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Derechos menstruales integrales: ver más allá de los productos
Derechos menstruales

Según la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia, se estima que 500 millones de personas en el mundo viven en condiciones de pobreza menstrual.

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Istock

Derechos menstruales integrales: ver más allá de los productos

Una mirada crítica a este debate en entrevista con la activista Isis Tijaro por su nuevo libro.

Este debate está en auge en el mundo, y Colombia dio un paso adelante esta semana al eliminar el IVA para las copas menstruales. Pero aún falta mucho terreno por avanzar. La activista Isis Tijaro, que acaba de lanzar un libro al respecto, da algunas claves sobre su importancia en la agenda pública e invita a desmitificar el proceso menstrual en la individualidad. 

Más de la mitad de la población mundial menstrúa cada mes durante casi cuarenta años. Sin embargo, históricamente ese proceso natural ha sido considerado un tabú y un problema de higiene, hoy supuestamente ‘resuelto’ por las industrias de productos menstruales.

Este hecho ha derivado en una situación de falta de cobertura estatal casi que absoluta para crear planes que garanticen un adecuado proceso menstrual con un carácter integral, es decir, no solo de garantías plenas de acceso a esos productos de higiene, algo que no es para nada evidente en la mayor parte de los países del mundo, sino en derechos como la dignidad, la información y la educación menstrual, entre otros aspectos. Un abanico de políticas y acciones que permitiría a las personas menstruantes tener no solo la posibilidad de una autonomía plena al tomar decisiones relativas a su salud, sino ser más conscientes sobre sus cuerpos. 

Según la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia, se estima que 500 millones de personas menstruantes viven en condiciones de pobreza menstrual, es decir, carecen de los conocimientos, los servicios o los productos necesarios para garantizar su salud y bienestar durante la menstruación.

La educación menstrual no tiene que ver si estás en una población más vulnerable o no, es urgente en toda la sociedad porque es un tema transversal a todo; es un tema sociocultural, no socioeconómico.

De acuerdo con el organismo de las Naciones Unidas encargado de la salud sexual y reproductiva (Unfpa), “la desigualdad de género, la pobreza extrema, las crisis humanitarias y las tradiciones nocivas pueden tornar la menstruación en una etapa de estigma y privaciones”. En ese sentido, el debate sobre los derechos menstruales es cada vez más una necesidad clara.

Isis Tijaro, fundadora del Colectivo de Derechos Menstruales Colombia, explica que en nuestro país la legislación de estos derechos se inicia en el 2016. Un colectivo demandó a la Corte por la inconstitucionalidad de los impuestos a productos de gestión menstrual al considerarse sexistas y discriminatorios: una carga tributaria solo por el hecho de nacer mujer.

Con la sentencia C-117 de 2018, ese reclamo fue escuchado: las toallas higiénicas y los tampones quedaron exentos de IVA, pero se dejó por fuera otros productos, como la copa menstrual, por considerarse un ‘elemento de lujo’. Desde entonces, la batalla de este y otros colectivos se concentró en este punto. Y esta semana lograron que el alto tribunal fallara a favor de quitarle también el citado impuesto a las copas menstruales.

Paralelamente, a finales de marzo, se radicó en el Congreso la Ley 422 de 2021, que busca dar acceso, disposición y pedagogía adecuada a los elementos de gestión menstrual. También surgió un proyecto de ley para dar gratuidad en estos productos a las mujeres privadas de la libertad.

(Lea también: Corte Constitucional tumba el IVA a la copa menstrual)

El libro recopila su experiencia de 15 años en el tema.

232 páginas

Foto:

Editorial Planeta

El debate continúa, aunque la brecha de acceso a los productos haya disminuido. Para Tijaro, es fundamental entender que la agenda de derechos menstruales va mucho más allá de esto.

La activista, que se define como antropóloga, investigadora y educadora menstrual, y lleva más de una década en este tema, dice que reconoce avances en la legislación de derechos menstruales. Pero también advierte que se puede quedar corta si no se reconocen los contextos colombianos, en su mayoría ausentes de una pedagogía menstrual más integral.

Tijaro lanzó recientemente su libro Nuestras reglas, de un proceso tedioso a un ciclo menstrual poderoso, en el que invita a desmitificar de manera crítica y consciente la menstruación.

También busca combatir lo que llama un ‘analfabetismo corporal’ y comprender su urgente necesidad en el marco de los derechos humanos. El libro invita a pensar este tema desde la individualidad.

