La desigualdad de género: orígenes y factores de subsistencia

La desigualdad de género: orígenes y factores de subsistencia

Las mujeres luchan por liberarse de discriminación y por una vida libre de violencia y con derechos.

‘Un violador en tu camino’

La ‘performance’ ‘Un violador en tu camino’, del colectivo chileno Las Tesis, se realizó en muchos países: los problemas son comunes.

Foto:

Juan Pablo Rueda. Archivo EL TIEMPO

Por: Patricia Galeana
08 de marzo 2020 , 09:15 p.m.

Para entender la desigualdad de género y los estereotipos discriminatorios que subsisten hasta la fecha en la sociedad es necesario estudiar sus raíces filosóficas, jurídicas y religiosas, que a lo largo de la historia han limitado el desarrollo femenino y han favorecido su sometimiento, al hacer prevalecer la cultura patriarcal.

El feminismo es la doctrina social que busca que las mujeres tengan los mismos derechos que han tenido los hombres a lo largo de la historia. Antes de acuñarse el término, mujeres y hombres de diversas épocas se manifestaron en contra de la desigualdad de la población femenina en el régimen patriarcal y buscaron emanciparla de su esclavitud.

Veamos algunos ejemplos. En la antigüedad clásica, Platón afirmó en la ‘República’ que no puede haber nada mejor para una sociedad que contar con todos sus miembros para defenderse, incluyendo a las mujeres. Sin embargo, prevaleció la idea aristotélica de que la mujer tenía menos inteligencia que el hombre y que debía ser gobernada por él. Esta idea fue establecida en las normas jurídicas desde el derecho romano, en el que el padre ejercía la autoridad sobre todos los miembros de la familia y la madre era una menor de edad sometida también a la autoridad paterna.Para las religiones monoteístas, Dios es hombre y la mujer ocupa un lugar secundario. Dicha concepción apuntaló al régimen patriarcal, en el que el hombre nace para mandar y la mujer para obedecer.

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Voces en pro de un cambio

Ya desde la Europa medieval Cristina de Pizan escribió que “si la costumbre fuera mandar a las niñas a la escuela y enseñarles las ciencias con método, como se hace con los niños, aprenderían y entenderían (…) todas las artes y ciencias tan bien como ellos”. Sin embargo, se impuso la limitación de la educación de las mujeres a temas solo religiosos.

En la Revolución francesa, Olympe de Gouges señaló en la ‘Declaración de los derechos de las mujeres y las ciudadanas’ que “la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos de la mujer son las únicas causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos”. Su osadía le costó la guillotina.

En el siglo XIX, John Stuart Mill escribió en ‘La esclavitud femenina’: “Todo lo que solicitamos se reduce a la abolición de los privilegios y el proteccionismo de los que gozan los hombres”.

El escritor liberal mexicano Ignacio Ramírez escribió en 1854 que las mujeres pasaban por tres estadios: todas nacían esclavas, algunas eran liberadas por sus esposos y pocas se liberaban a sí mismas.

Sin embargo, fue hasta el siglo XX cuando se dio la gran revolución de las mujeres. Ha sido una rebelión mayoritariamente pacífica y silenciosa, y aún no concluye.

Las mujeres demandaron primero sus derechos laborales, su derecho a la educación, sus derechos políticos y ahora luchan por una vida libre de violencia y su derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Para Herbert Marcuse, esta ha sido la revolución cultural más trascendente de la historia de la humanidad y la consideró irreversible.

Pero los atavismos patriarcales subsisten hasta nuestro tiempo. Lawrence Summers, decano de Harvard, afirmó en 2006 que las mujeres no tienen capacidad para las matemáticas, y el ingeniero James D’amore dijo en 2017 que no la tenemos tampoco para la informática. Este tipo de expresiones degradantes corresponden a actitudes de acoso. Para dar respuesta al acoso sexual han aparecido diferentes movimientos, entre ellos #MeToo, con el que surgió una cuarta ola del feminismo en el que las mujeres luchan por el respeto a sus cuerpos, a su dignidad.

La ‘performance’ de las jóvenes chilenas Las Tesis, ‘Un violador en tu camino’, se volvió viral; fue replicada lo mismo en México que en París y en Nueva Déhli. Ante este justo reclamo ha habido una reacción machista, con la consigna: ‘Agarren a las feminazis y viólenlas’. Esto ha llevado al incremento de feminicidios.

