William McDonough, el padre de la economía circular

William McDonough, el padre de la economía circular

El arquitecto y  ‘rockstar’ del movimiento ambiental habló de la eliminación del concepto ‘desecho’.

William McDonough, arquitecto y diseñador

McDonough diseñó el edificio de Google, la sede de YouTube y la base sustentable de la Nasa.

Foto:

Jakob Polacsek / Foro Económico Mundial

Por: Carla Mandiola G. - El Mercurio (Chile) - GDA
04 de noviembre 2018 , 09:03 p.m.

Sentado en una oficina en Providencia, el arquitecto y diseñador William McDonough toma un lápiz, lo gira lentamente y dice: “Tiene plástico, acero. Pero cuando se acabe la tinta se tiene que transformar en otra cosa”.

Considerado un ‘rockstar’ del movimiento ambiental, entre otros premios y reconocimientos, McDonough recibió en 1996 el premio presidencial por el Desarrollo Sustentable de manos de Bill Clinton, y tres años después la revista ‘Time’ lo nombró ‘Héroe del planeta’. Desde que en 2002 publicó –junto al químico alemán Michael Braungart– el libro ‘De cuna en cuna: rediseñando la forma en que hacemos las cosas’, McDonough se convirtió en el padre de la llamada economía circular, que promueve la utilización de las cosas y su fabricación pensando en un segundo uso de los materiales. “No podemos diseñar algo para el fin de su vida, porque significa que se va a un basurero. Podemos diseñar para un siguiente uso”, dice.

A sus 67 años, William McDonough visitó Chile por primera vez gracias a una invitación de TriCiclos, una empresa B que se dedica al reciclaje bajo los parámetros de la economía circular. Dio charlas en empresas como Coca-Cola y Sodimac, dictó una cátedra en la Universidad Católica y se reunió con el presidente Sebastián Piñera, el ministro de Economía, José Ramón Valente, y la ministra de Medio Ambiente, Marcela Cubillos.

“Nos malacostumbramos a que uno extraía, producía, usaba y desechaba. Ese tiempo se acabó. Ahora tenemos que aprender a reutilizar, a recircular los recursos naturales”, dijo el presidente Piñera antes de dirigirse a McDonough: “William, muchas gracias, porque estamos comprometidos con lo que usted llama economía circular, y vamos a sacar el mayor provecho a su sabiduría y conocimiento”.

Oriente y Occidente

Una de las cosas que marcaron la infancia de William McDonough fueron las canciones que su mamá cantaba para dormir. Él nació en 1951, en Japón, y recuerda que se despertaba a mitad de la noche cuando iban a recolectar los desechos acumulados en la letrina de su casa. Para dormirlos otra vez, su mamá cantaba canciones americanas ‘folk’ con palabras relacionadas con desechos.

Su padre trabajaba en exportaciones para una compañía canadiense y, más tarde, se fueron a Hong Kong, donde vivió ahí hasta adolescente. Los veranos, cuenta, los pasaba en Washington, donde vio las diferencias entre Oriente y Occidente.

“Vivíamos en Hong Kong, una isla desierta, con agua cada cuatro días, durante la temporada seca. Un mundo de límites, pero compartíamos el agua. Mis veranos, en cambio, eran en un mundo de abundancia, con agua en todos lados. El resto del año vivíamos en un lugar con refugiados, pero todos se preocupaban del resto”, cuenta. La familia luego partió a Montreal (Canadá), donde vivieron tres años antes de aterrizar definitivamente en Estados Unidos. “Probablemente comencé a pensar en la economía circular en el colegio”, cuenta McDonough, antes de recordar una noche en que miraba el fuego de la chimenea.

“Miraba los palos arder y pensaba que eso era entropía: todo es un caos y nada vuelve a ser lo que era. Y yo soy de Asia, entonces sé que tiene que haber un opuesto. Tenemos el yin y el yang; así que si hay entropía, tiene que haber orden. Luego, fui a la biblioteca de física a buscar sobre entropía negativa y no encontré nada. Y la razón por la que no estaba era porque no era la biblioteca correcta. Más tarde, cuando fui a la biblioteca de arte, entendí que la vida es el orden del caos”, dice.

Para explicar lo que piensa, McDonough dibuja troncos ardiendo y a la Tierra siendo impactada por una bomba atómica. Aunque se ve serio y usa corbata de humita, su tono de voz se eleva cuando habla de la economía circular y ríe cada vez que puede.

“Tenía 18 años cuando comencé a pensar así y supe que quería hacer edificios que produzcan más energía de la que necesitan”, afirma.

