¡Ojo! El síndrome del gato volador puede poner en riesgo a su mascota

¡Ojo! El síndrome del gato volador puede poner en riesgo a su mascota

¿Tienen los gatos siete vidas? ¿De qué se trata este síndrome? Una experta en animales responde. 

La historia de mi mascota

Inquieta, voluntariosa y de temperamento fuerte, es amiga de explorar más allá de sus límites.

Foto:

Rafael Quintero / EL TIEMPO

Por: ELTIEMPO.COM
15 de agosto 2018 , 11:58 a.m.

El primero que decidió volar fue Frodo. Un gato siamés ya entrado en años que terminó viviendo con mi mamá luego de que mi abuelo falleciera. Huraño y poco amigo de las visitas, cuenta mi madre que se asustó en medio de una junta de vecinos en el apartamento.

¿Por qué? Porque entre los invitados había un tipo de voz gruesa, gritón. De esos personajes que creen que estar en la junta de copropietarios de un conjunto residencial equivale a estar en la ONU o en el Congreso de la República.

En algún momento el personaje alzó la voz, con demasiada fuerza quizá, y Frodo, acostumbrado al silencio y a la tranquilidad, se alteró, corrió como desesperado a la cocina, vio la ventana abierta y se arrojó desde el cuarto piso. O se cayó. No está claro.

Cayó, como todos los gatos, de pie, pero le ganó el peso de su cuerpo y el estrellón contra el pavimento lo dejó malherido. Destrozado por dentro. Fue al menos una semana de agonía en una clínica veterinaria.

La avanzada edad, sumada al impacto, hicieron imposible su recuperación y falleció. Fue entonces cuando el veterinario dijo unas palabras aterradoras: “Al gato le dio el síndrome del gato volador”.

Una búsqueda rápida y poco profunda en internet revela que, en efecto, el mal está clasificado en varias páginas sobre mascotas y tiene que ver con que el felino, vaya uno a saber por qué, decide extralimitarse en su curiosidad y lanzarse al vacío desde alturas considerables. También, dicen esas publicaciones, se cae porque algo lo asusta o debido a una corriente de viento.

El caso es que gracias a su habilidad innata, siempre caen de pie, sobre sus cuatro patas. Y eso lo sabe bien Abigail, la segunda gata voladora de nuestra familia.

La historia de mi mascota

El caso es que nuestra aventurera no lo hizo una sola vez, sino tres.

Foto:

Rafael Quintero / EL TIEMPO

Abi, es blanca con manchas negras y se quedó a mitad de camino entre un gato negro y un angora. O al menos así no la definió alguna vez la veterinaria.

Inquieta, voluntariosa y de temperamento fuerte, es amiga de explorar más allá de sus límites. Por eso no era raro verla paseando de un lado a otro en el exterior de la cornisa de nuestro apartamento, que queda en un cuarto piso.

El miedo de lo ocurrido con Frodo nos hacía correr a entrarla cada vez que lo hacía.
Hasta que un día nos descuidamos (no es difícil cuando junto a Abi viven dos niñas pequeñas e igual de inquietas) y la gatita cayó al vacío.

Lo supimos porque empezamos a oirla maullar muy agudo. Como llorando. Con el corazón en un hilo corrí a rescatarla. Temí lo peor. Pero no. La desvergonzada estaba muy sentada en el pasto y mirándome con su típica cara de ‘me importa poco lo que pienses’.

La subí, llamé a la veterinaria, fue revisada y nada. Estaba intacta. “Si vomita me llaman de inmediato”, dijo la especialista. Pero no. No lo hizo, ni se mostró desorientada. Ayudó, creo yo, que cayó sobre pasto. Pero no necesariamente.

La ventana por la que se arrojó sí da a un parque, pero hay un pequeño andén de cemento. Y de hecho fue ahí donde encontré a Abi.

Solemos descubrirla afuera, en la cornisa, como tentando al destino

El caso es que nuestra aventurera no lo hizo una sola vez. Sino tres. Todas por la misma ventana, con el mismo maullido lastimero para avisar de su caída y sin consecuencia alguna para su salud… al menos hasta ahora.

Sólo hubo una forma de curar sus incursiones aéreas, fue cuando, al caer, se encontró con un perro labrador. Si a algo le tiene miedo Abigail es a los perros. Es un temor que seguro cultivó de los días que vivió en la calle, antes de que la adoptáramos. Bastó eso para detenerla. Por fortuna.

Pero últimamente ha vuelto a las andadas. Solemos descubrirla afuera, en la cornisa, como tentando al destino. Con ganas de sentir adrenalina. De revivir viejos habitos. ¡Dios nos ampare!

