¿Por qué cada año se registran en promedio más de 1.000 incendios?

¿Por qué cada año se registran en promedio más de 1.000 incendios?

50.461 hectáreas de vegetación fueron arrasadas por las llamas este año.

Alertan sobre incendios forestales en Cundinamarca y Bogotá

Según los reportes de la UNGRD, en 2019 se presentaron 1252 incendios. Ha 31 de marzo de 2020, van 1080. 

Foto:

Juan Pablo Bustamante

Por: Tatiana Rojas Hernández
02 de abril 2020 , 10:11 a.m.

La temporada seca está muy cerca de finalizar, y como cada año, el reporte que entrega la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) no es muy alentador: este año perdimos más de 50.000 hectáreas de vegetación por los incendios, que en su mayoría, son provocados.  

Desde el 1 de enero hasta el 31 de marzo se han registrado 1080 incendios de cobertura vegetal en el país en 431 municipios, de los cuales, solo 3 seguían activos y 2 controlados. La mayor parte de los incendios se han registrado en Cundinamarca, Boyacá, Meta, Antioquia, Huila, Casanare, Santander y Tolima.

Según los reportes de la UNGRD, en 2019 se presentaron 1252 incendios los cuales arrasaron con 86.485 hectáreas de vegetación en todo el país en el mismo periodo.

Aunque, a primera vista se podría decir que hubo una reducción de hectáreas afectadas — como lo informó la UNGRD en un comunicado —aún no se puede establecer, ya que se desconoce el total de hectáreas afectadas de las zonas en donde los incendios siguen activos como en: Casanare (Támara); La Guajira (Urumita); Norte de Santander (San Calixto); Vichada (La Primavera) y Cesar (Valledupar).

Incendio Forestal en Guasca

Incendio forestal en Guasca, Cundinamarca en esta temporada seca del 2020.

Foto:

Cuerpo de Bomberos de Cundinamarca.

Uno de los más voraces fue el incendio que se presentó en la Sierra Nevada de Santa Marta, en el departamento de Magdalena, y que incluso desplazó a indígenas de la comunidad Wiwa.

“Cerca de mil hectáreas de pastizales, rastrojos, cultivos y bosques se han visto afectadas por los incendios forestales que se han presentado, con mayor magnitud, en al menos diez lugares de la Sierra Nevada de Santa Marta”, aseguró la Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Cormag).

¿Quiénes originan estos incendios y para qué?

De acuerdo con Yolanda González,  directora del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), muchas de estos incendios son producto de una cultura de campesinos que la ceniza abona el terreno. 

"Es una cultura y un mito que debemos eliminar, porque en realidad se le quita la vida a la tierra. Esa quema genera muerte en los microorganismo que los mantiene vivos. Lo interesantes es que muchos campesinos se dan cuenta que la productividad se reduce cuando se quema", explicó González. 

A pesar de distintas entidades del Gobierno están unidas para adelantar acciones de prevención como el desarrollo de 12 talleres con las comunidades en donde más se presentan este tipo de prácticas, las cifras demuestran que algo no está funcionado.

Según Cormag,  gran parte de los incendios que se presentaron en la Sierra Nevada de Santa Marta son provocados por malas prácticas productivas, como la quema para la preparación del suelo.

Hemos encontrado una relación directa de los incendios con la preparación de tierras para cultivar, caza de animales silvestres o aprovechamiento de la miel en panales de abejas ubicados en la cobertura boscosa. Situación que se presenta todos los años durante estas épocas de verano”, aseguró el subdirector de Gestión Ambiental de Cormag, Alfredo Martínez.

Pero, en el caso de los incendios forestales en los bosques amazónicos y las sabanas de la Orinoquia, según Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS) es diferente. "Se usa el fuego para la transformación de ecosistemas naturales e incorporarlos en la producción agropecuaria".

Botero explica que, si bien las sabanas han tenido un uso cultural asociado al fuego, este fue controlado. Sin embargo, "con la llegada de la agroindustria se ha extendido su uso indiscriminado. Las sabanas se queman para luego ser transformadas por mecanización de suelos. Una forma de “civilizar la tierra” como dicen popularmente “los nuevos llaneros". 

Para el caso de la Amazonia, primero se deforesta y luego se usa el fuego para la apropiación de tierras y su transformación para, principalmente, ganadería.

