Sierra de la Macarena, de los cultivos ilícitos a la investigación

Sierra de la Macarena, de los cultivos ilícitos a la investigación

En 2016, el área protegida tenía 2.386 ha de coca sembradas y 1.499 ha de bosque deforestadas.

El río de los cinco colores | Especies: una nueva expedición | EL TIEMPO y Canal Tr3ceCon la salida paulatina de los actores armados de Caño Cristales, uno de los tesoros naturales más importantes de Colombia, se ha incentivado el ecoturismo y la conservación pero, paradójicamente, la apertura del espacio también expone a este ecosistema a riesgos a los que no se presentaban, como la explotación minera, la deforestación y tala indiscriminada. Este es el décimo capítulo del documental multimedia ‘Especies: una nueva expedición’, producido por EL TIEMPO y Canal Tr3ce.
La Macarena Especies

Caño Cristales, el famoso río de los cinco colores, está amenazado por la deforestación y la ampliación de la frontera agropecuaria. Foto: Antonio Castañeda

Por: Tatiana Pardo Ibarra
29 de marzo 2018 , 10:58 a.m.

Históricamente La Macarena ha sido un foco central del conflicto armado colombiano. No solo hizo parte de la zona de despeje que se estableció en el país durante el proceso de negociación entre las Farc y el gobierno de Andrés Pastrana, sino que ahí se hizo fuerte el bloque Oriental, se mantuvo secuestrada por varios años a la excandidata presidencial Ingrid Betancourt y se llevó a cabo la operación Sodoma, en el 2010, que acabó con la vida de Víctor Julio Suárez, alias el ‘Mono Jojoy’.

Durante muchos años fue un pedazo del mapa inaccesible para los investigadores que querían monitorear su biodiversidad. Fue tras la firma de la paz con el grupo guerrillero que la zona le abrió las puertas a la ciencia en un área de gran importancia ambiental por ser punto de encuentro entre los Andes, la Amazonia y la Orinoquia; acorralada por distintas actividades que la ponen en riesgo.

La serranía de La Macarena tiene características tan particulares que fue declarada monumento nacional por su importancia científica y como área de manejo especial (conformada por cuatro parques naturales y tres distritos de manejo integrado) en 1989. Sin embargo, no se conocía su estado.

“La verdad es que el conflicto armado no nos permitía estudiar la zona y tener datos científicos para respaldar la biodiversidad. Era impensable pasar por ciertos lugares porque el orden público era pesado. Ni siquiera podíamos marcar al caimán llanero, una especie amenazada, para definir sus patrones de desplazamiento porque la guerrilla pensaba que era para seguirlos o vigilarlos”, cuenta Iván Darío Escobar, encargado de los temas de posconflicto dentro de la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Área de Manejo Especial La Macarena (Cormacarena).

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Dos investigaciones científicas, lideradas por el Instituto Humboldt, han arrojado un primer panorama sobre la biodiversidad de La Macarena.

Foto:

Jorge Enrique García

Entre la selva, el agua discurre por pozos, saltos y cascadas donde vive la Macarenia clavigera, la planta acuática que le da los vistosos colores a Caño Cristales durante la época de lluvias. Se trata del sustento económico de cientos de familias que viven de los cerca de 15.000 turistas nacionales e internacionales que cada año visitan este “arcoíris derretido”. El afluente, calcula Escobar, les genera cerca de 900 millones de pesos a la autoridad ambiental y a Parques Nacionales Naturales; y un millón de pesos por persona a los operadores turísticos, que mantienen ocupados entre mayo y noviembre cuando los vistosos colores salen a relucir entre las rocas.

Pese a su importancia, ni los lugareños ni los investigadores sabían lo suficiente sobre esta planta. Por eso Cormacarena y el Instituto Alexander von Humboldt, con la colaboración del Instituto Sinchi y la comunidad, decidieron hacer una alianza para evaluar la biodiversidad del lugar durante cuatro años y formular un plan de manejo.

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MeloCachirre (Paleosuchus), durante la expedición científica del Humboldt, PNN, Cormacarena y la colaboración del Sinchi.

Foto:

Jorge Enrique García

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Equipo expedicion rios Guayabero y Duda

Foto:

Jorge Enrique García

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Pesca con atarraya en La Macarena. La pesca deportiva, regulada, sería un potencial para el turismo.

Foto:

Jorge Enrique García

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Tortuga juvenil de la especie Podocnemis unifilis.

Foto:

Jorge Enrique García

Hasta el momento se han hecho dos expediciones. En la primera (2016), 21 científicos muestrearon Caño Cristales, otros afluentes del río Guayabero, como el caño Barro y la laguna El Silencio. Incluyeron las zonas adyacentes de bosques de galería, morichales, arbustales, sabanas y ambientes naturales transformados en potreros. Se trata del primer estudio de línea base en campo para conocer qué hay y saber cómo monitorearlo y conservarlo.

