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Las dudas tras la liberación de un manatí hembra asesinado en Tasajera
Manatí Julieta

Foto tomada el 7 de junio, día de la liberación del manatí hembra Julieta en Santa Marta.

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Corpomag

Las dudas tras la liberación de un manatí hembra asesinado en Tasajera

Foto tomada el 7 de junio, día de la liberación del manatí hembra Julieta en Santa Marta.

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Corpomag

La entidad no esperaba que el animal llegara a este corregimiento. Bióloga señala que hubo errores.

“Cuando llegué a Tasajera a rescatar a Julieta, tenía un ojo reventado, lleno de sangre. La tenían amarrada del hocico y la ahogaron; la cogieron a palo y a machete alrededor de la cabeza. Y, como si fuera poco, le hicieron tres tiros con un arma calibre 38”, relata Julieth Prieto, bióloga marina especialista en gestión ambiental de la Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Corpomag), sobre el día en que encontraron sin vida al manatí hembra que recién habían rehabilitado y liberado en el Caribe.

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Julieta era un manatí hembra que quedó atrapado en las redes de los pescadores el pasado 5 de junio en las playas de Bonito Gordo, en el Parque Nacional Natural Tayrona. Con la ayuda de los pescadores y del Acuario de El Rodadero fue trasladada al Centro de Atención, Valoración y Rehabilitación de la Fauna Marina en el Magdalena (CAVR) para su atención.

Para su rehabilitación se conformó un equipo de expertos de Corpomag, Acuario de El Rodadero, Parques Nacionales, Fundación Omacha y el Centro de Conservación de Manatíes del Caribe (CCM), lo que permitió que Julieta se recuperara y fuera liberada con una correa para seguimiento por telemetría satelital el pasado 7 de julio.

“En esas revisiones nos dimos cuenta de que se trataba de un manatí ya marcado, es decir, de una recaptura que verificamos con el Centro de Conservación de Manatí del Caribe en Puerto Rico, y resulta que no había sido marcada ni en Colombia, ni en Puerto Rico ni en México. Posiblemente Julieta llegó de Bélice o de otras islas”, dijo Prieto.

En entrevista con EL TIEMPO dijo que ella hizo la solicitud de liberarla, pues se encontraba en perfectas condiciones. “Según los protocolos de la ley 2064 del 2010, teníamos que soltar a Julieta cuanto antes”, agregó.

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Pero el 14 de junio, a las 8:40 a. m., Prieto recibió un video en el que pescadores de Tasajera intentaban cazarla. “El día de su liberación no invitamos prensa, pero sí a 300 pescadores de Taganga, Santa Marta, Playa Blanca, Rodadero y Pozos Colorados, pero solo asistieron 20. También hicimos la socialización con las comunidades a medida que Julieta iba llegando a sus territorios, pero no sabíamos que llegaría a Tasajera, supuse lo peor cuando me avisaron”, dijo Prieto.

Para algunos expertos, Corpomag no tuvo en cuenta el riesgo de que Julieta llegaría al corregimiento de Tasajera.

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archivo particular

Frente a lo ocurrido, para algunos expertos, Corpomag no tuvo en cuenta el riesgo de que Julieta llegaría al corregimiento de Tasajera, donde la gente caza a los manatíes para vender su carne en el marcado ilegal.

Para Sandra Vilardy, bióloga marina y doctora en Ecología y Medioambiente, hay muchas dudas sobre el proceso de liberación de Julieta: “No quiero disculpar a los pescadores, pero me cuestiono la real prevención de la Corporación ante un riesgo inminente. ¿Se tuvo en cuenta ese riesgo? Pareciera que no por las conversaciones que hemos tenido con personas que estuvieron en el proceso de liberación”.

Además, Vilardy y otros expertos se preguntan si Corpomag divulgó entre las comunidades que apenas habían liberado al manatí y que no podían cazarlo, especialmente en Tasajera.

EL TIEMPO trasladó esta pregunta a la entidad. Prieto asegura que la divulgación de la liberación la hicieron en los territorios que el manatí iba visitando, pero “no teníamos cómo saber que llegaría a Tasajera, pero hay un dato muy preciso: el 14 de junio, el día de su muerte, Julieta estuvo a las 6:30 a. m. frente a la playa del aeropuerto de Santa Marta. Luego, a las 8 a. m. entró a la Ciénaga Grande de Santa Marta, y a las 8:45 a. m. estaba siendo masacrada por los pescadores de Tasajera. ¿Te parece que eso se deba omitir por falta de educación ambiental?". Y agrega: “Varios de estos pescadores están siendo investigados y están a punto de ser capturados”.(También: ¿Qué hacer con el plástico? Nace la Escuela de Economía Circular)

Vilardy también se pregunta cuánto presupuesto destina la Corporación para temas de educación ambiental en estas comunidades que ven a los manatíes como presas, especialmente cuando la entidad recibe un presupuesto por el manejo de la Ciénaga Grande de Santa Marta, catalogada como un humedal Ramsar.

“En Colombia tenemos un ‘Plan de acción y conservación de los manatíes’ del 2003, pero siempre el tema es quién lo aplica y con qué recursos –dice Vilardy–. Por ejemplo, me gustaría saber de Corpomag, que tiene la jurisdicción donde se liberó el manatí, ¿cuántos de sus recursos se han utilizado para trabajar en temas de educación ambiental sobre los manatíes en un humedal Ramsar como lo es la Ciénaga Grande de Santa Marta, donde la probabilidad de que Julieta entrara era muy alta?”.

Prieto sostiene que la protección de los manatíes es muy costosa. “Y hoy solo se destinan cerca de 400 millones para la rehabilitación de fauna silvestre, no sabemos cuánto va para los manatíes, pero sí sé que necesitamos financiación. Si tuviéramos el presupuesto real, a Julieta le hubiéramos podido dar mejores alternativas”, respondió.
Y es que en el país hay varios casos exitosos en los que la educación ambiental logró cambiar la cultura cazadora de algunas comunidades, pero se necesitan tiempo y recursos. “Es el caso de la caimanera en Cispatá (en la zona que pertenece a Sucre).

Allí promovieron un proyecto de educación ambiental y de cambio cultural durante muchos años. Les ayudaron a cambiar su economía con temas de turismo de naturaleza con los excazadores e hicieron un proceso de recuperación de la especie, aumentando la condición de la población de caimanes en los manglares”, concluye Vilardy.

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