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Pregúntale a la tortuga

Pregúntale a la tortuga

De tu lado con Alex.

22 de junio 2021 , 11:05 p. m.

Recientemente leí un cuento maravilloso que me hizo reflexionar profundamente sobre mi propia personalidad. La historia comienza con un paseo de un grupo de universitarios, para conocer las tortugas gigantes marinas. En medio de la excursión, una estudiante vio que una de las enormes tortugas se había salido del río, atravesado un camino largo de tierra y detenido justo al lado de la carretera. La joven, preocupada porque en cualquier momento alguien iba a atropellar a la tortuga, proactivamente decidió cargarla, con un esfuerzo monumental, y la puso al lado del río, donde ella consideraba que estaría más segura y mejor cuidada.

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Moraleja: “¡Siempre, pregúntale a la tortuga!”, antes de hacer un rescate valiente que pueda perjudicar todo el esfuerzo que ella ha hecho para llegar al lugar en donde está. 

Foto:

EFE / Dirección del Parque Nacional Galápagos.

Cuando llegó el profesor, le preguntó a la estudiante qué había pasado. Ella agrandó el pecho y le contó con lujo de detalles su osadía. ¡Oh sorpresa, cuando el maestro le dijo que la pobre tortuga seguramente se había demorado más de un mes para llegar justo a ese punto, al lado de la carretera, para poner sus huevos en el barro! Lo peor es que, le aseguró con desprecio, ese ‘rescate’ que ella consideraba tan ‘valiente’ había perjudicado todo el esfuerzo que había hecho la tortuga.

La joven quedó estupefacta y con un remordimiento terrible. El único aliciente que le quedó es que aprendió una valiosa lección que nunca olvidó: “¡Siempre, pregúntale a la tortuga!”.

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La moraleja de este cuento es genial y muy real. ¿Cuántas veces nos desgastamos o proactivamente intentamos solucionar problemas que a veces ni existen o, peor aún, que ni siquiera son nuestros? ¿Cuántas veces damos nuestra opinión o ‘buen consejo’, sin que la otra persona se inmute o dé una sola señal de que necesita nuestras ‘sabias palabras’?

En nuestras relaciones, ¿cuánta energía gastamos tratando de convertir a nuestras parejas o a nuestros hijos a nuestra imagen de ‘perfección’, sin que ellos quieran o sientan la necesidad de cambiar?, ¿cuántas veces nos entrometemos en la vida de nuestros hijos, con la excusa de ‘querer hacer lo que es mejor para ellos’, pero en realidad lo que deseamos es imponer nuestros propios anhelos o deseos?, ¿cuántas veces no entramos a ‘rescatar’ a personas que no quieren ser rescatadas?

Sin duda es un poco irónico que yo escriba sobre este tema, pues me autodescribo como ‘consejera’. Sin embargo, es precisamente por esto que sé cuántas veces he cometido el error de no ‘preguntarle a la tortuga’ antes de hablar o actuar. Ojalá este divertido relato me recuerde que, aunque mis intenciones son buenas, no siempre tengo la razón.

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