RAFAEL QUINTERO
EL TIEMPO

Lo que dice un especialista sobre este tipo de casos

La médica veterinaria Angélica Ruales Martínez, especialista en medicina interna de pequeños animales, respondió al cuestionario de EL TIEMPO.

La historia de mi mascota

Angélica Ruales Martínez, médica veterinaria invitada por EL TIEMPO a #LaHistoriaDeMiMascota.

Foto:

Angélica Ruales Martínez

¿Es cierto ese dicho popular de que un gato tiene siete vidas?
No es cierto, qué más quisiéramos que tuvieran inclusive más de las siete vidas. Parte de lo que ha hecho que este mito exista es que los gatos, tanto domésticos como silvestres, han podido desarrollar una modificación del punto del equilibrio o del eje central de equilibrio en su cuerpo lo que hace que tengan movimientos más rápidos y respuestas mucho más ágiles al momento del caer, salvando así sus vidas. Muchos gatos caen de alturas, no tan altas, y han sobrevivido, dando origen a este mito.

¿Existe el síndrome del gato volador?
El síndrome del gato volador o el gato paracaidista es realmente un nombre que se le puso desde la medicina veterinaria a estas acciones dado que muchos de los gatos que nos llegan a consulta, sobretodo los que viven en casas de más de dos pisos o apartamentos, ha sufrido de esto.

Han podido desarrollar una modificación del punto del equilibrio o del eje central de equilibrio en su cuerpo

Sí, lastimosamente existe y está ligado a múltiples factores como la pérdida del equilibrio dado que ellos en un punto de concentración centran su visión en eso y dejan de distinguir entre lo lejano o cercano. También puede ser consecuencia de una oleada de viento que hace que pierdan el equilibrio o sonidos que alteran sus sentidos haciendo que salten. Se han visto casos de gatos que han saltado de pisos muy altos. Por ejemplo, tuve un paciente que saltó de un piso 11 y afortunadamente sobrevivió, pero también otros que han saltado de un segundo piso y se han afectado gravemente.

¿Cuáles son las consecuencias?
Lamentablemente es un síndrome que se presenta mucho más de lo que se esperaría, que tiene un índice muy bajo de sobrevivencia si es de alturas muy altas. Desafortunadamente los animales que quedan vivos sufren lesiones graves, fracturas de múltiples huesos en zonas como el paladar, los dientes o el rostro, lo que hace más compleja la calidad de vida.

Por más que les queramos decir que tienen siete vidas y que modifican su equilibrio, muchas veces no lo logran y pueden generar en el proceso politraumatismos muy fuertes, sobretodo si caen en lugares no apropiados como matas punzantes, vidrios, rejas, alambres, arbustos, entre otros.

¿Qué medidas de seguridad tomar?
Al tener más gatos urbanos hay que tomar muchas medidas de seguridad frente a este tema en los hogares. Si vive en un lugar de más de dos pisos o lugares con balcones y ventanas, las ventanas deben permanecer cerradas o con protección y los balcones enmallados de manera transparente y segura, esto hace que disfruten del paisaje sin estar en riesgo. Además, se aconseja cerrar ductos externos de gas o chimeneas, todo aquello que llame la atención y les permita hacer escalamiento.

¿Qué hacer cuando un gato cae de una altura bastante elevada?
Se aconseja no movilizarlo sino tratar de colocarlo lo más pronto posible en algo que pueda simular una camilla. Debe cubrirlo con una manta inmediatamente y llevarlo lo antes posible a una urgencia veterinaria. Cuando usted tiene una mascota debe conocer en su zona una clínica 24 horas con hospitalización.

¿Se puede evitar que tengan este tipo de comportamientos?
Con las mallas de seguridad se ha logrado aminorar estos comportamientos. Adicional, estudios han demostrado que la mayor incidencia del síndrome de gato volador está en machos, preferiblemente los no castrados. Por eso, se aconseja una castración joven, no porque esto evite que salten sino porque evita la exploración por deseos sexuales o por llamar la atención. Esto además les genera un rechazo a salir de la casa. Siempre debe estar pendiente de ellos, por más independientes que sean.

¿Por qué estos animales aman las alturas?
Aman las alturas porque son jerárquicos, cazadores. En las casas siempre van a querer estar en lugares altos, muy pocas veces en el piso, porque desde allí pueden observar su entorno y conservar su instinto. Entre más alto, mayor jerarquía tiene.

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Recuerde que puede compartirnos la historia de su mascota al correo diarav@eltiempo.com.

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