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¿Qué une a los mayas, las abejas y los empresarios?
20 de mayo día mundial de las abejas

Una gran variedad de plantas y tierras agrícolas dependen del proceso de polinización de las abejas.

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Guillermo Ossa / EL TIEMPO

¿Qué une a los mayas, las abejas y los empresarios?

Una gran variedad de plantas y tierras agrícolas dependen del proceso de polinización de las abejas.

Jóvenes empresarios mexicanos crean empresas ambiental y económicamente sostenibles.

Para los mayas, la civilización fundamental de Centro América que se destacó por más de dos milenios, el mundo se creó el 13 de agosto de 3114 a. C., pero el de los jóvenes empresarios mexicanos Andrea Figueroa y Rodrigo Navarro comenzó hace dos años, cuando se dieron cuenta de la importancia de las abejas para la cultura maya y para la sobrevivencia del planeta.

“Sabemos que la presión que hemos generado en nuestros ecosistemas, la deforestación masiva y el uso de agroquímicos y pesticidas están poniendo en riesgo el frágil equilibrio de nuestro planeta. Escuchamos sobre el peligro que corremos por la rápida extinción de abejas y otras especies que juegan un importante papel en la polinización de los cultivos alimenticios. Por eso proteger a las abejas se volvió una responsabilidad obligada y compartida”, le dice Andrea a EL TIEMPO desde Mérida, capital del estado mexicano de Yucatán.

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Por eso crearon Miel Nativa Kaban, una empresa nacional con fines de exportación, destinada a “promover la conservación de las abejas y abrir oportunidades justas de comercialización a los productores de la miel medicinal producida por las meliponas, abejas sin aguijón, pero que muerden para defenderse y que son identificadas en Colombia con especies como la de las angelitas”.

Las meliponas, una especie endémica en la península de Yucatán, en el sureste de México, desarrollaron la llamada meliponicultura, practicada desde la época precolombina. Pese a su baja producción, de un litro y medio de miel al año, expertos afirman que la miel de estas abejas es un 50 por ciento más rica que la de las abejas europeas, una de las especies más comunes, que producen 30 litros al año.

En la península de Yucatán, las meliponas son importantes agentes polinizadores en plantas y cultivos como el de achiote, aguacate, calabaza, café, chiles, chayote, mango, pepino, sandía, tomate, entre otros.

“Vimos la oportunidad de generar allí cadenas de valor justas y responsables en el manejo de los recursos naturales para el sector productivo de la miel y para la preservación. Lo que buscamos es construir conciencia, responsabilidad y trabajo sobre este pequeño insecto volador. Generar espacios de aprendizaje y reflexión para descubrir el fascinante mundo de las abejas y contribuir a su supervivencia y a la del planeta”, afirma Andrea.

Explica que construir “cadenas de valor justas implica vincular a los diferentes eslabones de la cadena productiva a través de la generación de espacios de aprendizaje sobre la megabiodiversidad en el mundo de las abejas, su conservación y, también, las oportunidades de comercialización de su miel y productos derivados, buscando fortalecer la economía de los productores”.

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Pero el hábitat de las meliponas, al igual que el de las mariposas, los murciélagos y los colibríes, que contribuyen también a la polinización del planeta, se encuentra amenazado por la deforestación y el cambio climático.

La polinización es un proceso fundamental para la supervivencia de los ecosistemas y esencial para la producción y reproducción de muchos cultivos y plantas silvestres. “Casi el 90 por ciento de las plantas con flores dependen de la polinización para reproducirse” y, en cierta medida, también, el 75 por ciento de los cultivos alimentarios y el 35 por ciento de las tierras agrícolas del planeta, según la ONU.

Al deforestar selvas, manglares y no cuidar los espacios donde las abejas viven ponemos en peligro su sobrevivencia, afirma Adriana Correa Benítez, académica de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Autónoma de México (Unam).

Los mayores productores mundiales de miel son China, con 551 toneladas al año; seguida de Turquía, con 114.000, y Argentina, con 76.000. En la lista también figuran Estados Unidos, Alemania, Japón, Reino Unido, Francia y Países Bajos.

Colombia todavía no exporta la miel que produce y los apicultores locales están perdiendo una gran oportunidad en los mercados internacionales en crecimiento, que hoy ocupan Argentina, Chile, México, El Salvador y otros países de América Latina, según expertos.

Un trabajo en equipo

Para Andrea y Rodrigo, el secreto de la consolidación y éxito de una empresa, en tiempos de cambio climático, está en el trabajo en equipo y con grupos multidisciplinarios. Por eso laboran con personas que pertenecen a sectores diversos, como los de la educación, investigación, diseño y producción, etc.

“Trabajamos con pequeños productores distribuidos en diferentes regiones de la península de Yucatán. Los acompañamos en el manejo sustentable de las abejas y los hacemos parte de una cadena de valor justa y responsable. Impulsamos la apropiación del conocimiento que se traduce en acciones para la preservación de las abejas nativas y, también, la diversificación de la oferta de productos hechos con miel, no solo como insumo comestible sino como detonador del desarrollo económico y sociocultural”, dice Andrea.

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Además de la miel de las meliponas, su empresa comercializa también su propóleo, la miel de las abejas Apis mellifera o europeas, el polen y las telas enceradas (ecotelas). Igualmente, refugios para abejas solitarias, jabones con miel, crema con miel, shampoo con miel, velas de cera de abeja, y está abierta a añadir nuevos productos derivados si es el caso.

Para ellos es importante el objetivo ambiental y el desarrollo económico sostenible. “Nuestras acciones promueven la sustentabilidad sociocultural y ambiental, y generan un impacto positivo en la economía de las comunidades rurales de la península de Yucatán. A través de prácticas de comercio justo honramos el trabajo de los productores, la confianza de los clientes y los recursos que nos provee la naturaleza”, afirma.

