La editora que rompió el ‘techo de cristal’ en ‘The Economist'

La editora que rompió el ‘techo de cristal’ en ‘The Economist'

En sus 176 años, la revista no había sido dirigida por una mujer. Hace cuatro, lo hace Zanny Minton.

Zanny Minton, editora de ‘The Economist’

Zanny Minton empezó a trabajar para la revista en 1994, como la corresponsal de mercados emergentes.

Foto:

Cortesía ‘The Economist’

Por: Paula Escobar Chavarría - El Mercurio (Chile) - GDA
01 de junio 2019 , 09:46 p.m.

Llegó a ‘The Economist’ en 1994, tras trabajar como economista en el FMI y graduarse en Harvard y Oxford, por lo que su nombramiento, hace casi cuatro años, como la directora de la publicación no fue sorpresivo. Lo que sí lo ha sido –dice– es la cantidad de veces en que se remarca el hecho de que es mujer. Que siga siendo noticia que alguien como ella ocupe un puesto como este revela, a su juicio, lo mucho que falta por avanzar.

Desde Londres, Zanny Minton Beddoes (52) habló con ‘Sábado’ (revista de ‘El Mercurio’) sobre dirigir en tiempos de cambio e incertidumbre en la industria de los medios, y cuáles son sus prioridades para que esta revista de 176 años siga adaptándose a la nueva realidad.

¿Fue difícil que la eligieran directora de una revista de impronta masculina?

Fue toda una sorpresa. Pero seguí el mismo proceso que todos los demás candidatos al cargo –unos 12–, y fue un proceso increíblemente meritocrático. Dos de mis colegas que fueron finalistas para el puesto ahora son mis subeditores, y lo han sido desde el comienzo.

¿Tuvo un significado especial para usted ser la primera mujer en esta posición?

Me he enfocado totalmente en hacer el mejor trabajo posible, pero me sorprende la frecuencia con la que me hacen esa pregunta. Eso me hizo darme cuenta de que el verdadero signo de progreso será cuando ya no se me la hagan más, cuando no prime (como hecho relevante) que una mujer sea directora. Espero que llegue el día en que sea perfectamente normal que una mujer dirija un periódico. En realidad, esto es un signo de lo mucho que nos queda por avanzar aún. Es impactante las pocas mujeres que hay, en particular en las c-suites (oficinas principales) del mundo de los negocios y en gran parte del mundo de la economía, las finanzas y empresas. A menudo, cuando doy un discurso y levanto la mirada, veo un mar de trajes (de hombres).

¿Alguna vez le preocupó que le pasara lo mismo que a Jill Abramson en ‘The New York Times’, que fue despedida con cuestionamientos acerca de su estilo de liderazgo?

Realmente no, porque ‘The Economist’ es un lugar meritocrático, increíblemente colegiado, y nunca sentí ningún problema de ese tipo. Me enorgullezco de que siga siéndolo hoy. Acá se valora desde siempre la excelencia en la redacción, el análisis, y no importa quién eres o de dónde vienes. Nuestro sistema editorial es muy reconocido en este sentido.

¿Cómo es?

Por ejemplo, los lunes por la mañana, cuando discutimos los artículos y cómo debería ser nuestro punto de vista, cualquiera de los participantes puede proponer un artículo y participar en la discusión, no importa si es la persona más joven y que acaba de llegar. Si su opinión está bien argumentada, vale tanto como la de alguien con un cargo más sénior. Entonces, es una organización plana y quizá sea en parte una consecuencia del anonimato (de los artículos, que no aparecen firmados). Una cosa interesante es que, a mediados del siglo XX, contratamos a más periodistas mujeres sénior, bastante antes que muchos otros periódicos, y a causa del anonimato la gente no lo sabía. Así es que, en realidad, ha sido un lugar en el que las mujeres han estado durante mucho tiempo.

¿Estableció algunos objetivos en pos de la igualdad de género dentro de la redacción?

No tengo (definido) un objetivo numérico rígido, pero es algo de lo que estoy muy consciente: pensar en cómo podemos asegurarnos de que tengamos más mujeres, que tengamos diferentes personas en un grupo más diverso en general. No es algo que puedas hacer moviendo una varita ni de la noche a la mañana. Pero creo que es algo que hay que tener en cuenta y trabajar en todo momento. Por ejemplo, ahora tenemos un nuevo editor de políticas públicas que se está enfocando en la diversidad de género, y en cómo eso está cambiando la forma de hacer negocios, las finanzas, la economía y la sociedad en general. Es un cargo que no existía hace tres años.

¿Cuál es su consejo para que otras mujeres rompan el techo de cristal?

Les diría que sigan adelante, que se atrevan a tomar riesgos y que mantengan sus opciones abiertas. Suena trillado, pero es importante hacer las cosas que te encantan y te apasionan, y estar decidida a hacerlas. ¡Tomen riesgos!

¿Cuáles fueron sus objetivos principales cuando comenzó su cargo en 2015? He leído que uno de ellos era abrir esta revista a otros grupos.

Tenía –y tengo– tres objetivos generales: uno es producir el mejor periodismo posible para lo que denomino el lector “curioso global”, y probablemente esa sea una definición más amplia que el tipo de persona tradicional con el que suele estar asociado ‘The Economist’. Creo que hay una gran cantidad de gente interesada en lo que sucede en el mundo, que quiere tener una ventana al futuro y un periodismo que amplíe la mente, y que posee conocimiento del inglés para leer ‘The Economist’. El segundo objetivo es defender los valores liberales de una sociedad abierta y con mercados libres. El año pasado cumplimos 175 años y tuvimos un gran proyecto que llamamos ‘Open future project’, en el que abrimos debates 'online' sobre el tema.

