El renacer del vestido

El renacer del vestido

La hipermasculinización del guardarropa femenino y la nostalgia por piezas clásicas marcan su vuelta

El renacer del vestido

Propuesta de la colección 'El jardín de mis memorias' en las siluetas de las décadas de 1970 y 1980

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Cortesía de las marcas

Por: Juliana Villegas Arias- Para EL TIEMPO
11 de octubre 2019 , 05:26 p.m.

Una seguidilla de vestidos de todos los largos en materiales como jacquard, brocados, seda, lana, georgette y encaje, y bañados con flores art déco y art nouveau, protagonizaron la colección que la diseñadora Amelia Toro presentó recientemente en Bogotá.

Su preferencia por esta pieza no es casualidad. En las pasarelas internacionales se ha respirado una especie de nostalgia por esta prenda icónica que desde tiempos inmemoriales se relaciona con la feminidad. No es que haya dejado de existir, pero desde la década de 1970 hasta nuestros días la moda femenina ha sufrido una masculinización progresiva que va más allá de tomar prestada ropa del clóset de él para agrandar el de ella.

Según el historiador de moda Augusto Montenegro, docente de la Escuela Arturo Tejada Cano, muchas mujeres sacrificaron su feminidad para mostrar ese lado guerrero y fuerte que determina el espíritu femenil de nuestra época. No obstante, asegura, lo que antes era una influencia moderada se transformó en las últimas dos décadas en una hipermasculinización que ha menoscabado la esencia femenina.

“Muchas mujeres han llegado al extremo de parecer hombres; se las ve con pantalones rotos, botas pesadas, chaquetas de cuero y cabello corto”, afirma.

Para la diseñadora el hecho de que la moda haya llegado a un punto de globalización tal que en lugar de diversificarse se uniformizó, ha contribuido a que se haya dejado de mirar a los clásicos. “Hoy día vemos a mucha gente vestida con jeans o sudadera, y las prendas elegantes y glamurosas quedaron a un lado. El vestido es una pieza diferenciadora”, comenta.

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Adolfo Domínguez le apostó esta temporada a vestidos livianos y de líneas fluidas y cercanas al cuerpo.

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La reivindicación de un clásico

Aun así, las nuevas tendencias marcan el resurgimiento de este imprescindible debido a una añoranza por el pasado, en especial por la moda que vistieron nuestras abuelas. “Ellas podían utilizar vestidos muy femeninos porque no estaban en la lucha diaria del trabajo y la competencia”, dice Montenegro.

Amelia Toro, por ejemplo, inspiró su colección 'El jardín de mis memorias' en las siluetas de las décadas de 1970 y 1980, yen los atuendos usados por íconos femeninos que marcaron su niñez y adolescencia, como Audrey Hepburn, Brigitte Bardot, Mariangela Melato y Ornella Muti.

“Durante la elaboración de los diseños recordaba los atuendos que usaba mi mamá, las siluetas propias de esos años en reuniones familiares o películas de esa época que me marcaron”.

El uso cada vez más generalizado de materiales tecnológicos y la simplificación de las siluetas también ha ayudado a este renacer. William Cruz Bermeo, escritor y catedrático de moda, explica que el vestido ha ido variando en los últimos tiempos.

“Se ha vuelto más ligero, más envolvente, más práctico en su postura, más integrado a la tecnología y más explorable”, comenta.

La consultora de moda Martha Calad aduce este nuevo estatus a que la mujer de hoy espera encontrar en todo lo que se pone confort, versatilidad y funcionalidad, y los vestidos de nuestros días cumplen con estas características. “Los diseños de hoy resuelven muchas de las ocasiones de uso por sus siluetas amplias, con volumen y diferentes largos”, anota.

Los que propuso Amelia Toro están elaborados con telas que parecen pesadas, pero al tacto son livianas. La lana en particular tiene un desarrollo tecnológico que la hace muy práctica: es compacta y guarda el calor corporal, pero también se siente ligera y elástica. Además, al tratarse de una fibra natural, es biodegradable.

El diseñador español Adolfo Domínguez le apostó esta temporada a vestidos livianos y de líneas fluidas y cercanas al cuerpo, muy en sintonía con las necesidades de comodidad que buscan suplir las mujeres hoy día.

Además, ofrecen diferentes formas de uso, desde suelto hasta combinado con pantalones pitillo o leggings e, incluso, con piezas inferiores estampadas a juego.

“Creo que este es el encanto que encuentran las consumidoras en esta prenda”, concluye Calad. Y es que en el mundo de la moda el vestido es como la mariposa: está en constante metamorfosis.

JULIANA VILLEGAS ARIAS
Para EL TIEMPO

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