La historia de Myriam Criado, una feminista excombatiente del Epl

La historia de Myriam Criado, una feminista excombatiente del Epl

Ella fue clave en la entrega de armas de ese grupo y hoy es de la Comisión de la Verdad.

Myriam Criado Rojas, excombatiente del Epl

Myriam Criado Rojas, excombatiente del Epl

Foto:

Cortesía Myriam Criado

Por: María Camila González Olarte
22 de junio 2019 , 09:23 a.m.

Myriam Criado se demoró años en darse cuenta de que tuvo más voz como mujer en la guerra, y a veces más libertad, que en la misma vida civil. “Afuera hay que hacer mucha maroma para ser oída”, dice.

Esta ocañera, pocos años después de empezar como maestra de una escuela rural, terminó vinculada durante más de 23 años al Ejército Popular de Liberación (Epl). Criado, una mujer de carácter, logró en su paso por el Epl ser parte de la dirección del grupo y una de las voceras en el proceso de desmovilización de la organización en 1991.

Cuando dejó el Epl, se convirtió en una de las fundadoras de la Red Nacional de Excombatientes, que también tuvieron voz en los acuerdos de paz de La Habana. Hoy ella sigue trabajando por la paz y hace parte de la Comisión de la Verdad

¿Cómo llegó al Epl?

Soy de Ocaña, Norte de Santander. Me gradué de maestra en 1975, y en 1976 conocí parte de la organización del partido. En ese momento empiezo a trabajar en el campo en la zona de rural de la Playa de Belén. Fueron dos años más o menos allí.
Cuando llego a ese lugar, conozco a alguien que me pregunta si me gustaría estudiar y leer de marxismo y leninismo, y acepté. Allí me conecté, por un lado, por la lectura y, por otro, por el espíritu social del propósito revolucionario de liberar a los pobres y a los oprimidos. Con eso, acepto ser parte de la organización en una estructura semilegal, que es previa al partido. Allí duré dos años.

¿Por qué semilegal?

No era propia del partido, porque era en las brigadas antimperialistas, que podían tener una actuación legal.

¿Seguía siendo profesora entonces?

Sí. No había ningún problema.

¿Cuál era su función allí?

Ahí lo que hacíamos era discutir de política; hablar del marxismo y leninismo. Entender la situación de la sociedad colombiana en el tema económico, político y social. Teníamos algunas responsabilidades de divulgación de las ideas, por ejemplo, en el sindicato de maestros.

¿Cuántos años tenía cuando estaba en las brigadas?

Tenía 19 años y estaba a punto de cumplir los 20.

¿En qué momento esas brigadas se convierten y participan en el partido?

Empezando el año 1978 me presentan una persona que era del Partido Comunista de Colombia Marxista Leninista (PCML) y nos propone a cinco personas salir de Ocaña para vincularnos a la estructura del partido.

Después entendí que la organización que se hacía llamar revolucionaria, en últimas era muy tradicional a la hora de abordar el tema de las relaciones afectivas

¿Qué pasó después?

A mí me ocurre algo interesante en ese momento, y es que me ofrecen ir a una zona de retaguardia. El premio era ir a la zona campesina, pero como un mes antes de salir se enteraron de que yo estaba ennoviada con uno de los compañeros de la dirección, me castigaron y me dejaron en Bogotá.

¿Terminaron?

Duramos un tiempo escribiéndonos, dejándonos razones y no pasó nada con la relación amorosa. Pero lo curioso es que a mí me sancionan, y a él no.

En ese año, en una ocasión él me manda la razón de que quiere casarse conmigo, y yo le digo que más bien convivamos y que dependiendo de eso, miramos si nos casamos o no. Luego de eso, me hicieron un debate político porque él era el hombre y me estaba proponiendo matrimonio y yo, a cambio, le ofrecía convivencia sin matrimonio. Eso les parecía escandaloso.

Durante mucho tiempo a mí eso me pareció muy curioso, pero después entendí que la organización que se hacía llamar revolucionaria, en últimas era muy tradicional a la hora de abordar el tema de las relaciones afectivas.

Luego de eso, ¿se va para el campo?

No, porque la sanción se mantiene. Ya estando en Bogotá, empezando el año 1979 me dicen que me van a trasladar a Boyacá y me mandan para Sogamoso. Allí estaba encargada de coordinar la célula que había en esa zona.

Pero si la organización era tan patriarcal, ¿por qué había logrado esa posición siendo mujer?

Eran patriarcales en lo cultural, pero en lo político eran de avanzada.

Myriam Criado

Myriam Criado hace parte en la actualidad de la Comisión de la Verdad.

Foto:

Cortesía.

¿Cómo era su papel de coordinadora en Boyacá, teniendo en cuenta que había muchas desigualdades con las mujeres?

Hubo algo que me demostró el poder que podía tener. Me levantaba todos los días, estando embarazada de mi segundo hijo, a hacerles desayuno a todos los que estaban ahí. Un día me di cuenta de que no podía seguir siendo así, porque todos teníamos, en teoría, las mismas responsabilidades, y eso no estaba pasando.

Un día decidí irme al cuarto que tenía para uno de mis hijos y allí me quedé e hice una especie de huelga de hambre para que ellos también hicieran lo suyo. Aunque hubo mucho conflicto por eso, meses después cada uno empezó a tener sus propias funciones. Después de eso nos fuimos.