Su manera pedagógica para explicar fue la misma que usó en la cátedra que dio en la UC: “Quiero hablar de diseño, porque soy un diseñador. Y los veo a todos como diseñadores. Es como ese chiste que cuando tienes solo un martillo, todo parece un clavo. El diseño es la primera señal de la intención humana. Esto nos mantendrá ocupados para siempre… Pero esa es, justamente, la idea de la economía circular”.

McDonough se convirtió en el padre de la llamada economía circular, que promueve la utilización de las cosas y su fabricación pensando en un segundo uso de los materiales

Sin propiedad

Responsable del diseño de edificios ambientalmente responsables para compañías como Google y Ford, además de las sedes de YouTube, GAP y la base sustentable de la Nasa, en 2002 McDonough publicó ‘De cuna en cuna: rediseñando la forma en que hacemos las cosas’, con el que, integrando diseño y ciencia, fue uno de los pioneros en postular la eliminación del concepto de desecho. El libro presenta tres principios: celebrar la diversidad, el uso de la energía limpia y renovable, y que todo es un recurso para algo más.

¿Cree que la economía circular podría funcionar en Latinoamérica?

Sí, absolutamente, funciona en todas partes. No tiene por qué ser de otra manera, es una idea muy económica. Recuerdo cuando empezamos a hablar de estas cosas, dijimos que no tienes por qué ser dueño de una lavadora. Lo que quieres es limpiar tu ropa, entonces no quieres realmente invertir en acero, caucho; lo que quieres es tu ropa limpia. Con la economía circular, la máquina vieja puede volver los técnicos que saben qué hacer con sus materiales.

Pero si se rompe, por ejemplo, una ampolleta, ¿se bota a la basura?

Pero imagina si se diseña un mercado para eso, donde te digan pon tu ampolleta rota aquí porque tiene un valor. Lo estarían diseñando de manera distinta. Nosotros diseñamos edificios que son pensados para el futuro, para convertirse en algo más, sin tener que destruirlo. O si quieres destruirlo, hazlo, porque sabemos los materiales que lo componen y está prediseñado.

¿Cuánto tardará en consolidarse la economía circular a nivel global?

Mucho. Cuando comenzamos a hablar de que realmente no tienes que ser dueño de una lavadora ni de un auto, es decir, de que no tienes que ser dueño de las cosas, solo necesitas usar sus servicios, la gente nos acusó de comunistas porque no creíamos en las propiedades. Así era hace 20 años, pero ahora todos creen que es normal.

¿Cree que la generación actual entendió mejor el concepto?

Sí, mis hijos creen que no tienen que ser dueños de un auto, no quieren pagar por estacionamiento, y dicen que pagarán por las cosas cuando las necesiten usar. Pero muchas de estas cosas pasan cuando las tecnologías se alinean. No podrías tener Uber si no fuera por la Inteligencia Artificial, el GPS y el sistema de pago electrónico.

¿Cómo puede una persona común ser parte de la economía circular?

Hacer composta es el ejemplo perfecto, porque estás trabajando en tu propia vida, reconociendo que las cosas pueden volver a la tierra y lo hace, esa es la mitad del juego. Por eso, el composta es tan importante, porque humano, ‘hummus’ y humildad vienen de la misma raíz. Alguien que hace composta es una persona conectada a la Tierra, porque entiende que el suelo es la fuente de la vida. Ser humilde es tener los pies en la tierra.

¿Cómo se logra, con un mercado que casi exclusivamente ofrece productos que van a expirar?

Es difícil, pero vas a llegar a un punto en que preferirás los productos ‘de la cuna a la cuna’. Estas cosas toman tiempo, la sustentabilidad toma tiempo. Pero es para siempre. No será rápido, pero lo vamos a lograr.

El libro presenta tres principios: celebrar la diversidad, el uso de la energía limpia y renovable, y que todo es un recurso para algo más

Reducir, reusar y reutilizar

Los tres conceptos claves de la economía circular son: reducir, reusar y reutilizar. Este conjunto de procesos permite que los residuos y desechos no se limiten al consumo único, sino que puedan aprovecharse en su totalidad y se reduzca el impacto negativo al medioambiente. Este modelo rompe con la concepción de la economía lineal: producir, consumir y botar, y da paso a estrategias como el ecodiseño de los productos, el desarrollo del reciclaje en las industrias y la pedagogía de la separación de residuos en las instituciones, casas de familias y ciudades.

CARLA MANDIOLA G.
EL MERCURIO (Chile) - GDA
En Twitter: @mandiu

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