En la cultura maya, que también se desarrolló en Chiapas, Tabasco, Belice, El Salvador, Honduras y Guatemala, las abejas meliponas eran tan importantes que se realizaban hasta seis ceremonias anuales en su honor.

Se creía que fueron creadas por Itzamná, uno de los dioses más poderosos, y que eran criadas por sus súbditos por las propiedades curativas y nutricionales de su miel, como el fortalecimiento del sistema inmunológico y sus poderes analgésicos, cicatrizantes y antiinflamatorios, entre otras cosas.

Por eso y por las cualidades antibacterianas de este tipo de miel, el mercado de las abejas sin aguijón está creciendo hoy en todo el mundo.

Los mayas utilizaban
esa miel  para los trastornos respiratorios y digestivos, y aliviar enfermedades
de los ojos

“La propiedad antibacteriana de esta miel se debe a su alta concentración de azúcares y ácidos orgánicos, tales como las inhibinas, que generan un ambiente hostil que impide a las bacterias desarrollarse”, dice Andrea.

Y explica que “las propiedades antimicrobianas se asocian al contenido de polifenoles. Los más importantes son los flavonoides, que forman una familia de compuestos muy amplia, dentro de los cuales podemos mencionar: quercetina, luteolina, acacetina, apigenina, canferol, etc”.

Los mayas también utilizaban esa miel para tratar trastornos respiratorios, digestivos, circulatorios y aliviar enfermedades de los ojos, oídos, piel, boca y órganos internos. Igualmente, para bajar la fiebre y tratar las picaduras o las mordeduras de insectos y otros animales, según un estudio de la investigadora Genoveva Ocampo, del Centro de Estudios Maya del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Unam.

La miel de las abejas sin aguijón contiene, además, según Andrea, muchos elementos que “actúan directamente sobre la armonía de nuestro equilibrio biológico y muchas de las vitaminas que los bromatólogos consideran necesarias para la salud, como la A, C, D y E. También las del grupo B, tiamina, niacina, riboflavina, ácido pantoténico, piridoxina y biotina, además de ácido ascórbico”.

La apicultura, en términos generales, es un mercado en crecimiento en casi todo el mundo, pero no es fácil sacar adelante un emprendimiento como el de Andrea y Rodrigo.

“En la península de Yucatán podemos encontrar 17 de las 46 especies de abejas sin aguijón registradas en México. Algunas de ellas producen miel de alta calidad, que ha sido utilizada por los mayas desde tiempos ancestrales como complemento de la dieta alimenticia y con fines medicinales”, sostiene Andrea.

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De las 17 variedades existentes, la Melipona beecheii (abeja real, xunán kab) es la más apreciada por sus propiedades medicinales, pero produce tan solo 1,5 litros de miel al año.

Sin embargo, a pesar de los beneficios atribuidos a esa miel y a la creciente demanda, su precio está amenazado en las comunidades rurales por el coyotaje (prácticas ilegales), lo que desmotiva a muchos productores a desarrollar una actividad que es sostenible, pero no es rentable.

“Esta situación propicia la tala desmedida para la extracción de miel de colmenas silvestres, lo que pone en riesgo tanto a las abejas como a las especies de árboles en los que anidan. Además, la desinformación en todos los niveles de la cadena conlleva a que existan prácticas inadecuadas en la producción, manejo y consumo de la miel, lo que se suma a problemáticas menos evidentes como la pérdida de genética por concentración de la distribución y la relocalización de especies en territorios de los que no son nativas”, precisa Andrea.

En Colombia

La apicultura en nuestro país “se está convirtiendo en una actividad productiva, económica y rentable, en especial para habitantes de zonas rurales. La producción anual aproximada es de 4.000 toneladas de miel”, según un comunicado de la Fundación Universitaria San Martín, divulgado a principios de este año.

Pero Colombia no exporta la variedad de mieles que produce y pierde grandes oportunidades en el mercado. Por eso cursa en el Congreso un proyecto de ley que, de aprobarse, lo permitirá y podría abrir un mercado que ayudaría a la recuperación económica pospandemia, según expertos.

El proyecto de ley, para el fomento y desarrollo de la apicultura en el país, fue presentado por el representante a la Cámara Rubén Darío Molano y se aprobó en segundo debate el pasado 20 de mayo, el Día Mundial de las Abejas, declarado por la ONU “para crear conciencia sobre la importancia de los polinizadores, las amenazas a las que se enfrentan y su contribución al desarrollo sostenible” del planeta.

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La iniciativa de Molano busca, sobre todo, “impulsar la empresa familiar campesina, la asociación, la comercialización y exportación de productos apícolas, y, sobre todo, proteger y preservar las especies de abejas fundamentales en nuestro ecosistema”, según dijo en una reciente entrevista con Caracol Radio.

Frente a la cría de abejas, el proyecto “fortalece y crea nuevos instrumentos para el manejo de las colmenas, que abarcan tanto el manejo sanitario como el crecimiento del número de colmenas, que aunque ha crecido más de 50 por ciento en lo últimos 10 años en Colombia, se busca generar los incentivos e insumos técnicos para pasar de menos de 200.000 colmenas a la meta del millón de colmenas en un mediano plazo”, según el portal Abejas en la Agricultura.

Andrea admite que uno de los grandes errores que hemos cometido es subvalorar el conocimiento ancestral de los indígenas y que es hora de empezar a recuperarlo porque son los mayores conocedores de la naturaleza. “Es preciso redefinir las relaciones entre académicos, científicos y las personas que adquieren sus conocimientos en la milpa (campo), de su relación estrecha con la naturaleza y a través de la tradición oral”.

GLORIA HELENA REY
Para EL TIEMPO

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