Espero que llegue el día en que sea perfectamente normal que una mujer dirija un periódico. En realidad,esto es signo de lo mucho que nos queda por avanzar aún

Un objetivo relevante hoy, considerando el escenario político mundial.

Claro, es particularmente interesante ahora que, de distintas maneras, el mundo no se está moviendo hacia nuestra dirección. Cuando asumí mi cargo no teníamos ‘brexit’, ni Donald Trump ni populistas en muchas partes. Así es que defender una sociedad abierta y mercados libres es algo que me tomo muy en serio. Y en tercer lugar estamos en un entorno donde los medios enfrentan cambios disruptivos, frente a lo cual es importante asegurarnos de que los lectores accedan a nuestro periodismo en la forma y con la frecuencia que ellos quieran. Por eso hemos trabajado mucho para aumentar la cantidad de formatos distintos, como pódcasts y videos. Y también hemos utilizado nuevas formas para llegar a los lectores, especialmente en las redes sociales. Como el periodismo se está transformando tan dramáticamente, tienes que pensar en cómo van a querer consumir tu periodismo los lectores del mañana.

De hecho, acabamos de lanzar, hace poco más de un mes, ‘The Intelligence’, que es un pódcast disponible cinco días a la semana durante 20 minutos. Y está funcionando muy bien. Esa es una forma innovadora de entrar a ‘The Economist’ para nuevos suscriptores y es un nuevo medio para llegar a nuestro periodismo.

¿Qué cree que seguirá siendo importante de mantener del periodismo tradicional? ¿Cuál es su visión del futuro de los medios y la importancia de estos para la democracia?

Creo que las sociedades necesitan una prensa libre y fuerte, eso es absolutamente esencial para la democracia.

El punto es cómo se financia...

Somos muy afortunados, pues cuando todos los modelos de negocios han tenido que alejarse de depender de la publicidad –pues esta se va cada vez más a Google y Facebook–, en ‘The Economist’ hicimos relativamente temprano el cambio a un modelo en el que dependemos cada vez más de los ingresos por suscripción. Pero estoy muy consciente de que eso no es algo que todas las organizaciones de prensa puedan replicar. Somos afortunados de que ese modelo funcione para nosotros, siempre y cuando ofrezcamos el mejor periodismo posible. Creo que podemos suponer que hay un producto que es atractivo y que la gente lo pagará, y hay muchas más personas en el mundo que son potenciales suscriptores de ‘The Economist’ que los que tenemos en este momento. Nuestra circulación es actualmente de 7,6 millones. Pero si piensas en la cantidad de los que necesitan entender el mundo, que se beneficiarían con el periodismo que ofrece ‘The Economist’, son mucho más que eso.

‘The Economist’ escribe piezas rigurosas, pero audaces y con humor. ¿Cómo logran eso?

Creo que hacer sonreír a la gente, ser ingenioso, es esencial, y más aún cuando el mundo está lleno de desafíos. Para mí, ‘The Economist’ es como tener una conversación con un amigo inteligente, alguien cuya compañía disfrutas, alguien con quien no siempre estás de acuerdo, pero de quien valoras sus insights y el tono de la conversación. Ese es el tipo de impacto que queremos generar en nuestros lectores. Es una experiencia agradable, que tiene que ser entretenida y provocar. Si estuviera de acuerdo con todo lo que escribimos, no lo habríamos hecho bien, pienso.

Hay que moverse del terreno seguro, ¿no?

Tienes que sorprender a la gente, tienes que decir las cosas. Y ciertamente hemos tratado de abordar un conjunto de temas más eclécticos. Quiero decir que obviamente escribimos sobre cosas cotidianas, pero es importante que hagamos pensar a la gente para sorprenderla. Utilizo el término ‘mind stretching’ (estirar la mente) todo el tiempo con el equipo, y digo que cada parte del periódico, cada semana, debe tener algo que estire la mente.

¿De qué deberían preocuparse los ‘curiosos y globales’?

¿Cómo construimos una sociedad en donde todos tienen oportunidades? ¿Cómo la hacemos verdaderamente meritocrática y diversa? Eso es una prioridad real, porque es algo que ya no se debe dar por sentado. Estamos en un mundo donde si observas tu parte del mundo, si miras a Turquía, Europa del Este, ves un aumento de fuerzas poco liberales en muchas partes. Ese es uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos.

¿Cuáles son sus preocupaciones sobre América Latina?

Hay interrogantes sobre lo que ha pasado. Si vemos los últimos 30 años, ha sido una región que esencialmente ha girado hacia la democracia, hacia los mercados libres, hacia la integración con el mundo. Pero ahora vemos lo que sucede en Venezuela, que es una tragedia humana. Hemos escrito mucho al respecto, y habrás visto lo que también hemos escrito sobre Bolsonaro... Estoy preocupada. México, no está claro en qué dirección va AMLO, pero hay otras áreas allí tocadas por el populismo que son preocupantes. En diferentes partes de la región ves algunas otras señales preocupantes...

PAULA ESCOBAR CHAVARRÍA
EL MERCURIO (Chile) - GDA
En Twitter: @ElMercurio_cl

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