En 2011 creó la Organización Tyet, dedicada a la educación menstrual, los derechos menstruales y la autonomía femenina. En 2017 hizo su marca de copas menstruales llamada Aguacup, y en 2020 lanzó un programa radial junto con Wendy Casallas, que busca divulgar aspectos pedagógicos y culturales de la menstruación en América Latina. Tijaro habló con EL TIEMPO sobre su libro en el marco de los recientes avances en la agenda de derechos menstruales.

(Además: Colombia prohíbe los productos con mercurio añadido). 

¿Cómo llegó a involucrarse en la reivindicación de estos derechos?

Empecé a observar mi cuerpo y a acompañar a otras mujeres, y ahí me encontré con toda esta deconstrucción. Como lo digo en el libro, históricamente la menstruación y la educación menstrual han sido centradas en el producto. Las marcas te dan la idea de que te están educando en menstruación, pero siguen replicando el mismo discurso de ‘aquí está nuestro producto y esto es lo que te va a cambiar la vida, no tu vivencia menstrual. Tú no eres la protagonista, sino el producto’.

¿Cómo ve el reciente fallo de la Corte Constitucional que elimina los impuestos a las copas menstruales?

Me parece interesante entender cuál ha sido el proceso histórico para llegar a quitar el impuesto del IVA. No es un logro de esta demanda, es un logro de muchas demandas, sentencias, de muchas colectivas trabajando por esto. Me parece que si bien es un avance muy grande, no nos podemos quedar en el pensamiento que la menstruación y los derechos menstruales se solucionan a través del producto. Tiene que ver con un grupo de derechos que son los que están enumerados en el capítulo cinco de mi libro, y algunos otros que también están incluidos en la agenda.

¿Cuál es su crítica al uso histórico de los productos menstruales?

Lo que en el fondo te están diciendo todo el tiempo es ‘necesitas higienizarte y protegerte de ti misma. Pero tranquila que nosotros hacemos todo por ti’. Hay una cosa interesante que sucedió en Nueva York, y es que por ley todas las marcas deben decir de qué están hechas, qué ingredientes tienen, porque ya hay muchos estudios que demuestran que los materiales de los que están hechas las toallas y tampones generan inflamación y sangrado e irritaciones. Más de la mitad de tus amigas ya tienen quistes, miomas, ya les hicieron la primera operación, están esperando a ver si reduce o no el quiste en el ovario y ¿por qué?, ¿qué usaban nuestras abuelas y bisabuelas? trapos, telas , algodon. Nosotras desde nuestra primera menstruación uno toalla higiénica, y eso es como si a tu tapabocas le echas un poquito de varsol y te vas todo el día respirando... eso genera menstruaciones abundantes, condiciones ginecológicas fuertes, que nos van enfermando. 

En el último capítulo del libro habla de ‘la rueda de las guardianas’, una herramienta para describir las vivencias en cada una de las cinco fases del ciclo. ¿Cuál es la motivación para crearla?

Las guardianas busca desmitificar la experiencia menstrual de lo binario, de menstruar o no menstruar. Entender que para que tú menstrúes tienes que recorrer unas fases en las que pasan cosas distintas, que tu vida sexual es diferente en cada fase, que tienes concentraciones hormonales en cada una y, por lo tanto, tu estado de ánimo cambia, la percepción de la realidad cambia, no energética y espiritualmente sino endocrina y fisiológicamente. Pero el objetivo máximo es llevarte a esa reflexión para que puedas trabajar sobre tu propia salud, que creo que es el centro de todo esto.

¿Cómo llevar esta idea a las poblaciones y contextos vulnerables?

Lo que más amo en mi trabajo es que la educación menstrual es tan urgente en contextos vulnerables como en contextos de estratos socioeconómicos altísimos, porque históricamente nunca hemos tenido espacios de pedagogía menstrual distintos a poner una toalla higiénica y quedar embarazadas. La educación menstrual no tiene que ver si estás en una población más vulnerable o no, es urgente en toda la sociedad porque es un tema transversal a todo; es un tema sociocultural, no socioeconómico.

(Lea también: La menstruación: ¿por qué sigue siendo tabú, si es tan normal?)

Este puede ser un tema que parece que interesa solo a las mujeres. ¿Cómo cree que se podría hablar con personas no menstruantes?

