Mujeres se unen para denunciar en redes sociales el acoso callejero

Mujeres se unen para denunciar en redes sociales el acoso callejero

Aunque hay normas que prohíben esa clase de violencia, muchas situaciones se siguen normalizando.

Acoso callejero

Un grupo de mujeres en bicicleta se manifestó contra el acoso callejero que viven. 

Foto:

Néstor Gómez / EL TIEMPO

Por: María Camila González Olarte
19 de junio 2019 , 10:37 p.m.

Un comentario sobre su cuerpo, una mirada incómoda, hasta el toqueteo son algunas de las formas en las que las mujeres, en su mayoría, están sufriendo de acoso en las calles del país. Y son las redes sociales las que están sirviendo como plataforma para hacer más visibles esos casos y hasta fomentar la solidaridad en contra de estas situaciones.

Así ocurrió con Pedro Ignacio Díaz Pérez, alias El Pulpo, un hombre de 53 años que fue capturado hace una semana por el delito de acto sexual violento en contra de mujeres en TransMilenio. El hombre, valiéndose de unos costales y de un arma blanca, tocaba a pasajeras en ese transporte público.

Su captura fue posible por un llamado a través de redes sociales que hizo una de sus víctimas, Luisa Rojas, en el que ella pedía a las personas información de Díaz para poder poner una denuncia en su contra. Ante la publicación, varias mujeres respondieron con su testimonio y dieron pistas que condujeron a las autoridades con el paradero del victimario.

Como ese caso, hay cientos de situaciones similares que se presentan diariamente en espacios públicos y que todavía no son denunciadas y, peor aún, son normalizadas, por lo que las cifras que tienen las autoridades todavía no son suficientes para dimensionar el problema.

Para los hechos que sí se denuncian, que incluyen acceso carnal violento y acto sexual violento, la Fiscalía tiene registrados entre enero y mayo 12.884 delitos sexuales en el país, frente a los 12.802 que se reportaron el año pasado en esa misma fecha, es decir, un aumento de 0,6 por ciento. Solo en Bogotá, esos delitos se incrementaron 20 por ciento en los últimos dos años.

Pese a que no todas las personas que son acosadas en la calle deciden denunciar, la ley 1257 de 2008, que es la que busca eliminar todo tipo de violencia contra la mujer, establece que este tipo de actos abusivos en espacios públicos pueden ser considerados como un delito.

Olga Helena Builes, Coordinadora del Centro de Atención Penal Integral para Víctimas (Capiv) de la Fiscalía en Bogotá, aclaró, en ese sentido, que un caso de acoso callejero se puede volver una falta cuando el hostigamiento es reiterativo. “El asedio, la persecución física o verbal se puede convertir en el delito de acoso sexual, conducta que fue adicionada de la ley 1257 de 2008 al Código Penal”, dijo.

Sin embargo, expertas consultadas por este diario reiteran que todavía hay mucho desconocimiento de esas normas. Para la abogada Yamile Roncancio, y una de las fundadoras de la Fundación Feminicidios Colombia, una situación de acoso callejero verbal –como los comentarios sexuales en espacios públicos– puede ser considerado un delito de injuria por vía de hecho o uno sexual.

Para el primero, detalla Roncancio, son mensajes abusivos que ofenden a una persona y que no tienen como finalidad buscar una relación o acto sexual y los segundos sí. “Hay mucha confusión con este tipo de situaciones y hay problemas para recoger pruebas, por lo que se muchas veces las personas prefieren no denunciar”, agregó.

Además de la complicación para la recolección de pruebas, los funcionarios que atienden las denuncias no están lo suficientemente capacitados para hacerlo. Eso dice Natalia Giraldo, cofundadora del colectivo No Me Calle, quien explicó que aunque hay una ley que busca eliminar la violencia contra la mujer, muchos no consideran el acoso como un delito. “En esa ley está considerado que cualquier forma de violencia a la mujer es un delito. Sin embargo, el acoso no está tipificado como tal y así es muy difícil que las normas se apliquen. Sumado a eso, muchos funcionarios desconocen la normatividad y la forma en la que se puede llevar a cabo un proceso de estos. Entonces las mujeres pueden ser revictimizadas y pierden más tiempo y recursos haciendo las denuncias”, explicó.

Un día hice el cálculo y fueron más de 50 hombres que me decían cosas en la calle

Esa dificultad a la hora de conseguir las pruebas y denunciar ha llevado a que miles de mujeres se unan a través de grupos de apoyo en redes sociales con el fin de denunciar públicamente a algunos acosadores.

La cuenta de Instagram Acosadores.bogota es uno de esos ejemplos. Laura y Catalina, dos estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia y Pedagógica, decidieron armar un grupo para que las personas envíen denuncias anónimas contando sus casos.

Donde yo vivo están haciendo una construcción hace dos años y empezaron esos comentarios morbosos de los hombres. Un día hice el cálculo y fueron más de 50 hombres que me decían cosas en la calle. Esa fue la gota que rebasó el vaso y se me ocurrió la idea de crear una cuenta con el propósito de exponer a las personas que hacían este tipo de cosas, que no deben ser aceptadas”, contó Laura.

El grupo fue creado en abril, y en los últimos días su crecimiento ha sido exponencial. Con la recomendación de la cuenta en páginas de Facebook de la Universidad Nacional y de otras instituciones educativas, la cuenta pasó de 500 seguidores, a finales de mayo, a más de 13.000, el fin de semana pasado. Pese a la acogida de la página, el domingo les suspendieron la cuenta y todavía no tienen claros los motivos. “Creemos que algunas de las personas que estábamos denunciando nos reportaron”, dice una de las fundadoras.