Se registraron diez especies amenazadas, dos tortugas (la terecay y el morrocoy), y ocho mamíferos (la danta, el ocarro, el oso palmero, el tigre, la nutria, el perro de agua, la marimba y el choyo).

En la segunda expedición (2018) se estudiaron los ríos Duda, Guayabero y Losada. Allí se hallaron más de 150 especies de peces, cuatro serpientes acuáticas, al menos 50 aves acuáticas, cuatro mamíferos acuáticos, cuatro crocodilidos, cuatro tortugas, cuatro crustáceos, tres moluscos, una esponja y 60 especies de macroinvertebrados acuáticos.

Lo que hacen los expertos es conseguir la mayor cantidad de información sobre la presencia o ausencia de especies, en un periodo de tiempo reducido por aquello de las limitantes económicas. Todavía no se concentran en analizar su abundancia ni características particulares.

Ahora sigue un monitoreo exhaustivo de las especies emblemáticas del área. La Macarenia, por supuesto, es una de ellas. “Voy a estudiarle hasta la forma de caminar. Quiero saberlo todo de ella. Cuándo florece, quiénes son los dispersores y polinizadores, qué animales se la comen, cuáles son los animales asociados a ella. Todo...”, dice Carlos A. Lasso, investigador del Humboldt y lider del estudio.

Para el biólogo, si se logra frenar la construcción de carreteras que fracturan el ecosistema, la quema y el acaparamiento de tierras para aumentar la frontera agropecuaria; La Macarena se convertirá en un lugar extraordinario para el avistamiento de aves, el turismo científico y de naturaleza sostenible, la pesca deportiva y el careteo.

A mí me parece una buena idea que los desmovilizados de las Farc se conviertan en guardianes de este territorio porque son ellos quienes mejor lo conocen. Significa que necesitan formación en conservación y usos sostenible de la biodiversidad. Sería increíble verlos de guías turísticos con todo el conocimiento de fauna y flora del territorio”, comenta Lasso.

Más de 5.000 ha de coca en Meta

Han sido varias las afectaciones ambientales que experimenta este territorio, pero una de ellas, tal vez la más silenciosa, tiene que ver con los cultivos de uso ilícito. De acuerdo con el último reporte de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, en el 2016 se registraron 12.302 hectáreas (ha) de cultivos de coca en la región Meta-Guaviare, de las 146.000 que hay en el país.

La afectación por cultivos de coca en áreas de manejo especial sigue siendo una amenaza para la diversidad biológica y cultural del país. Aunque es en una proporción menor, las tres categorías de áreas de manejo especial con las que cuenta el país registraron un incremento del área sembrada: “en Resguardos Indígenas del 32 por ciento, al pasar de 11.837 ha en 2015 a 15.665 ha en 2016; en Tierras de las Comunidades Negras del 45 por ciento, por un cambio de 16.030 ha a 23.164 ha en 2016, y en Parques Nacionales Naturales del 27 por ciento, al pasar de 6.214 ha en 2015 a 7.873 ha en 2016”, advierte el documento.

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En el Meta se registró un área de 5.464 hectáreas de coca, un 96 por ciento dentro del Área de Manejo Especial La Macarena.

Foto:

Antonio Castañeda

Solo en el Meta (que es lo que nos concierne ahora), se registró un área de 5.464 hectáreas de coca, un 96 por ciento está dentro del Área de Manejo Especial La Macarena. De esa cifra, 2.386 hectáreas de coca están en el PNN Sierra de La Macarena y 277 en el PNN Tinigua; el resto se encuentran en los DMI.

El municipio más afectado es La Macarena, donde los cultivos están en la zona de influencia de la cabecera municipal y en el centro poblado La Sombra. Según supo EL TIEMPO, a agosto del 2017 este municipio tenía 1.635 ha de coca sembradas (566 en PNN); seguido de Puerto Rico donde los cultivos están asociados a los centros poblados de Barranco Colorado y Puerto Toledo, donde se registran 1.593 ha de coca (840 en PNN).

De acuerdo con Miguel Mejía, Coordinador nacional ambiental del Programa de Sustitución de Cultivos Ilícitos, en este momento el 60 por ciento de los cultivos de coca en el Meta ya fueron retirados. El único lugar al que no pudo ingresar la misión de Naciones Unidas fue a Puerto Rico, “pues la gente está amenazada por la disidencia”.

“Lo más difícil ha sido la construcción de confianza entre PNN y las comunidades locales, a quienes siempre se las ha negado junto con un modelo de ocupación del territorio que tiene muchas causas. Han tenido un trato marginal y muchas veces el Estado no ha cumplido, así que nos convertimos en vendedores de ilusiones”, comenta el funcionario.