En los derechos. Entender cómo la vivencia menstrual se enmarca dentro de los derechos humanos y resulta ser muy efectiva. Imagínate una persona menstruando sin acceso al agua, eso les pasa a muchas niñas y mujeres de nuestro país. Un niño de 13 años y una niña de 13 años tienen diferencia de oportunidades porque la niña menstrúa. Y qué pasa si esta niña que menstrúa tiene que caminar a su colegio dos horas con su primo, pero entonces ella no tiene toallas. Se queda en su casa y su primo va al colegio y ella empieza a faltar a clase, se retrasa a veces, entonces también tiene que ver con el derecho a la educación.  ¿Qué pasa si te tienes que cambiar la toalla, el tampón, la copa, la ropa interior y el baño de tu colegio no tiene puerta? ¿qué pasa, por ejemplo, si tú estás en tu trabajo y  no hay un baño? tu colega que está menstruando, ¿dónde podría hacer gestión de su menstruación?

¿Qué opina usted de los proyectos de ley que dan gratuidad de productos?

Si tú problematizas la menstruación creando productos para las comunidades, de entrada planteaste todo mal. Tú no solucionas la vivencia menstrual dando gratuidad de productos a personas menstruantes. Solucionas el tema de la menstruación trabajando los códigos culturales, el tabú. Ahora la nueva bandera es ‘salvemos a las pobres niñas menstruantes’, ‘donemos 4.000 copas al Pacífico’; bueno, y cuando tú donas, ¿cuál es la calidad de las copas que estás donando? Porque en Colombia hay un mercado de copas pirata, que es un tema de salud pública tenaz. ¿Cuál es la talla que le vas a entregar a esa mujer? Las copas tienen tallas porque nuestro cérvix tiene posiciones distintas y si tú le das una copa menstrual que no es de su talla, le va a dar un dolor tenaz en su útero y va a tener los cólicos más duros de su vida. O esas mujeres, de donde sea que les estén dando esto, ¿tienen acceso al agua para poder esterilizar su copa? Hay que leer con mucho cuidado cuáles son estas narrativas que se están creando sobre la menstruación.

También se ha empezado a hablar de productos ecofriendly o amigables con el medioambiente, ¿qué piensa de esto?

Ahora las marcas de copas menstruales te dicen ‘reduce tus residuos para ayudar al planeta’, pero es que los que han hecho este proceso de contaminación han sido las industrias que producen las toallas y los tampones. No me vas a cargar nuevamente a mí la narrativa que entonces por menstruar, el planeta está sucio. Pero entonces las marcas te dicen ‘reduce tus residuos’, y hay que leer eso con más atención; ¿qué es lo que nos están diciendo ahí?, ¿que por culpa nuestra el planeta está altamente contaminado? Y las industrias, ¿se lavan las manos?

¿Cómo se ha hablado hasta ahora de la menstruación desde lo institucional y pedagógico?

En Colombia, la menstruación es un tema que se aborda en noveno grado en la clase de biología. Eso es lo que mandan los pénsums que salen desde el Estado, entonces imagínate. Creo que la educación menstrual necesita de esa perspectiva, pero no puede ser la única. Nosotras ahorita en enero citamos la ‘juntanza’ por la ley integral de los derechos menstruales en Colombia. Uno de los puntos es la educación menstrual integral. Esta debe tener una perspectiva histórica, una perspectiva cultural, biológica, en salud y de género. Y en esa medida, tú construyes un programa de educación menstrual integral para niños y para niñas. Lo ideal sería que desde cuarto de primaria tú empezaras a tener clases de educación menstrual, no clases de educación sexual porque es diferente. Necesitamos una agenda independiente, porque la educación menstrual es diferente a la sexual, y esta es diferente a la reproductiva

¿Cuál es la invitación que hace a sus lectores?

La propuesta es entender cuáles son los diferentes momentos de su ciclo para tomar decisiones autónomas. En el momento en que se acerquen a los servicios de salud, hacer preguntas que realmente les van a aportar, porque la menstruación es un signo que nos habla de nosotros mismos. Así que mi invitación es a informarte y tomar decisiones autónomas desde el autocuidado y la comprensión de tu sistema endocrino.

Nuestras reglas. De un proceso tedioso a un ciclo menstrual poderoso ya está a la venta en las librerías.

(Le puede interesar: Tres recomendaciones para comprar copas menstruales en Bogotá)

GABRIELA HERRERA GÓMEZ
Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO

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