¿De qué hablamos cuando hablamos de feminismo?

¿De qué hablamos cuando hablamos de feminismo?

Una explicación precisa del término que le permitirá a usted responder la pregunta: ¿soy feminista?

Movimientos feministas

Desde el 2015 se suceden los movimientos de mujeres que en todo el mundo reclaman la igualdad de derechos.

Foto:

David Fernández / EFE

Por: Jennifer Londoño - Razón Pública
04 de mayo 2019 , 10:45 p.m.

Antes de entablar cualquier conversación sobre feminismo, deberíamos preguntarnos de qué estamos hablando cuando pronunciamos o escribimos esa palabra, de modo que no incurramos en un diálogo de sordos en el cual todos hablan y nadie entiende.

El debate político actual requiere claridad sobre este asunto. Por eso presentaré algunas formas de abordarlo y le dejaré al lector, o la lectora, la tarea de decidir.

Empezaré por el origen más bien paradójico del término. Según la filósofa e historiadora Geneviéve Fraisse, el primero en utilizar el adjetivo ‘feminista’ fue el periodista francés Alejandro Dumas (hijo), en un pasquín titulado ‘El hombre-mujer de 1872’, donde planteó una crítica mordaz sobre el adulterio y la prohibición del divorcio.

Pero Dumas lanzó sus dardos hacia los hombres que se mostraban solidarios con la lucha de las mujeres en defensa de sus derechos civiles y políticos. Dumas decía que esos hombres “corrían el peligro de sufrir procesos de feminización similares a los que padecían los tuberculosos”. Por esa época, el término ‘feminización’ se utilizaba en el contexto médico para aludir a los efectos de esa enfermedad en el cuerpo de los hombres.

En 1882, la periodista y primera sufragista francesa Hubertine Auclert le dio un nuevo significado a ese vocablo. Fue la primera mujer que se autoproclamó “feminista” o contraria al “sometimiento de su sexo”. Auclert puso en tela de juicio los códigos napoleónicos y dedicó su lucha al reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres.

Desde entonces, el ‘feminismo’ –y su adjetivación ‘feminista’– se usan para designar la causa de emancipación de las mujeres, la liberación femenina, la denuncia de un sistema social que da ventajas al hecho de ser varón en detrimento de la mujer, y que se opone a las condiciones de desigualdad, discriminación y violencia –de distintos tipos– que se ejercen contra nosotras.

A la vez, el feminismo es un término que puede tener distintos significados, pues puede ser entendido como movimiento social y político, como teoría o perspectiva dentro de las ciencias sociales, o bien puede tomarse en un sentido despectivo. Veamos brevemente cada una de estas acepciones.

Como movimiento social y político

Aunque no en todos lados ocurrió lo mismo, una forma común de comprender el desarrollo histórico del movimiento feminista es hablar de “olas del feminismo”.

El feminismo de la ‘primera ola’ abanderó la lucha por el reconocimiento de los derechos civiles y políticos de las mujeres. Su paradigma es el movimiento sufragista en Estados Unidos y Gran Bretaña y abarca el periodo desde la Revolución francesa (1791) hasta mediados del siglo XIX.

La segunda ola del feminismo tuvo su auge entre los años 1960 y 1970, cuando el uso de la palabra feminismo –en singular– se quedó corto porque surgieron varias vertientes feministas: feminismo por la igualdad (liberales y radicales), feminismo socialista, feminismo de la diferencia, etcétera.

Durante los años ochenta, en Estados Unidos se produjo la escisión entre “los nuevos feminismos” (el chicano, el negro, el poscolonial, el lésbico y un largo etcétera). Así se produjeron la tercera ola del feminismo y la mirada crítica sobre la categoría ‘mujer’.

Hoy en día, algunas activistas sostienen que estamos ante una ‘cuarta ola del feminismo’, que habría empezado el 3 de junio de 2015 en Argentina con ocasión de la marcha convocada bajo la consigna ‘Ni una menos’. Miles de mujeres nos congregamos en las calles para rechazar la violencia y alzar nuestra voz en contra del femicidio/feminicidio.

La experiencia trascendió las fronteras y se ha repetido en otros varios países: el ‘Ni una menos’ pasó de ser una consigna a un movimiento internacional feminista. También el #Mee too de 2017 alcanzó el estatus de movimiento, utilizando las redes sociales para denunciar agresiones y abusos sexuales. En ese caso, la proclama trascendió porque salpicó a personalidades de la industria cinematográfica de Hollywood, tanto víctimas como victimarios.

