Reparar en vez de botar, una apuesta contra el consumo incesante

Reparar en vez de botar, una apuesta contra el consumo incesante

Es común que los aparatos se dañen sin razón aparente, varias organizaciones abogan por repararlos.

Dispositivos electrónicos

Los aparatos electrónicos son cada vez más difíciles de reparar debido a la complejidad de los sistemas y lo costoso de las partes.

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Recicreativa

Por: Nicolás Hernández Gómez
06 de octubre 2019 , 12:23 a.m.

“Tirarlos es mejor que remendarlos. Mientras más remiendos, más miserables; mientras más remiendos, más miserables...”, rezaba una de las directrices que se les enseñaba a las clases altas en el libro ‘Un mundo feliz’, escrito por el británico Aldous Huxley hace 87 años.

El contenido de esta obra puede leerse como una premonición de la sociedad actual. En el mundo de Huxley, los remiendos y las reparaciones eran actos despreciables socialmente, las personas debían comprar cosas nuevas para demostrar su estatus. Y hoy no es muy distinto.

Es la religión del ‘compra y bota’, impulsada por un hábil mercadeo, los constantes lanzamientos de todo tipo de dispositivos ‘más modernos’, el afán de consumo, el esnobismo y la famosa frase del ‘le sale más barato comprar uno nuevo que reparar este... y además, ¡estrena!’.

Como explica el economista de la Universidad de París Serge Latouche en su libro ‘Hecho para tirar’: “No se trata de crecer para satisfacer unas necesidades reconocidas (reales) –lo que estaría bien–, sino de crecer por crecer”. El consumo, entonces, se convierte en una necesidad del sistema, y en una adicción para la gente.

Nuestros abuelos y abuelas eran expertos en reparar todo tipo de cosas. En parte porque la producción en masa no se había expandido con la magnitud de hoy, pero también porque su mentalidad no era ‘consumir y consumir’, sino ‘conservar, ahorrar y cuidar’.

A partir de esa idea, la ONG Amigos de la Tierra puso en marcha su iniciativa Alargascencia, una página web que compila varios sitios especializados en donde reparar todo tipo de objetos para alargar al máximo su vida útil. De esta manera pretenden enfrentar el perverso sistema de la obsolescencia programada y la contaminación que causa botar y botar tantos aparatos; así, los principales beneficiados –según la organización– “serán los mismos ciudadanos”, por su bolsillo y por el bien del planeta en el que todos vivimos.

El consumo, entonces, se convierte en una necesidad del sistema, y en una adicción para la gente

Una de las iniciativas que trabajan con Alargascencia es Recicreativa, un espacio en el cual hay herramientas e instructores para que las personas puedan reparar sus dispositivos. Fue creado por varios ciudadanos bajo el lema ‘Una cosa menos a la basura o la calle, una compra menos y una satisfacción compartida’.

Según datos del informe ‘Global E-waste Monitor 2017’, de Naciones Unidas, en 2017 se desecharon 44,7 millones de toneladas de residuos tecnológicos. Para 2019, estima el informe, la cifra ascendería a 50 millones. Esto se traduce en que cada habitante del planeta bota alrededor de 4,2 kilos de basura tecnológica al año, algo así como 21,2 celulares iPhone 8 Plus o 4 computadores portátiles con pantalla de 15 pulgadas. ¿Quién necesita tal cantidad de tecnología al año?

Otro de los problemas que revela el informe es que la mayoría de residuos electrónicos van a parar a basureros de países pobres, y provienen principalmente de Estados Unidos y Europa. Dicho descubrimiento es consecuente con otro indicador del estudio en el cual aparecen los países que más producen desechos tecnológicos por persona: Noruega produce 28,3 kilos; Suiza, 23,3, e Islandia, 25,9.

Esta alarmante situación puede empezar a revertirse reparando los aparatos tecnológicos antes de desecharlos. La Fundación Energía para la Innovación Sostenible Sin Obsolescencia Programada (Feniss), una ONG española dedicada a luchar contra este tipo de economía, afirma que “se puede terminar con la obsolescencia programada aplicando los conocimientos y tecnologías disponibles actualmente”. Pero para ello “es necesario un cambio hacia estilos de vida menos orientados a los patrones de consumo perjudiciales para el medioambiente”.

De hecho, la Feniss desarrolló los sellos Issop (Innovación sostenible sin obsolescencia programada), que son reconocimientos a empresas que entregan productos de larga duración y de fácil reparación. Este ha sido entregado a compañías como la marca de tecnología Casio y la empresa de bombillos y lámparas ecológicas Prososphera.

Obsolescencia: el mal

Cuando alguien decide comprar un dispositivo nuevo, suele ser por algún daño físico o en el sistema del antiguo. El tema es que en la mayoría de los casos esto se debe a la obsolescencia programada. Una práctica que comenzó a comienzos del siglo XX con los bombillos.

Francia modificó su legislación en 2015 y creó una norma en la que se define a la obsolescencia programada como un delito.

Según la Feniss, “se acorta la vida del producto para hacer que la gente compre más y así acelerar el crecimiento de la economía del fabricante”. Esto va de acuerdo con lo que dice Latouche cuando afirma que “el punto de partida de la obsolescencia programada es la adicción al crecimiento de nuestro sistema productivo”. Lo cual es absolutamente irracional en un planeta con recursos limitados.

