¡El que manda soy yo! / De tu lado con Alex

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Las redes han sido culpadas de problemas modernos que nos agobian a diario.

Redes sociales

Debemos asumir responsabilidades por nuestros actos y decisiones frente a lo que hacemos en redes sociales.

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Carlos Durán / EFE

Por: Alexandra Pumarejo
11 de septiembre 2019 , 10:19 a.m.

Recientemente leí una frase que me dejó asombrada por su sencillez y veracidad. No es de Einstein ni de Nelson Mandela; la dijo el actor estadounidense Tom Hardy, quien, en mi concepto, la tiene muy clara: “Las redes sociales no dañan las relaciones de pareja; actuar como soltero en ellas es lo que las daña”.

En esta sola frase se desbarata la teoría según la cual las redes sociales y/o el internet son la principal causa de divorcio en nuestro mundo moderno.

Creer que las redes sociales, por sí solas, tienen plena facultad para incidir sobre nuestros valores o poder de decisión es darles atributos que no merecen y, si reflexionamos bien, es imposible que los tengan.

Las redes han sido culpadas de problemas modernos que nos agobian a diario: la obesidad de niños y adultos, la desintegración de la familia, la pérdida de creatividad y el aumento en los índices de depresión, por nombrar algunos.

Culpar a las redes o a internet por lo que está mal con nosotros es una manera simplista y facilista de zafarnos a la hora de asumir responsabilidades por nuestros actos y decisiones.

Las infidelidades se facilitan en las redes, pero solo una persona –la que decide ser infiel– las usa para ese fin. Y esas mismas redes pueden ser utilizadas para afianzar una relación y estrechar la conexión con la pareja.

Se responsabiliza a las redes porque ahora es más difícil dialogar en familia, como se hacía en épocas anteriores. Pero ¿quiénes son los que no ponen límites en el uso de los celulares cuando están juntos?

Los padres se asombran cuando los niños se hipnotizan frente a un iPad y no corren ni juegan con sus juguetes. Sin embargo, ¿quién les compró el aparato, les enseñó a manipularlo y los incentivó a usarlo “para evitar que se aburran”?

Cobardemente, nos excusamos de asumir las consecuencias por nuestros actos. Es más fácil decir que las redes nos dañaron una relación, en vez de admitir que activamente coqueteamos con ansias de buscar una relación clandestina, así sea cibernética.

Es fácil echarles la culpa a los celulares en la mesa por el distanciamiento con los hijos o la pareja, y no aceptar que hablar con ellos es a veces difícil y es más fácil ‘desconectarse’ que afrontarlos.

Es más conveniente evadir nuestras vidas aburridas e imperfectas y sumergirnos en las que consideramos emocionantes e ideales, en lugar de tomar decisiones para cambiar nuestra realidad.

Muchos dicen que somos esclavos de la tecnología; pero olvidan que debemos tener el control sobre ella. Solo nosotros tenemos el poder de decidir cómo, cuándo y con qué fin la utilizamos.

Alexandra Pumarejo

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