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Nunca podremos comprar tiempo, ni pasado ni futuro

Nunca podremos comprar tiempo, ni pasado ni futuro

De tu lado con Alex

27 de julio 2021 , 11:10 p. m.

Vivimos en un mundo donde todo lo que supuestamente deseamos está a tan solo un clic. Quedaron atrás los días en que nos tocaba esperar a que el almacén abriera o viajar a otra ciudad (u otro país) para poder comprar ciertas cosas. Lo único que hoy necesitamos es una buena conexión inalámbrica, ganas y, obviamente, dinero.

(Vea también: Perdonar a otros para sanar nosotros)

Por más millones que tengamos, es imposible devolvernos al pasado o brincar al futuro.

Foto:

123RF

Nos hemos convencido de que podemos comprar la vida que añoramos. Quizá porque a través de las redes sociales tenemos entrada gratis al mundo de los ricos; a sus aviones privados, a sus vacaciones en los lugares más exóticos... incluso somos testigos de cada bocado que comen y cada trapo que se ponen. Es más: los vemos ‘embellecerse’ frente a nuestros ojos, gracias a una cirugía o a un tratamiento nuevo. ¡Y en cada foto se ven más felices que en la anterior!

Los medios nos han hecho creer que es posible comprar nuestro bienestar. Si adquirimos tal carro, nos sentiremos más valiosos. Si nos untamos tal crema, conquistaremos más hombres/ mujeres. Si compramos tal casa, inmediatamente seremos ‘de mejor familia’.

(Le interesa: Las niñas compiten. Las mujeres se empoderan mutuamente.)

Nos han convencido, y hemos creído, que no hay un solo vacío que el dinero no llene. Hemos permitido que nos convenzan de que la felicidad tiene precio y que está a la venta.

Hoy les quiero recordar que aun cuando se puede comprar un reloj de oro y diamantes, nunca podremos comprar tiempo. Por más millones que tengamos, es imposible devolvernos al pasado o brincar al futuro. Tampoco podemos comprarles a nuestros seres queridos, ni a nosotros mismos, más tiempo en esta tierra, más allá de la que Dios ha dispuesto.

Tal vez podamos comprar la cama más espaciosa, con un colchón labrado a mano y sábanas de seda fina, pero no compraremos el sueño. Millones de personas en todo el mundo se ha vuelto en estos momentos adictas a las pastillas para dormir, porque no consiguen conciliar la paz y tranquilidad que necesitan a la hora de descansar.

Podemos comprar una mansión en la playa con 20 habitaciones y miles de metros cuadrados, pero no comprar un hogar. Ese sentimiento que viene con sentirse pleno, acogido y amado en un ambiente no tiene nada que ver con metros ni con el color del papel de colgadura. Tiene que ver con las conversaciones, las risas, los sentimientos y el amor de quienes lo habitan.

Con plata podemos comprarles a nuestros hijos juguetes inimaginables y pagarles la mejor educación, pero no, comprarles valores ni amor propio; tampoco la estabilidad emocional que viene con hacerlos sentir vistos, escuchados y amados por ser quienes auténticamente son.

Para nada estoy diciendo que los lujos sean malos o que odiemos el dinero; solo afirmo que debemos quitarle el poder que le hemos dado, ¡convencidos de que es la plata la que define quiénes somos y cuánto valemos!

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ALEXANDRA PUMAREJO

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