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Las niñas compiten. Las mujeres se empoderan mutuamente.

Las niñas compiten. Las mujeres se empoderan mutuamente.

De tu lado con Alex

30 de junio 2021 , 02:45 a. m.

Las mujeres tenemos mala fama en muchos aspectos. Que somos muy celosas, que somos intensas y que damos cantaleta; pero ante todo, que somos envidiosas y competitivas entre nosotras mismas. Aunque uno quisiera creer, por convicción propia, que esto no es cierto, cuando mi hija entró al colegio, a tan solo 3 años de edad, confirmé que esa percepción no está nada lejana de la realidad.

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"No entiendo por qué hay tantas mujeres que se la pasan compitiendo y comparándose con las demás".

Foto:

iStock


Desde pequeñas, las niñas ya mostramos tendencias y rasgos muy marcados. Tenemos la capacidad de hacer que, en el mismo grupo, algunas se sientan las más amadas y otras, las más despreciadas. Somos amorosas con aquellas que nos caen bien, y ‘venenosas’ con las que no. Queremos, de alguna manera, ser iguales a nuestras amiguitas, y al mismo tiempo destacarnos dentro del grupo. Buscamos ser las ‘mejores amigas del alma’, a tal punto que incluso nos sentimos ‘dueñas’ de la otra niña; la idea es que ella sea solo amiga nuestra y de nadie más.

Y generalmente no somos agradecidas con lo que tenemos... ¡nos gusta mucho más lo que poseen las otras!

Sobra decir que no todas las niñas son iguales, pero sí puedo afirmar –con conocimiento de causa– que la mayoría tienen esas características.

Si la naturaleza nos hizo así por algún motivo, el problema radica en aquellas que se quedan ahí, con esas actitudes de niña chiquita. Muchas mujeres se ‘estacionan’ en la etapa infantil, esa en la que piensan que si otra mujer es exitosa, de alguna manera les está arrebatando a ellas la posibilidad de triunfar. Si otra mujer es muy bonita, automáticamente les ‘quita puntos’ a ellas. Si ven a otra mujer felizmente emparejada, eso les reduce las opciones de encontrar a su alma gemela.

No entiendo por qué hay tantas mujeres que se la pasan compitiendo y comparándose con las demás. La lucha no debería centrarse en ser mejor que alguien, sino en ser siempre la mejor versión de uno mismo.

Si nos ayudamos entre todos, la sociedad en general será mejor no solo para nosotras, sino para nuestros hijos.

El chisme, la envidia, los celos femeninos y la competencia malsana nos estancan a nivel personal y como género. Nuestras declaraciones feministas (en el estricto sentido de la palabra) siempre van dirigidas a la equidad de género, pero la realidad es que deberíamos también clamar por la importancia de ser solidarias entre nosotras.

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