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El ‘cuerpo positivo’ es más que una moda
'Body positive'

El movimiento surgió en 1990 como una puerta para democratizar la belleza en la industria.

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El ‘cuerpo positivo’ es más que una moda

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Desde la inclusión hasta la defensa de un nuevo concepto de estética, así es el ‘body positive’.

Minutos antes de su histórica presentación en el Super Bowl, Shakira hablaba de redefinir los paradigmas en torno a la raza, los orígenes y la edad. “No importa de dónde eres o qué edad tienes, lo que importa es el mensaje”, aseguró la barranquillera de 43 años que compartió el escenario con una fuerte y nada ‘cincuentona’ JLo. Juntas rompieron los estándares mencionados por ella, sobre todo el de la edad.

Las redes sociales estallaron como un campo de batalla entre las que, por un lado, criticaban a ‘Jenny from the block’ (sobre todo a ella, por ser siete años más ‘vieja’ que ‘Shaki’) por moverse con la seducción de maestra de ‘pole dance’ de 20 años, y sobre todo, por mostrar una silueta “imposible” para la mayoría de mujeres de su edad en un vestuario revelador.

En la otra esquina del ‘ring’ estaban quienes encontraron inspiradores sus movimientos y sus conjuntos de Versace. Aunque las ganadoras fueron las de esta última vertiente, el acalorado debate volvió a poner sobre la mesa el #BodyPositive, el movimiento que ha evolucionado desde 1990, cuando las modelos con rasgos ‘exóticos’ para la época (afros y orientales) dieron sus primeros pasos en las pasarelas y que en 2005 ganó su peso en oro de la mano del diseñador Jean-Paul Gaultier, quien llevó a una Crystal Renn, talla 16, como musa de su desfile Real People en la Semana de la Moda parisina.

Este año, después de las publicaciones de ídolos como Rihanna rindiéndoles pleitesía a sus piernas voluptuosas que se acarician en cada paso y, más recientemente, el culto de la modelo de talla grande Ashley Graham a las estrías y los kilos extras de su embarazo, el ‘cuerpo positivo’ reafirmó su campeonato en las olimpiadas de la autoestima durante la mayor justa publicitaria: el ‘show’ del Super Bowl.

(Lea también: Mujeres latinas se adueñan del Super Bowl)

“Hubo un meme que a un lado mostraba: ‘Mujer de 50 años en 1985’ con la foto de Rue McClanahan, de la serie de los ochenta Golden Girls, con su pelo corto y encopetado y un suéter aburrido; al lado, ‘Mujer de 50 en el 2020’, y salía JLo en el tubo, con ‘bodysuit’ y pelo radiante. Si ser ‘cuchibarbi’ es seguir vistiéndose y tener la actitud de una persona de menos edad, entonces soy ‘cuchibarbi’, y JLo y todas las que se visten así, también. Estoy a dos años y medio de cumplir 50 y no quiero vestirme como las que tenían 50 años cuando yo tenía 20 (...) quiero llegar a mis 70 años con salud y siendo fashionista”, dice la periodista Laura Agudelo, creadora del blog de moda lapesadademoda.com y promotora del ‘body positive’ en Colombia y Latinoamérica.

De la defensa de las tallas grandes, pasando por la de las razas ‘diferentes’, atravesando el culto a los desórdenes genéticos como el albinismo y el vitíligo y enalteciendo la naturalidad del ser humano evidente en una dentadura poco armónica o con diastema, una mirada con estrabismo, una cabellera plateada y un rostro arrugado o una piel con celulitis; así ha evolucionado este movimiento que más que traducir ‘cuerpo positivo’ engloba conceptos sonados durante los últimos 15 años como la inclusión –sea por forma, tamaño, color o edad–, la democratización de la belleza, el empoderamiento femenino y la normalización estética aceptando la humanidad naturalmente imperfecta.

“En Colombia, como en el resto del mundo, el origen del movimiento se lo debemos a las redes sociales. En la televisión local siempre vimos a la Gorda Fabiola y a Constanza Hernández, que dejó el país porque no conseguía trabajo, mientras que en México está haciendo una carrera divina, (...) la quieren así, gorda. Eso se lo debemos a las redes, al ser nuestro sitio para mostrarnos ha generado concientización”, explica Agudelo.