En medio de su diversidad, el rasgo que comparten las distintas vertientes del feminismo es la conciencia histórica de opresión vivida por las mujeres por el hecho de ser mujeres. Esto permite reconocer que existe una situación injusta en razón del género y plantear medidas afirmativas o transformadoras para erradicarla.

La razón de ser de los movimientos feministas no ha sido otra que la búsqueda de una vida que merezca ser vivida para las mujeres. Setenta años atrás, decía Simone de Beauvoir que “el hecho de ser mujer plantea hoy problemas singulares a un ser humano”. Y no podía tener más razón. Se trata de una condición ligada con las prácticas de exclusión, discriminación y violencia en los diferentes ámbitos sociales, y ninguna época ha sido ajena a esta situación.

Como corpus teórico

También es posible entender el feminismo como un conjunto de teorías sociales, conformado por diferentes perspectivas ontológicas, epistémicas y metodológicas que giran alrededor de la variable sexo-género. Conceptos como patriarcado, machismo, misoginia, androcentrismo o heteronormatividad sirven para abordar los fenómenos sociales y enriquecen los distintos campos disciplinarios.

En el campo del derecho, por ejemplo, la perspectiva de género se entiende como una condición para lograr la equidad. Se trata de una familia de enfoques diversos que entienden la diferencia entre hombres y mujeres como una desigualdad social.

Aunque son muy diversos los estudios, las reivindicaciones y los métodos, todas las corrientes buscan entender y denunciar las exclusiones, inequidades, roles y estereotipos que impiden el reconocimiento efectivo de los derechos de las mujeres.

El feminismo es un término que puede tener distintos significados, pues puede ser entendido como movimiento social y político, como teoría o perspectiva dentro de las ciencias sociales

En sentido despectivo

En ciertos escenarios sociales, el feminismo suele ser asociado con la expresión ‘feminazi’, sin otra intención que insultar a las mujeres que rompen con los cánones estéticos, morales e intelectuales ‘imperantes’.

La demonización del lenguaje feminista en general, y del feminismo y las feministas en particular, ha sido también una constante histórica. Piénsese en la publicidad antisufragista que caricaturizaba los rasgos femeninos, masculinizándolos en su lugar: vello fácil, piernas y axilas peludas fueron las características más sobresalientes. O, en la actualidad, piénsese en los memes que circulan en las redes sociales que nos figuran como recalcitrantes y agresivas.

¿Qué es?

En realidad, el feminismo es simplemente la aceptación de tres principios –según la filósofa argentina Diana Maffía–, uno descriptivo, uno prescriptivo y uno práctico:

El descriptivo afirma que “las mujeres están en una situación peor que los hombres” en términos de carencia de bienes productivos y subrepresentación en escenarios de poder y de toma de decisiones, lo cual puede constatarse estadísticamente.

El principio prescriptivo nos dice que “no es justo que sistemáticamente, en todas las sociedades y en todos los grupos, las mujeres estén peor que los varones”.

El principio práctico puede resumirse así: “Estoy dispuesto o dispuesta –porque esto lo pueden decir tanto varones como mujeres– a hacer lo que esté a mi alcance para impedir y para evitar que esto sea así”.

Estos principios sintetizan en buena medida el actual uso del feminismo por las feministas.

Tras este recorrido podemos concluir que no es posible hablar de feminismo en singular: existen múltiples vertientes que abogan por el reconocimiento de los derechos de las mujeres. Por ello mismo es muy importante no caer en simplificaciones o en reduccionismos.

Sabemos que el lenguaje es político. Es un terreno en disputa en donde se lucha por el sentido de las cosas y el significado de las palabras. Los términos feminismo y feministas no escapan de esa lógica. Propongo no caer en la trampa de las satanizaciones ni en la ideologización desinformada a la hora de responder lo que verdaderamente importa: ¿soy feminista?

JENNIFER LONDOÑO*
* Profesora de la Universidad Autónoma de Manizales

Razón Pública es un centro de pensamiento sin ánimo de lucro que pretende que los mejores analistas tengan más incidencia en la toma de decisiones en Colombia.

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