Valeria, la pequeña que es libre bajo el agua

Valeria, la pequeña que es libre bajo el agua

La terapia y el deporte le han ayudado a recuperarse después del impacto de una bala perdida.

Valeria Valera Rodríguez

Valeria junto a los niños que practican apnea en Taganga, Santa Marta.

Foto:

Club Delphinus

Por: Karen N. Martínez Sarmiento
09 de junio 2019 , 10:30 p.m.

Cuando practica apnea bajo el agua, natación y pilates, Valeria es libre porque demuestra que ni siquiera el proyectil que la dejó sin movimiento de la cintura para abajo es impedimento para continuar con su vida. Pequeña en edad (13), gigante en voluntad, Valeria Valera Rodríguez deja su silla de ruedas a un lado y con cada inmersión y entrenamiento se sigue sobreponiendo al infortunado hecho de aquel 17 de mayo del 2017.

Ese día quedó en medio de una balacera, en la urbanización Ciudad del Sol en Santa Marta. Nunca se supo con claridad quiénes dispararon ni de dónde vino la bala que le cambió la vida. La misma que le atravesó el cuerpo, le perforó el pulmón, le rozó el hígado y le comprometió su columna. “Probablemente no va a poder caminar de nuevo”, le dijeron los especialistas a Yeisy Paola Rodríguez, su madre.

La sentencia fue impactante. Valeria siempre fue independiente y activa, le gustaba el deporte y estar con sus amigas, como a cualquier niña. “Fue una situación compleja. Entramos en una realidad que inicialmente era muy difícil aceptar”, cuenta su madre.

A las dolorosas cirugías y a la recuperación de sus cicatrices se sumaron otros males que Valeria tuvo que afrontar, como una bacteria que adquirió en el hospital.

Del problema a la oportunidad

Lo que parecía ser un panorama desalentador, la niña lo convirtió en una oportunidad de superación. En pocos meses comenzó sus terapias de rehabilitación que aunque vitales para que aprendiera a vivir con su condición, estaban lejos de la posibilidad de que recuperara su movilidad.

Diana Cortés, la fisiatra que atendió a Valeria en Medellín, trajo para ella una luz. “Cuando la conocí, llegó remitida con una lesión medular. Pero de acuerdo con la escala Asia (la clasificación estándar de esa parte del cuerpo), nos dimos cuenta de que la zona no estaba completamente afectada”, recuerda.

No había tiempo por perder. Valeria necesitaba ser juiciosa con las terapias todas sus mañanas y tardes para mejorar su pronóstico.

Un nuevo comienzo

En su programa de rehabilitación aparecieron las hidroterapias, un método que usa el agua para tratar enfermedades, lesiones y trastornos. A partir de allí, Valeria empezó a desenvolverse y a mejorar más.

Su madre cuenta que en ese espacio la vio libre, independiente, “y volvió a tener confianza en sí misma”, y aunque en un comienzo sintió temor, no tardó en retomar su pasión.

“Encontramos en ella avances gigantescos –recuerda Cortés–. Buscamos mejoría funcional, es decir, que tuviera la habilidad de hacer sus cosas normalmente, aun cuando estuviera inmóvil una parte de su cuerpo”.

Y así pasaron unos ochos meses hasta que los especialistas decidieron que ya era hora de que Valeria volviera a su realidad en Santa Marta.

En medio de todo esto, algo empezó a llamar la atención de la niña: la apnea, disciplina que exige total concentración y en la que se mide la capacidad de estar bajo el agua a pulmón libre.

Consultamos con el neurocirujano y en la parte pulmonar, ella estaba en excelentes condiciones, lo que significaba que sí podía hacer apnea

El empujón que hacía falta

Valeria empezó a investigar por su cuenta quiénes practicaban este deporte en Santa Marta, y a través de redes sociales logró contactarse con Sofía Gómez Uribe, y la conoció en una competencia que se llevó a cabo en las piscinas olímpicas. “Ella no creía que estaba con la campeona mundial. Le apasionaba mucho ese tema”, recuerda su madre.

Al siguiente día, la playa fue escenario de un momento que seguramente Valeria no olvidará. Compartió con la deportista, se tomaron fotos y hablaron, y esto también sirvió de motivación para que continuara con su rehabilitación.

A través de Gómez llegó al profesor del Club Delphinus, Carlos Correa, quien se motivó desde el primer momento con su caso. “Consultamos con el neurocirujano y en la parte pulmonar, ella estaba en excelentes condiciones, lo que significaba que sí podía hacer apnea”, cuenta Rodríguez.

Y lo cierto es que para ella no representa ningún peligro. Su profesor cuenta que “en la práctica no tiene contraindicaciones. Ella lo hace recreativamente, como el resto de los niños. Tiene un movimiento chévere, puede ir sin que la guíen, utiliza sus brazos muy bien para avanzar y sus piernas tienen un poco de movimiento. Se siente muy cómoda en el agua y eso lo vi desde el primer instante”.

En el mar, un espacio de libertad, Valeria nada y empieza a descender por medio de una cuerda, a impulsarse con fuerza y a suspender la respiración. En cada inmersión, la pequeña siente plenitud.

Dedicación y constancia

Valeria cada día se levanta a las 5 de la mañana, estudia, llega del colegio a las 2 y descansa un poco. A las 4:30 de la tarde hace pilates durante una hora, allí fortalece su cuerpo y su mente a través de ejercicios físicos adaptados, y después practica natación otra hora. Los sábados los dedica a la apnea.

Rodríguez asegura con orgullo y esperanza que “debido a su perseverancia, ya es capaz de levantar su pierna y sostenerla, y controlar esfínteres”.

En un comienzo realizaba natación tres veces por semana, pero como a su madre le propusieron que Valeria entrenara en las piscinas olímpicas para participar en la competencia Supérate, ahora va todos los días.

Sin embargo no todo es deporte. A veces, Valeria descansa de sus jornadas. Su madre dice que la niña debe ver su condición como una oportunidad y seguir con su vida normal.

A sus 11 años, Valeria logró sobreponerse a una bala perdida. Y aunque actualmente tiene una rutina ajetreada para su edad, en todos los escenarios encuentra el apoyo que necesita para esforzarse cada día. Su mejoría funcional, sumada a su actitud, constancia y voluntad hacen que valga la pena conocerla y apoyarla.

KAREN N. MARTÍNEZ SARMIENTO
Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO

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