El piraricú, el pez de la Amazonia que se salvó de la extinción

El piraricú, el pez de la Amazonia que se salvó de la extinción

En dos reservas y con el apoyo de comunidades se han multiplicado esta especie. 

Pirarucu

El pirarucú es el mayor pez de agua dulce en el planeta, y estuvo a punto de extinguirse debido a la caza excesiva.

Foto:

AFP

Por: AFP
14 de mayo 2019 , 05:49 p.m.

El paiche o pirarucú de la Amazonía, un pez codiciado por sus dimensiones prehistóricas que pueden alcanzar los 3 metros de largo y 200 kilos de peso, estuvo a punto de extinguirse. 

La pesca excesiva y la utilización de pieles para zapatos y carteras lo puso en peligro, así como al caimán açu, animales representativos de la Amazonía brasileña.

Sin embargo, hoy en día estas especies han logrado multiplicarse a raíz de una iniciativa que combina el conocimiento tradicional de las comunidades y la ciencia en las reservas de desarrollo sustentable Mamirauá y Amana. Por ejemplo, Desde 1999, la población del pirarucú saltó de 2.507 a 190.523 en 2018 en la región, gracias a la pesca de forma controlada.

Estas reservas ocupan más de tres millones de hectáreas a las orillas del río Amazonas,  fueron creadas en la década de 1990 y han sido pioneras en probar que es posible explotar recursos naturales sin destruir el medio ambiente.

Existen 39 de reservas de este tipo en Brasil, país que alberga más de la mitad de las especies animales y vegetales del planeta, y cuya vasta región amazónica enfrenta desafíos como la deforestación y la minería, además de un nuevo gobierno liderado por el ultraderechista Jair Bolsonaro, que defiende la explotación económica de la Amazonía.

"La selva nos permite usarla sin afectar su funcionamiento. Basta hacerlo de forma eficiente, basándose en la ciencia y en los conocimientos tradicionales", explica a la  Emiliano Ramalho, director del Instituto de Desarrollo Sustentable Mamirauá, centro de investigación con apoyo estatal.

Pirarucu Brasil

El aumento de la población de esta especie provocó que en 2018, su pesca rindiera 430.000 dólares de ese año. Además, las comunidades empezaron a incursionar en el ecoturismo.

Foto:

AFP

Mamirauá está a 500 km de Manaos, la capital del estado brasileño de Amazonas, y a 40 minutos en lancha de Tefé, la localidad más próxima. En ambas reservas viven un total de 15.000 habitantes. La mayoría son caboclos -como se llama en Brasil a los mestizos de blancos e indígenas-, y residen en casas flotantes y palafitos debido a la fluctuación del nivel del río, que puede variar más de diez metros entre la estación seca y la lluviosa.

Volvió el caimán

Por su parte, el caimán açu, que puede superar los cinco metros de largo y pesar media tonelada, es el mayor de las Américas y  estuvo amenazado de extinción en la década de 1980 debido a la caza, cuando Brasil exportaba sin planificación alguna su carne y su piel.

"La recuperación de los caimanes se dio al prohibir la caza y crear las reservas. El caimán negro, que casi no se veía, hoy abunda", dice la bióloga Barthira Resende, del Instituto Mamirauá.

La reserva tiene la mayor concentración de la especie en Brasil, dice Resende, y la recuperación se debió en parte al trabajo de la comunidad. "Mapeamos al animal de forma participativa. Ellos indican dónde están los nidos", explica.

Involucrar a las comunidades en la administración sustentable es una estrategia de conservación. Ellos saben que tendrán un lucro financiero.

De esa forma, sustituyeron la caza depredadora por un manejo controlado. "Involucrar a las comunidades en la administración sustentable es una estrategia de conservación. Ellos saben que tendrán un lucro financiero. Eso los lleva a proteger a los caimanes (...), a proteger las áreas de reproducción y realizar el conteo para extraer la cuota", opina la bióloga.

Un plan parecido se aplicó antes al pirarucú. "El pirarucú era difícil de conseguir, el caimán también. Ahora hay bastante. Hubo una gran recuperación", cuenta Afonso Carvalho, de 68 años, líder de la comunidad Vila Alencar, a las orillas del lago Mamirauá.

Carvalho, un indígena kaixana, explica que su pueblo caza animales siguiendo reglas, de forma controlada. "El indígena respeta el medio ambiente (...) No es depredador".

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