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La elección de la pareja y los amigos no es cuestión del azar
Amor y amistad

Es importante revisar el rol que se le otorga al otro. No debe estar ligado al apego ni al poder.

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La elección de la pareja y los amigos no es cuestión del azar

Es importante revisar el rol que se le otorga al otro. No debe estar ligado al apego ni al poder.

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Así construimos las relaciones de amor y amistad que celebramos este fin de semana.

Por el olor, por la imagen que proyectan, porque comparten aficiones o, inclusive, porque son polos opuestos. Muchas y muy variadas son las razones por las cuales elegimos a nuestras parejas. Sin embargo, también son numerosos los teóricos que le apuntan a la selección del ser amado a partir de un interés genético: tener descendencia.

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Desde que en 1930 Ronald Fisher planteó su ley de inversión parental –que supuso un gasto igualitario de cada integrante de la pareja en pro del retoño– se afianzó la elección de la pareja por parte de los hombres basándose en el atractivo físico, por su deseo evolutivo de perpetuar la especie mediante los genes con mayores garantías.

Si bien es innegable el nexo existente entre la bioquímica y los vínculos sentimentales, no todo depende de las hormonas y feromonas.

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Por su parte, las mujeres que eligen a su pareja, también a la luz de la teoría de Fisher, radican su análisis en variables más sofisticadas como la similitud, la personalidad del otro y diferentes aspectos no verbales, aplicando como mantra ‘no importa tanto el físico, como la personalidad’, pues para ellas el embarazo supone un gran compromiso e inversión vital.

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Sin embargo, no todos los seres humanos consolidan sus relaciones en torno a la propagación de la especie. Es el caso de los amigos, de quienes se casan bajo la convicción de no tener hijos –los llamados dinks (double income, no kids o doble ingreso, pero sin hijos)–, de los que aman en solitario o de los que construyen sus propios modelos de relaciones.

A pesar de las diferencias, en todos los modelos siempre habrá un estándar que suele repetirse. “No se si ha escuchado: ‘siempre termino con hombres o mujeres así’. Ello se da, justamente, por una necesidad de sanar viejas heridas”, asegura la psicóloga especialista en terapia de pareja Lorena Polanía.

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Se trata de los patrones de selección de las relaciones humanas y que “dependen de cada persona; cada uno los creamos, pero hay unos que se repiten con mayor frecuencia, por ejemplo: buscar quién me brinde lo que yo necesito, y que suele ser afecto, protección, cuidado y orientación”, dice Jimena Mayorga, médica de la Universidad Nacional, especialista en psiquiatría de la Pontificia Universidad Javeriana y máster en terapia familiar sistémica y de pareja de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Los patrones de selección

A veces hay detrás muchos procesos inconscientes que nos hacen elegir desde la necesidad.

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Si bien es innegable el nexo existente entre la bioquímica y los vínculos sentimentales, no todo depende de las hormonas y feromonas. Existen factores ligados a una estructura familiar previa que influyen en nuestros patrones de relacionamiento y que determinan por qué elegimos a una persona y no a otra.

Entre los patrones de selección más habituales, Mayorga enumera:

1. Buscar a un padre o una madre en el novio o amigo. Es habitual en las personas que buscan una figura de cuidador o, por el contrario, en quienes tuvieron experiencias traumáticas en la infancia y quieren sanar esas heridas.

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2. Transitar el lugar conocido. “Si ya he estado con personas manipulables o maltratadoras, seguiré eligiéndolas; es donde sé cómo reacciono y funciono, y ahí me quedo”, asegura la psiquiatra.

3. Acepto a quien me llegue. Estoy absolutamente dispuesto a recibir a quien se fije en mí (algo como resignación), lo que, según la especialista en terapia familiar sistémica y de pareja, “podría ser aleatorio, pero termina siendo un patrón, ya que no tener un patrón es el patrón”.

4. El que se parece a mí. Es la persona con quien compartimos gustos, estrato y costumbres. “Si bien esto sí tiene un valor determinante –añade la experta–, limita las posibilidades de hacer una elección consciente desde el verdadero deseo o la necesidad real (de afecto, compañía, aprobación, sentirme parte de, etc.)”.

5. El ideal. El príncipe azul, el que nos han vendido como el estereotipo de amor o amistad perfecto y que no es, necesariamente, el mismo para todos. “El más habitual es el que se parece a mi papá, a mi mamá o a mi excompañero de la U”, puntualiza Mayorga.

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El rol que se le otorga al otro

Le recuerda al padre o a la madre, porque le despierta ciertas emociones o porque el otro termina siendo el maestro o el espejo

Para expertos como Polanía, es claro que no elegimos pareja ni amigos por cuestiones del azar. “A veces hay detrás muchos procesos inconscientes que nos hacen elegir desde la necesidad; durante nuestras vidas, vamos a querer sanar diferentes procesos como abandonos, humillaciones o cualquier carencia que tengamos desde nuestra infancia, y en ese tránsito encontramos ciertas personas con ciertos patrones, o a quienes les damos un rol”.

Y si bien la especialista señala que no está mal elegir compañía porque “le recuerda al padre o a la madre, porque le despierta ciertas emociones o porque el otro termina siendo el maestro o el espejo”, sí es importante revisar el rol que se le otorga al otro y que este sea horizontal, y no vertical (ligado al apego y al poder).

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Esta revisión la realiza la persona de la mano de un profesional con el fin de, primero, descubrir la carencia que la motivó a seguir cierto patrón y, luego, reconocer los roles y comportamientos acordes a una relación sana. “¿A qué le damos poder?, ¿a que le estamos quitando?, ¿estamos estableciendo límites? Primero se hace ese análisis y luego se dan herramientas para que la relación logre el equilibrio”, puntualiza la especialista en terapia de pareja Polanía.

PILAR BOLÍVAR - PARA EL TIEMPO
@LAVIDAENTENIS

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