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Tener la capacidad de pensar el amor es clave en las relaciones de hoy
Amor y amistad

Sin negar el romanticismo, hoy se habla y se dan las transacciones de conveniencia.

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Tener la capacidad de pensar el amor es clave en las relaciones de hoy

Sin negar el romanticismo, hoy se habla y se dan las transacciones de conveniencia.

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El romance hay que reconocerlo como aliado del cerebro y no como designio o casualidad.

Para la filosofía, el amor no existe; para la psicología, debe vivirse agarrando el corazón y con los pies en la tierra (para no elevarse), y para la psiquiatría, es imprescindible transformarlo –el amor y sus patrones de elección de la pareja–. Pero el común denominador entre quienes abordan la más compleja asignatura de la vida es que el amor debe pensarse y no solo sentirse.

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La discusión va más allá de darle mayor peso a la razón o al corazón, al buscar los orígenes del amor. Así justifica el magíster y doctor en Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín) Sergio Molina, en su libro Razonamórate, en el que, como devoto del humanismo, la fenomenología y el personalismo, no solo parte de la premisa de la no existencia del amor, sino que invita a romper estereotipos y preconceptos que hemos aceptado en torno al amor.

No somos media naranja de nadie y tampoco funciona creer que, con el amor de una de las partes, basta por los dos

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Uno de ellos es quitarles la potestad absoluta a los sentimientos y cederla a la razón. “Pensar el amor (y no solo sentirlo) es pensar lo que creíamos elemental, lo que dejamos como entendido o establecido porque era producto de la espontaneidad; pero si nos damos cuenta, hasta esta visión espontánea exige mucho de propósito, de rectoría, de conducirlo, dirigirlo y moldearlo, y no es una situación de coincidencia o designio. Es un propósito y es donde cabe la racionalidad”.

Y no es que el amor idealizado esté pasado de moda. De hecho, es el más bombardeado por Hollywood, por las princesas de Disney y, de manera más categórica, por las redes sociales, en donde es casi mandato llevar (o al menos, mostrar) una vida perfecta que incluye la relación de pareja envidiable. Pero también se ha democratizado el lado B del amor, que habla de amar en soledad, de límites, de transacciones de conveniencia y de desenamoramiento.

La psicóloga Lorena Polanía identifica estos aspectos como claves de las relaciones sanas o pensadas a partir de las expectativas reales. “Está muy bien el romanticismo, pues le da un toque importante a la relación, pero no hay que negar que el amor se acaba si uno no hace lo que tiene que hacer (las parejas exitosas hacen lo necesario para ser exitosas)”, y una revisión o un ajuste de tuercas periódico no está de más.

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Amor y Amistad es una temporada de flores, chocolates, regalos, abrazos y besos.

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“Cuando una pareja llega muy deteriorada a consulta, se ve que no han sanado sus carencias individuales en muchos aspectos y empiezan a responsabilizar al otro, sumándole la frustración de no cumplir expectativas tan idealizadas como las de la media naranja o que el amor todo lo puede. Y no somos media naranja de nadie y tampoco funciona creer que, con el amor de una de las partes, basta por los dos”, agrega la especialista en terapia de pareja.

El romance financiero

Razonamórate, de Sergio Molina.

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Además de aceptar que el amor se transforma –no se acaba; lo que llega a su fin es una relación de pareja–, ‘razonamorarse’ implica proyectar el desenamoramiento. “Anticiparse al adiós, sabiendo que aún se aman, es entender que no se convienen como pareja; es ser muy racional y así dejar en paz la pulsión de ¿es más razón o corazón?”, agrega Molina, y refiere varios beneficios de pensar el amor a la luz de la conveniencia, o no, de una pareja.

Entre las variables más controversiales, pero realistas y racionales, están las asociadas al usufructo. “Si uno piensa el amor, puede elegir a la persona que le conviene; y no solo lo digo en aspectos de la vida diaria o de la psicología o el carácter. La persona puede racionalizar si económicamente alguien le viene a bien (...). Hay a quienes los llama el amor desde el prestigio; si no se sienten bien representados por su pareja, renuncian a la posibilidad amorosa. Y no hay que sonrojarse por pensarlo así”, agrega el filósofo Sergio Molina.

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Para la psicóloga Polanía, el tema financiero hace parte de su programa Corrazón, que une las emociones, el sentimiento (que es válido, y no es razonable tener una relación en la que no exista) y la razón.

“Eso tiene dos vertientes. Una individual (porque la pareja se compone de dos individuos, pero cada uno debe sanarse a sí mismo, autoobservarse y notar sus carencias) que permitirá identificar los temas importantes en la sexualidad y el dinero, del cual hay que hablar, pues muchas parejas no tocan ese tema o lo dejan, simplemente, en un cuadro en Excel de los gastos que podrían llegar a tener, pero la conversación es, obviamente, mucho más profunda”.

Quien piensa el amor...

Vive el momento a conciencia. En la medida que se sabe que la relación puede terminar, se disfrutará mejor y a conciencia la situación que se vive en el aquí y el ahora.

Busca la manera de prolongarlo. Y ello es posible siendo vigía de la relación, identificando las sensaciones que se quedan en irracionalidades porque no se disfrutan al considerarlas un estímulo de turno. La irracionalidad lleva a la rutina, al cansancio y al fin de la relación.

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Es empático. La empatía aparece en los momentos de conflicto en los que cada uno identifica sus intereses prevalencias y, con ello, la necesidad de entender al otro. “Y en la medida que yo entiendo la situación del otro puedo ser más empático y veré unas salidas distintas a los conflictos”, añade el filósofo Sergio Molina.

Es resiliente. El uso del cerebro en el amor lleva a ser más compasivo con el otro. “No es ‘sálvese quien pueda’; es ‘salvémonos ambos’. Incluso puedo hacer consideraciones más románticas en la medida que use el cerebro”, puntualiza el autor.

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