Aun así, en el tiempo que llevaba la cuenta abierta, las dos estudiantes recibieron más de 230 denuncias, que van desde comentarios sexuales y acosadores en la calle, hasta historias de hombres que se masturban en vagones de TransMilenio.

“Salí de la universidad, tomé el B74 hasta el portal. Eran las 11 de la mañana. Había terminado parciales así que estaba cansada, me senté en la silla del pasillo y me quedé dormida. Me desperté porque sentía algo en el brazo izquierdo. Había un hombre mayor, de aproximadamente 50 años, frotando su miembro en mi brazo. Usaba una bermuda suelta y pude sentir que no traía ropa interior debajo. Cuando me di cuenta de lo que pasaba no supe qué hacer, quise decir algo pero no me salía la voz, lo único que pensaba era en bajarme de ahí. Apenas se abrieron las puertas en la siguiente estación me bajé rápido. El tipo me volteó a mirar mientras el TransMilenio se iba. En su momento no lo sentí, pero tenía el brazo húmedo. Arranqué una hoja de cuaderno y me limpié. Durante mucho tiempo no le dije a nadie, por pena, por miedo. Ahora sé que jamás hay que quedarse callada”, se lee en una denuncia publicada en la cuenta Acosadores.bogota.

En el momento del acoso pueden sentirse en shock o en estado de pánico y el impacto posterior se puede relacionar con episodios de paranoia y ansiedad

Impacto emocional

Esas situaciones que son casi una rutina para las mujeres, en menor medida para los hombres, también tienen consecuencias en el comportamiento y en la salud mental de los que lo sufren. Nancy Becerra, psicoterapeuta y asesora técnica de la Fundación Feminicidios Colombia, explicó que comentarios, actos y situaciones violentas de las que son víctimas las personas dejan una huella psicológica en ellas. “Esas situaciones tienen efectos en nuestra salud emocional. En el momento del acoso pueden sentirse en shock o en estado de pánico y el impacto posterior se puede relacionar con episodios de paranoia y ansiedad, sumado a los sentimientos negativos que se generan cuando a una mujer no le creen lo que le pasó”, detalló.

Incluso, ante esos episodios de violencia que mujeres pueden vivir a diario, la cofundadora del colectivo No Me Calle expresó que las víctimas han encontrado varios mecanismos para evitar esos episodios de acoso. “Lo que hemos descubierto es que desarrollamos un montón de técnicas para no ser violentadas en la calle como cambiar de ruta, de vestuario, coger otro bus, no pasar por la esquina en donde se sabe que hay un tipo acosador o pedirle a las amigas que nos acompañen. Eso nos muestra algo y es que ellas no se sienten tranquilas en la ciudad y cambian su comportamiento por miedo”.

Es algo que vivimos las mujeres desde que somos muy pequeñas y los hombres no son conscientes de la magnitud de ello. El hecho que lo comprendan haría que el acoso disminuya y se pueda eliminar

¿Cómo frenarlo?

Ante la pregunta de cómo enfrentar el cáncer que se ha convertido el acoso en las calles, las expertas consultadas por este diario creen que hay dos formas de frenarlo: una es que se promueva una ley o una reforma en el Código Penal, a través de la cual se defina explícitamente que un comentario incómodo, una mirada lasciva o un tocamiento en un espacio público es un delito, al tiempo que se le den más herramientas a las personas para poder denunciar y que los casos no se queden en la impunidad.

La segunda vía, que puede ser complementaria,  es que en el país haya una transformación cultural, que se haga a través de la educación y la pedagogía.  “Hay que atacar el problema por el inicio. Considero que puede ser importante ese debate penal, pero también hay que hacer una discusión como sociedad para ese problema. Es algo que vivimos las mujeres desde que somos muy pequeñas y los hombres no son conscientes de la magnitud de ello. El hecho que lo comprendan haría que el acoso disminuya y se pueda eliminar. Una norma sin pedagogía previa no podría ser efectiva”, concluyó Giraldo.

¿Es necesaria una ley o educación?

Ante la violencia que sufren las mujeres, y algunos hombres, en los espacios públicos, dos países (Argentina y Chile) en la región aprobaron una ley con la que se sanciona el acoso callejero, lo que podría servir de ejemplo también para Colombia.

María José Guerrero, presidenta del Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile (OCAC), le expresó a EL TIEMPO que entre los logros que destaca de la ley, que duró cinco años en tramitarse, es que no es necesario que la víctima tenga el nombre del agresor para interponer la denuncia; que los gestos y las acciones verbales también son un delito; y que los relatos, bien detallados, también pueden funcionar como pruebas.

Y aunque todavía no se puede medir el impacto de esta ley en su país, que fue sancionada hace un mes, Guerrero subrayó que es apenas el principio de la fórmula para reducir ese tipo de violencia. “Es una de las tantas herramientas para contribuir en la reducción de los acosos sexuales, que es un tipo de manifestación de violencia de género. Por lo tanto, cualquier herramienta que realicemos de manera aislada no será suficiente. La forma para frenarlo es profundizar en una educación no sexista y en una sociedad que promueva y acepte la diversidad”.

MARÍA CAMILA GONZÁLEZ OLARTE
Twitter: @CamilaGolarte
​marola@eltiempo.com

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