Por eso Francia modificó su legislación en 2015 y creó una norma en la que se define a la obsolescencia programada como un delito.

Una de los ejemplos más elocuentes de esta práctica es descrita por Valery Serrano, que trabajó en un centro de servicio de celulares: “Muchas personas nos llamaban porque sus celulares no podían actualizarse al último sistema operativo o porque algunas aplicaciones nuevas ya no les funcionaban con el viejo sistema. Y para eso no hay solución, con lo cual les recomendábamos, por política de la empresa, cambiar de aparato por uno más moderno”.

Sin embargo, muchas de esas actualizaciones no son vitales para que el celular funcione. “A menos que uno viva del teléfono, no es necesario que cuente con la última versión. Lo único es que algunas aplicaciones ya no se podrán descargar”, agrega Serrano, que tiene el mismo celular desde hace cuatro años y lo ha reparado tres veces en ese lapso.

El usuario debe estar atento a las señales. Debe cuidar la batería sin sobrecargarla para que su vida útil sea mayor


Tomar la decisión de reparar en vez de botar no es una utopía. Sergio Barrantes, ecologista bogotano, tiene el mismo reproductor de música desde hace diez años. Se trata de un MP3 que ha reparado tres veces por su cuenta a partir de información en Internet. “No compro uno nuevo porque no lo necesito, los arreglos han sido suficientes”, dice.

La duración de los aparatos, además de depender de la fabricación y materiales del producto, es consecuencia de un mantenimiento adecuado. “El usuario debe estar atento a las señales. Debe cuidar la batería sin sobrecargarla para que su vida útil sea mayor”, anota Juan Jaramillo, ingeniero de sistemas de la Universidad de los Andes.

Pero el hecho es que la gente está informando cada vez más y es así como millones de computadores portátiles han recibido una ‘segunda vida’ con la simple instalación de un disco duro de estado sólido de 120 mil pesos o una ampliación de la memoria ram original.

Una tarea de todos

Las personas se mueven por su bolsillo o por consciencia ecológica, pero las instituciones también comienzan a hacerlo. En el 2017, el Parlamento Europeo aprobó la “resolución sobre una vida útil más larga para los productos: ventajas para los consumidores y las empresas”, por medio de la cual se insta a que las personas reparen sus aparatos y, además, se incentiva a las empresas para que brinden servicios para este fin. Cosa que la Comisión Europea acaba de elevar a norma interna de ese poderoso bloque.

La UE es consciente de los obstáculos para un cambio de cultura, que van desde la falta de información de los lugares donde la gente puede reparar, hasta la fabricación de modelos diseñados intencionalmente para que sean muy complejos de reparar y, por tanto, resulte más sencillo y barato comprar uno nuevo. De ahí que iniciativas como Alargascencia sean fundamentales para generar la consciencia de que sí se puede reparar en vez de botar. Porque el cambio principal que se necesita es en la gente, que sigue prefiriendo botar y estrenar, a pesar de los costos que eso implica.

Según datos del Parlamento Europeo, “en Alemania, el 13 % de los talleres de reparadores de radios y televisores cerraron en un año, y en los Países Bajos, han desaparecido en este sector 2.000 empleos en siete años”.

Colombia no es la excepción. De hecho, Fredy, un hábil técnico electrónico que literalmente arregla de todo, le confesó a EL TIEMPO que le ha tocado dedicarse a los celulares, porque “ya casi nadie quiere arreglar sus electrodomésticos: prefieren botarlos a la basura y comprar otros”.

El camino para disminuir el impacto ecológico negativo que causa botar sin intentar reparar no es otro que la educación: concientizar del daño que esto causa al planeta y a nuestra economía doméstica. Y en eso los tutoriales de internet están jugando un papel clave así como las ONG que se ha puesto el overol para explicarnos que podemos vivir de otra forma y sin hacernos tanto daño.

La UE, por la ‘reparabilidad’

El camino para disminuir el impacto ecológico negativo que causa botar sin intentar reparar no es otro que la educación

La Comisión Europea aprobó este martes un paquete de medidas para alargar la vida de varios electrodomésticos, como frigoríficos, lavadoras o, incluso, televisores, y hacerlos más sostenibles respecto al consumo de agua y energía. La norma obliga a las empresas a suministrar repuestos a los usuarios y técnicos en un máximo de 15 días y por un período de hasta 10 años, para hacer que los productos duren más y generen menos contaminación.

La norma, que entrará en vigor en 2021, busca evitar que los usuarios sigan tirando a la basura productos susceptibles de ser reparados. Y plantea nuevas exigencias de durabilidad y economía de gasto para los aparatos de iluminación. En total, la Comisión Europea espera un ahorro de 150 euros al año de media por ciudadano con esta norma.

Según una encuesta del Eurobarómetro en 2017, un 77 % de los ciudadanos de la UE preferirían reparar sus bienes antes que comprar otros nuevos. Y más del 90 % estiman que los productos deberían estar claramente etiquetados para indicar su durabilidad.

NICOLÁS HERNÁNDEZ GÓMEZ
ESCUELA PERIODISMO MULTIMEDIA
EL TIEMPO

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