Una mirada al valor de nuestras áreas marinas protegidas

Una mirada al valor de nuestras áreas marinas protegidas

Andrés Franco Herrera de Utadeo habla desde el corazón en la tierra. 

Arrecifes de coral

Las barreras de coral y las ostras son algunos de los organismos más afectados con la acidificación de los océanos.

Foto:

iStock

Por: Andrés Franco Herrera
28 de octubre 2019 , 11:07 p.m.

Colombia cuenta con 31’186.097 hectáreas de áreas protegidas, distribuidas en 1.130 nacionales, regionales o reservas naturales de la sociedad civil. Esto corresponde al 15,06 por ciento de las 207’040.800 hectáreas terrestres y marítimas que tiene el país.

Por otro lado, y según el Subsistema de Áreas Marinas Protegidas de Colombia (Samp), nuestro territorio alberga 35 áreas marinas protegidas (AMP) nacionales y regionales o subnacionales, que equivalen a 11’561.413 hectáreas, que representan el 13,73 por ciento de las zonas marinas y costeras del país, lo que nos permite superar la meta mundial Aichi del 10 por ciento para el 2020.

Es vital volver la mirada a esta riqueza. Las AMP son fundamentales para la conservación de la biodiversidad y el desarrollo económico y social, principalmente de las comunidades locales asociadas a estos espacios que resguardan en ellos tradiciones ancestrales de subsistencia; de hecho, estos soportan su identidad cultural y su crecimiento como población.

Bajo una organización adecuada y una visión biogeográfica amplia, más allá de fronteras geopolíticas, las AMP pueden ser claves para los procesos de conectividad, migraciones de especies y mejoramiento del vigor genético.

Paradójicamente, también constituyen un llamado a la sociedad y a su forma de actuar e interactuar con la naturaleza. Vale decir que si realmente contáramos con conciencia ambiental y una sociedad fundamentada en el conocimiento y el valor de uno de sus principales patrimonios nacionales, como la riqueza de especies, comunidades y ecosistemas, no habría necesidad de tener ni un metro cuadrado de áreas protegidas. En otras palabras, el impulso extractivo y destructivo del hombre es directamente proporcional al número de hectáreas por proteger.

En el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible al 2030, Colombia tiene dos metas puntuales en el ODS 14, de vida submarina: llegar al 30 por ciento de estaciones de monitoreo de aguas marinas con categoría entre aceptable y óptima en el índice de calidad de aguas marinas (Icam), y tener el 10 por ciento del territorio marítimo en AMP, lo cual ya se alcanzó.

Lograr estas metas no nos asegura que preservaremos nuestros recursos marinos; se requiere también un cambio de cultura, en el sentir y en la forma como nuestra sociedad valora la naturaleza, sus riquezas y los bienes y servicios que nos presta.

ANDRÉS FRANCO HERRERA
Director del departamento de Ciencias Biológicas y Ambientales de Utadeo.

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