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Momento histórico

Vivimos un momento crítico, en el que al querer las mujeres liberarse de toda dominación, incluida la sexual, y al subsistir la cultura patriarcal y no haberse construido una nueva masculinidad, que no esté basada en el uso de la fuerza ni en la dominación de la mujer, ha aumentado la violencia feminicida, que en la mayoría de los casos queda impune.

En este escenario se hace indispensable difundir y cumplir el marco jurídico que garantice a la mujer una vida libre de violencia y todos sus derechos como ser humano; y establecer políticas públicas afirmativas con enfoque de género y una educación formal e informal, desde preescolar hasta posgrado, y a través de todos los medios de comunicación, que busque construir una cultura de paz, de respeto a la persona humana independientemente de su sexo, preferencia sexual, origen étnico o social, ideología o cualquier otra condición.

Un pueblo llega tan lejos como su educación se lo permite, la democracia es una forma de vida, de convivencia pacífica. Para alcanzar una sociedad con igualdad sustantiva tenemos que acabar con los atavismos patriarcales. Vivimos un momento histórico. El mejor termómetro para medir el grado de civilización de los pueblos es ver la situación de sus mujeres, como escribió Norberto Bobbio en su ‘Diccionario de política’.

El mejor termómetro para medir el grado de civilización de los pueblos es ver la situación de sus mujeres

Un día importante

Por todo lo anterior, en el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, decretado por la Organización de Naciones Unidas para que todos los Estados miembros reflexionen sobre la situación de su población femenina, se ha convocado a un paro mundial de mujeres. El primero fue en 2017, participaron 250 ciudades de 50 países. Este año ha cobrado mayor relevancia. Su objetivo es hacer conciencia de la situación que enfrentamos y la urgencia de dar solución a la problemática existente en cada uno de nuestros países.

Hubo distintos acontecimientos históricos de la lucha de las mujeres por sus derechos que sucedieron en el mes de marzo, que son el origen del Día Internacional de la Mujer. Entre ellos destaca la lucha por sus derechos laborales. Fueron muchas las huelgas en demanda de mejores condiciones de trabajo, en diversas partes del mundo. La desigualdad y discriminación eran tal que las trabajadoras ganaban la mitad de salario por realizar un trabajo igual al de los hombres.

Otra lucha fue la sufragista. En Estados Unidos, en marzo de 1857, sufragistas y antiesclavistas fueron reprimidas en Wyoming, y en el mismo mes y año tuvo lugar la primera de muchas huelgas de costureras en Nueva York. Hubo otras en 1867 y 1909, en esta última murieron calcinadas 146 mujeres, la mayor parte de ellas migrantes. El incendio se atribuyó al dueño de la fábrica, aunque no hay pruebas documentales de tal acusación. Lo que sí se sabe es que había la costumbre de encerrarlas para que cumplieran jornadas extenuantes de trabajo, y no había escaleras de emergencia.

En 1910, durante la Segunda Conferencia Internacional Socialista de Mujeres en Dinamarca, la líder alemana Clara Zetkin demandó que hubiera un día en que se recordara la lucha de las mujeres trabajadoras por sus derechos laborales.

También un 8 de marzo (de acuerdo con el calendario gregoriano; 23 de febrero en el calendario juliano), pero de 1917, en San Petersburgo, los guardias del gobierno zarista masacraron a mujeres hambrientas que demandaban pan para dar de comer a sus hijos y el fin de la guerra. Este hecho contribuyó a desencadenar la Revolución rusa.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, la carta de San Francisco planteó la igualdad entre hombres y mujeres para alcanzar la justicia y la paz. La Declaración Universal de 1948 se intituló por los ‘Derechos Humanos’ para incluir a las mujeres.

En 1957, en el centenario de la represión de Wyoming, se fijó como fecha para conmemorar a las sufragistas el 8 de marzo. Y fue en la Primera Conferencia Mundial de la Mujer de la Organización de Naciones Unidas, que tuvo lugar en México en 1975, donde se planteó que el 8 de marzo fuera el Día Internacional de la Mujer. Dos años después, la ONU hizo la declaración oficial.

La fecha, reiteramos, es un recordatorio para que todos los países miembros de la Organización acaben con todo tipo de discriminación hacia las mujeres, para lograr una sociedad con igualdad sustantiva. Todas las naciones están comprometidas para construir una cultura de paz que supere los atavismos patriarcales y respete los derechos de las mujeres como seres humanos.

PATRICIA GALEANA*
Para EL TIEMPO* Historiadora mexicana y actual embajadora de su país en Colombia.

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