¿Por qué?

Sobre todo por las dificultades económicas. Incluso hubo un momento en que, al final del embarazo, a mí se me cayeron unos dientes por la descalcificación. Hubo momentos en los que con mi pareja comíamos dos panes chiquitos y una agua de panela en el día, y durante varias semanas. Eran momentos duros.

Hizo parte de la Red Nacional de Mujeres Excombatientes, ¿cómo fue ese proceso?

Yo me empecé a dar cuenta de la fuerza y voluntad que tenía en el momento en que empieza el proceso de paz entre el Epl y el Gobierno.

Yo estaba en la Costa y me eligieron como vocera para el Magdalena, Cesar y La Guajira, pese a que mi propuesta era que fuera un hombre. Al final me fue muy bien y fue una grata sorpresa.

Años después, en 1998 conozco a unas personas que proponen la idea de crear el grupo; en particular María Eugenia Vásquez y Alix Salazar, excombatiente del M-19. Al principio estuve muy reacia, pero después acepté ser parte del colectivo. Estoy entre las fundadoras y en el año 2000 se establece como ONG y se arma la Red Nacional de Mujeres Excombatientes.

En estos 19 años del grupo, ¿qué lograron?

Estuve muy activa al principio y en el año 2014 renuncié. Fue una búsqueda interesante porque es el encuentro con un tema que no había sido visto antes, pues empezamos a cuestionarnos cuál sería el fin de la justicia si las mujeres no tenemos una participación.

Por otro lado, fue un proceso también chocante porque nos encontramos con nuestra propia historia y entendimos que fuimos pasivas y permisivas cuando se dijeron e hicieron cosas que iban en contra de las mujeres. También encontramos que la guerra nos había dado un lugar que la sociedad no entendía, nos había dado una oportunidad de oro para fortalecer la autonomía y poder decidir. Había más libertad estando en las organizaciones insurgentes que en la legalidad o en la civilidad.

¿Por qué eran más libres en la guerra?

Porque estando en la dirección yo podía decidir con mayor libertad y ofrecer una opinión que no era siempre fácil de mostrar, pero por lo menos era considerada. Afuera hay que hacer mucha maroma para que oigan a una mujer común. Culturalmente a los hombres los escuchan, y a nosotras es como si oyeran llover.

Ustedes también ayudaron a darles una perspectiva de género a los acuerdos de La Habana, ¿cómo fue ese proceso?

Personalmente estuve muy cercana a varios procesos, tanto por el lado del Instituto de Paz de los Estados Unidos como por organizaciones afines a los procesos del Gobierno sueco.

Por otro lado, el colectivo de mujeres, como parte de su trabajo, fue asesor de la mesa de género en La Habana y fue muy gratificante estar cerca de un proceso histórico para el país.

¿Qué opina de los reveses que ha tenido la implementación del proceso de paz en Colombia?

Tengo dos miradas. La primera es que el país no se decide con contundencia a apostarle a la paz. Y también creo que la sociedad todavía no entiende el poder benéfico de lo que significaría una sociedad pacífica.

Es decir que tenemos mucho trabajo por hacer para demostrar que la paz tiene mucho mayor valor que una apuesta de solución rápida, como la de la fuerza. Eso al final sigue reforzando el imaginario del conflicto frente al hecho contundente y real de una desmovilización de las Farc, en unas condiciones mucho mejores a las que nosotros tuvimos, cuando era mucho más difícil hacer un proceso de paz.

Pero habiéndolo asumido, esta sociedad todavía no valora y no entiende que esa apuesta debe ser acompañada y reforzada por parte de los mismos ciudadanos. Y las cifras de reducción de los heridos y de los asesinatos acompañan esa idea.
Creo que el país tiene que tomar una decisión muy clara y a favor de una resolución pacífica de los conflictos en Colombia. La andanada que hay contra la JEP, la Comisión de la Verdad y, en menor medida, contra la Unidad para la búsqueda de personas dadas por desaparecidas, que son el sistema integral de la justicia, verdad y no repetición, es también un problema.  Aspiro a que la sensatez de la ciudadanía acompañe estos procesos.

Pero también ha habido algunas dificultades con desmovilizados e incluso disidencias, ¿qué lee de eso?

Yo creo que políticamente la Farc tiene que reforzar la idea internamente de decisión política de no regresar a la guerra, y esa es una tarea. Eso se hace mediante un proceso político, que significa que también el Gobierno tiene que dar mensajes claros de respaldo y tiene que hacerlo en la práctica. Porque la resistencia también tiene que ver con la falta de protección y la falta de acompañamiento en lo local.

Otra preocupación es que el Estado no copa los escenarios que son dejados por los insurgentes; eso nos pasó a nosotros. Pareciera que el Estado siguiera pasmado. Además, hay que tener en cuenta que muchas personas se ven obligadas a estar en la guerra, y para los que no quieran participar, eso significa el destierro para muchos.
Hay una mirada más compleja de la realidad en el territorio, que es también el gran reto del posacuerdo.

MARÍA CAMILA GONZÁLEZ OLARTE
Twitter: @CamilaGolarte
marola@eltiempo.com

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