado por las normas de género, en donde nos han enseñado que las mujeres solamente tenemos como futuro el ser madres y ser esposas, y eso hace que muchas comunidades normalicen el inicio de una vida conyugal o de una unión informal”.

A esto se suma la violencia de sus hogares, que las lleva a ver una escapatoria en el embarazo o en el matrimonio.

Huir de la violencia

Luis Miguel Bermúdez ha sido testigo de eso porque ha visto no solo uno o dos, sino cientos de casos a lo largo de su vida como profesor en el Colegio Gerardo Paredes, de la localidad de Suba. En particular recuerda un caso que lo impactó fuertemente.
Diana (nombre cambiado) estaba en noveno, agotada del trabajo doméstico que le ponían en su casa, de la violencia física y psicológica que recibía de su mamá, además de la responsabilidad de criar a su hermanita. Y la gota que rebosó el vaso fue que una de las parejas de su madre la violentó sexualmente.

“Ella le contó a su mamá; sin embargo, no recibió el apoyo sino, al contrario, recriminación. El apoyo se lo dirigió a su pareja”, explica el profesor. “Casi que la niña estaba entre irse de la casa o seguir siendo abusada por el novio de la mamá”.

En esa disyuntiva, Diana decidió contarle a su novio —un hombre mayor que ella— lo que estaba viviendo, y él le propuso que se fueran a vivir juntos.

Luego, Luis Miguel se enteró, por la misma niña, que la pareja de su mamá ahora estaba abusando de su hermana menor. “Ella me decía: ¿si ves, profe, por qué me fue mejor huyendo de mi casa?”.

Las niñas que entran en este tipo de relaciones o tienen hijos cuentan con menores probabilidades de terminar los estudios y, por lo tanto, menos probabilidades de conseguir un buen trabajo

Desesperanza aprendida

Algo similar ocurre con el embarazo. Por ejemplo, una cifra preocupante que revela Juan Pardo Lugo, asesor técnico nacional en derechos sexuales y reproductivos de la fundación Plan, es que casi el 50 por ciento de las niñas embarazadas decidieron quedar embarazadas.

“Esto es aterrador porque uno se pregunta: ¿por qué una joven decide embarazarse antes de los 19 años? Y la respuesta es que no hay oportunidades. ¿Por qué? Porque cada vez hay más dificultades para la educación, para trabajar… es como una desesperanza aprendida”.

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Aunque el hecho de haberse ido con su novio pareciera en un principio ser una salvación para Diana, no fue así, y en la mayoría de los casos nunca lo es. Es una serpiente mordiéndose la cola.

Según explica Marcela Henao, asesora de género de Plan, una consecuencia es que se alimenta el ciclo de violencia. Cuando una niña se une con un hombre mayor que ella hay una relación asimétrica de poder: “Es decir, el hombre mayor tiene más poder y va a oprimir, a dominar, a disciplinar, a violentar, a restringir a quien tiene menos poder”.

Y, por otro lado, se les elimina a ellas todos sus círculos de confianza porque el hombre le dice que no puede seguir hablando con sus amigas ni con su familia. Las aíslan para dominarlas.

El problema es todavía más grave en contextos rurales, donde las niñas tienen menor acceso a educación de calidad y tienen, por falta de oportunidades y problemas de uso y costumbre, muchas más probabilidades de entrar a una unión temprana o matrimonio infantil y/o de quedar embarazadas.

Las niñas que entran en este tipo de relaciones o tienen hijos cuentan con menores probabilidades de terminar los estudios y, por lo tanto, menos probabilidades de conseguir un buen trabajo o de salir adelante, con lo cual el círculo se perpetúa.

(Le recomendamos: Nueve de cada diez niñas en el mundo padecen ansiedad por la pandemia).

Algunas leyes tampoco ayudan. Por ejemplo, aún persiste una norma en el Código Civil del país que permite que un menor de edad pueda, desde los 14 años, casarse si presentan un permiso escrito de sus padres o representantes legales.

Es tal el atraso del país que hasta el 2004, en Colombia estaba permitido que las niñas se casaran a los 12 años y los niños, a los 14. “Esa es una ley que tenían los romanos hace siglos”, dice Tague.

Aunque hoy cursa en el Congreso de la República un proyecto de ley que busca eliminar la posibilidad de que un menor de edad pueda casarse en cualquier circunstancia, las esperanzas de que logre salir adelante son pocas, pues los antecedentes de este tipo de proyectos han terminado en el basurero.

Pero esta batalla no es solamente legal. Eugenia, de Girls not Brides, señala que aunque es importante cambiar la ley, no es suficiente. “Este es un problema que requiere un abordaje integral, holístico e intersectorial. Necesitamos por lo menos mejorar las alternativas económicas y de educación y el acceso a los servicios de salud para que realmente haya una transformación. Y, por supuesto, empoderar y fortalecer a nuestras niñas”.

(*) Esta historia hace parte del especial #NoMásNiñasInvisibles

SIMÓN GRANJA MATIAS
Redacción Domingo

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