Juzgo en otro lo que prefiero no afrontar en mí / De tu lado con Alex

Juzgo en otro lo que prefiero no afrontar en mí / De tu lado con Alex

En su columna, Alexandra Pumarejo nos hablar sobre lo que puede haber detrás de la criticadera.

Por: ALEXANDRA PUMAREJO
06 de febrero 2019 , 09:24 a.m.

Creo no equivocarme cuando aseguro que a la mayoría nos encanta hablar del prójimo. Horas y horas son gastadas en el análisis de la vida ajena. Discutimos asuntos como por qué se casaron con la una y no con la otra, por qué decidieron dejar al uno y no al otro, por qué no han conseguido empleo e incluso por qué han fracasado. Comentamos cómo tratan a la mamá, cuántos kilos tienen de más, qué tan jóvenes o viejos se ven, cómo se visten y especulamos si serán felices.

Hacemos conjeturas sólidas sobre las decisiones y la vida de terceros como si nosotros tuviéramos entrada exclusiva a sus conciencias, sus intelectos y corazones. Nos volvemos Ph. D. en psicología, emprendimiento, maternidad y en cualquier oficio necesario para asegurarnos que podemos hacer un dictamen certero sobre cualquier tema.

Juzgamos a nuestros seres más queridos, así como a quienes jamás conoceremos. Lo hacemos verbalmente con nuestros amigos e, incluso, mentalmente, apenas alguien nos cuenta una historia o cuando lo vemos en redes sociales.

Juzgar es un pasatiempo que nos hace desperdiciar nuestro valioso tiempo. ¿Por qué lo hacemos? Creo que va más allá de unos simples comentarios. De alguna manera, diseccionar la vida de otros nos distrae para no hacernos preguntas duras sobre la nuestra.

Esa frase cínica sobre la separación de un tercero es quizás un deseo reprimido de hacer lo mismo. Esa referencia burlona sobre la apariencia de otro puede ocultar una inseguridad sobre la propia.


Ese comentario sarcástico sobre la coquetería de otra puede disfrazar un miedo al abandono. Ese juzgamiento de por qué alguien decidió invertir en un negocio tan ridículo, tal vez esconde el temor a creer en nuestros sueños. Esa frase cínica sobre la separación de un tercero es quizás un deseo reprimido de hacer lo mismo. Esa referencia burlona sobre la apariencia de otro puede ocultar una inseguridad sobre la propia.

Si somos sinceros, podríamos percatarnos de que cada vez que juzgamos a alguien, estamos reflejando algo que pasa dentro de nosotros. Se está disparando un miedo, una rabia, un resentimiento o una inseguridad que preferimos no afrontar. Eso que criticamos, lo usamos para desviar el reflector que nos señala algo no resuelto, íntimo y recóndito. Es más fácil y menos doloroso dar sermones sobre los demás que escarbar en lo que sucede en nuestro interior.

Los reto a que antes de soltar una crítica sobre alguien, reflexionemos sobre qué nos intenta enseñar sobre nosotros mismos. Seguro encontraremos una oportunidad para crecer, en lugar de hacer un comentario para destruir.

ALEXANDRA PUMAREJO
@detuladoconalex

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