Técnicamente, el ‘body positive’ promueve la aceptación y la apertura de la mente; pero va más allá, como lo señala la psicóloga especialista en trastornos de la conducta alimentaria Juliana Vélez, quien sostiene que si bien el objeto del movimiento es desmontar cánones irreales, promoviendo la aceptación social del cuerpo sin importar su formato, “puede que se le siga dando mucho poder a la belleza femenina, y la mujer es más que un cuerpo o una decoración, y entonces ¿qué pasa el día que no te sientas bien (porque a todas nos pasa por cuestiones hormonales y de la naturaleza femenina)?”. La experta destaca la aceptación desde el punto de vista de “ser más que un cuerpo, entender que hay diferentes cuerpos y que la balanza no te define”.

Otra de las voces del movimiento en Colombia, como Adriana Convers, creadora del blog y la comunidad de moda fatpandora.com y autora del libro ‘A todas nos pasa’, lo promueve como una bandera de género (no solo de las que tienen sobrepeso) para forjar una óptima relación con el cuerpo. “Es una respuesta de las que nos salimos de la norma y un grito de emancipación a décadas de vendernos cuerpos imposibles, de querernos meter en unas medidas en las que no todas cabemos. Es nuestra forma de decir ‘no más, nos amamos como somos (o estamos en el proceso)”.

Puede que se le siga dando mucho poder a la belleza femenina, y la mujer es más que un cuerpo o una decoración, y entonces ¿qué pasa el día que no te sientas bien?

¿Oda a la obesidad?

Como toda diáspora sociocultural (y como sucedió con JLo), el movimiento tiene sus detractores, quienes aseguran que se trata de una actitud para justificar la gordura, el desinterés por el autocuidado o hacer apología de la obesidad. “Al ser un movimiento que está estructurándose corre el riesgo de irse al otro extremo, pero está en la mira de las autoridades de salud pública, en Colombia y el mundo, por el ‘boom’ de enfermedades como la obesidad, la diabetes y la hipertensión; al estar en pleno bombardeo de prevención, no creo que el movimiento las romantice o las promueva”, afirma la psiquiatra especialista en trastornos de la conducta alimentaria Jimena Mayorga.

“Siempre recibo mensajes negativos. Los más decentes dicen que hago apología de la obesidad y represento un problema de salud pública. Nunca he negado que la obesidad es una enfermedad y tampoco le digo a alguien que ser gordo es ‘una chimba’. Mi discurso es: gorda o flaca, debo amarme aquí y ahora; por experiencia digo que si no me amo hoy, no lo haré mañana. Siempre postergué mi felicidad pensando que si fuera flaca sería feliz, y cuando llegué al peso que siempre quise era muy triste, pues atravesé problemas de salud”, comenta Fat Pandora.

“Me dicen: ‘Deberías bajar de peso por tu salud’, pero creo que los seres humanos no somos tan empáticos para preocuparnos por la salud de alguien que está detrás de una pantalla y no conocemos. Es hipocresía, disfrazar la ‘gordofobia’ tras una aparente preocupación por la salud”, agrega.

Me dicen: ‘Deberías bajar de peso por tu salud’, pero creo que los seres humanos no somos tan empáticos para preocuparnos por la salud de alguien que está detrás de una pantalla y no conocemos

“Ninguna mujer dice: ‘Quiero ser la gorda más gorda del mundo”, manifiesta Laura Agudelo, por eso, en la comunidad de ‘gordas fashionistas’ que creó hace una década nació un grupo de ‘running’ llamado Go ‘pesaditas’, go!, , que invita a mujeres con sobrepeso a ejercitarse en el parque Simón Bolívar de Bogotá; y han corrido la Media Maratón de Bogotá, la Carrera de Los Héroes, la Carrera de la Mujer, etc.

Además, la comunidad organiza ‘la feria Gorda’, una iniciativa donde “buscamos darles la opción a las mujeres de talla grande (que por muchos años se han vestido con lo que les toca), de que se puedan divertir con la ropa. La idea es crearles un centro comercial donde encontrar de todo y lo mejor es que es producto colombiano”, añade.

Esto demuestra que la tendencia viene pisando fuerte en el mundo y todo parece indicar que llegó para quedarse.

PILAR BOLÍVAR
Especial para EL TIEMPO

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