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Caño Cristales, el río de los cinco colores. Científicos, por primera vez, están monitoreando el estado de salud del ecosistema.

Foto:

Antonio Castañeda

La coca, explica, es un ingreso más dentro de una diversificación productiva donde la principal fuente económica es la ganadería. “La coca no es lo que más ingresos les genera a los campesinos pero sí la que tiene el mercado asegurado de ingreso rápido en la zona”, dice Mejía.

En el Programa Nacional Integral de Sustitución de cultivos de uso ilícito (PNIS) se encuentran inscritas 2.031 familias de 48 veredas (de seis municipios del Meta) que están traslapadas con las áreas protegidas del Sistema de Parques Nacionales. La idea es que el Gobierno invierta, por familia, 36 millones de pesos en un periodo de 2 años.

El dinero será para preparar la tierra para siembras legales o trabajo en obras públicas de interés comunitario, la implementación de proyectos de autosostenimiento con cultivos de pancoger, apicultura o aprovechamiento de los frutos secundarios del bosque, así como asistencia técnica (restauración, recuperación, rehabilitación y conservación productiva de los Parques que será dada por el Instituto Sinchi).

“Es un paso importante no solo para la conservación sino para la reconciliación con la población, quienes deben ser los principales aliados del territorio”, dice Mejía.

Deforestación acelerada

“Muy lindo destacar las oportunidades que tiene este territorio, pero la realidad es que ya se está configurando un nuevo ciclo de violencia. El Estado colombiano no dimensionó lo que significa hacer presencia efectiva y aplicar la justicia. Ahora hablamos de una mixtura de actores complejos, una franquicia que dejó las Farc y afecta sitios altamente biodiversos de manera intensa y rápida”, alerta Rodrigo Botero, Director Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible (FCDS).

El escenario es el siguiente. En el año 2015, La Macarena era el cuarto municipio más deforestado de Colombia, con 4.099 hectáreas de bosque natural devoradas por variadas razones. Cormacarena concentraba cerca del 12 por ciento del total de la deforestación del país, llegando a más de 15.000 ha de bosque perdidas. En 2016 la cifra empeoró: El municipio perdió 5.238 ha y la autoridad ambiental 22.937, lo que equivale a 32 mil canchas de fútbol como las del Campín.

Luego, en el 2017 (aunque no se conocen las últimas cifras del Instituto de Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam)) el panorama siguió siendo desalentador. La Macarena aparece en todos los boletines de alertas tempranas, lo que indica que este año la pérdida de cobertura boscosa podría ser mayor. El posacuerdo, ya lo han advertido varios expertos, ha acelerado el fenómeno, en zonas que antes eran inaccesibles.

“Los bosques ubicados en los límites del PNN Sierra de La Macarena, se encuentran bajo una alta presión de transformación a causa del establecimiento de cultivos de uso ilícito y la construcción de infraestructura vial informal. Estas actividades dinamizan la expansión de la frontera agropecuaria en la región, permitiendo la ampliación de las áreas de pastizales, destinados a la ganadería o al acaparamiento de tierras”, advierte el Ideam.

Y es que La Macarena es un sistema frágil frente a ese tipo de impactos. Pese a que las expediciones del Humboldt concluyen que el ecosistema está en “buen estado de salud” y tiene una integridad biótica aceptable, cualquier afectación –por mínima que parezca– podría disminuir el caudal de Caño Cristales o afectar la transparencia del agua. En otras palabras, las buenas intenciones turísticas podrían irse al traste.

Entre octubre y diciembre del 2017 (según el último reporte del Ideam) el 70 por ciento de las alertas tempranas de deforestación se localizaron en los departamentos amazónicos de Caquetá, Putumayo, Meta y Guaviare. La deforestación está pasando en vivo y en directo frente a los ojos de todos.

“Hoy no es el campesino sin tierra, ni la coca, la minería o la ganadería lo que acelera la deforestación: son inversionistas en busca de apropiación y especulación sobre la propiedad del suelo. La pretensión de recibir la adjudicación de un baldío, al reclamar ser el propietario de un pastizal, motivado con la promesa de nuevas vías, es la principal causa de la deforestación. Los gobiernos locales parecen cómplices en este proceso”, sentencia Juan Pablo Ruiz.

Similar piensa Botero, que considera que no solo se está evidenciando un “crecimiento exponencial de la disidencia al interior del PNN La Macarena y un aumento de su influencia en el crecimiento de cultivos de coca en el triángulo de los ríos Guayabero, Cafre y Cabra; sino nuevas carreteras que rompen el Parque y la consolidación de potreros cada vez más grandes”.

TATIANA PARDO IBARRA
tatpar@eltiempo.com@Tatipardo2

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