Aunque históricamente ha sido usado para adecuación de pequeñas zonas por parte de indígenas y colonos, el fuego es hoy, según Botero, la principal herramienta de los delincuentes que se apropian de los bosques y tierras baldías de la Nación en la amazonia colombiana.

"Las transforman rápidamente en pastizales para incorporar ganado (o coca, o plantaciones forestales, u otras “innovaciones”) y meterlas en el mercado de tierras, y muchas veces dándole rápido tránsito a los dineros de diferente pelambre que llegan a estas regiones".

Los incendios forestales requieren una mirada más profunda que va más allá de atender la emergencia.

Incendio en la Sierra Nevada

Incendio activo en la Sierra Nevada de Santa Marta. Cerca de 100 personas que intentan sofocar las llamas.

Foto:

Archivo particular

Se necesita un plan de manejo

En los tres primeros meses del año los incendios forestales  se disparan, y cada Gobierno se enfoca, principalmente, en apagarlos. Para ello se destinaron en 2019, 314’497.600 millones de pesos, mientras que este año, según UNGRD, se usaron 271’250.000 millones de pesos.

Sin embargo, para María Constanza Meza, investigadora del Grupo de Investigación en ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecolmod) de la Universidad Nacional, los incendios forestales requieren una mirada más profunda que va más allá de atender la emergencia.

“La prevención va más allá del abordaje que hace el país que se basa solo en la supresión y algunas estrategias de prevención. Se requiere un manejo, pero nuestro marco normativo no incluye nada de manejo integral del fuego, aunque existan algunas regulaciones para quemas agrícolas o en actividades mineras. En Latinoamérica muchos países han realizado esa transición legislativa, Colombia está rezagado”, dijo.

De ahí que, el año pasado el Grupo de Investigación en Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas, de la Universidad Nacional, dirigido por la doctora Dolors Armenteras, y del que hace parte María Constanza Meza y Tania Marisol González, prepararon en conjunto con el representante a la Cámara Mauricio Toro, un proyecto de ley en torno al manejo integral del fuego en el Congreso de la República. (Proyecto de Ley 221 de 2019 sobre Prevención de Incendios Forestales y Manejo Integral del Fuego)


Uno de los objetivos del proyecto de ley es prevenir los incendios forestales o en caso de presentarse, lo hagan en una magnitud menor para que las autoridades puedan controlarlos. “Ante la relación cíclica que hay entre los incendios y el cambio climático, donde cada vez se presentan incendios más recurrentes y de mayor magnitud que a su vez generan más emisiones, el país se queda corto para hacer frente ante esta situación”, dijo Meza.

El proyecto también busca garantizar prácticas de manejo del fuego en aquellos ecosistemas que lo requieran para sus procesos ecológicos. “Por ejemplo, las sabanas naturales, aunque hay que hacer una claridad muy importante, que un ecosistema requiera el fuego no quiere decir que se deba quemar a cada rato, debe ser un régimen adecuado, ya que si se altera por ejemplo parámetros del régimen como la frecuencia, cada cuánto se presenta el fuego, se altera también de forma negativa el ecosistema”.

Un ejemplo de las actividades que se pueden incluir en el Manejo Integrado del Fuego, según el proyecto de ley, son las quemas prescritas. “Las quemas prescritas consisten en la aplicación controlada del fuego a la vegetación, ya sea en su estado natural o modificado, bajo condiciones ambientales especificadas que permite limitar el fuego a un área determinada y al mismo tiempo producir la intensidad de calor y la tasa de propagación necesarias para alcanzar los objetivos programados de manejo de los recursos.

Son importantes, por ejemplo, según Meza, porque “se usan con fines de investigación para conocer la ecología del fuego de los ecosistemas (muchos de los avances en el conocimiento mundial sobre la relación de los ecosistemas con el fuego se ha logrado a través de quemas controladas) o con fines de manejo de la tierra para reducir las cargas de combustible y así evitar incendios”.

¿Todas los ecosistemas necesitan del fuego?

De acuerdo con la investigadora, esto varía según el ecosistema. “Por ejemplo, en un sistema como la sabana natural, el uso del fuego en una frecuencia adecuada y de forma controlada, puede aportar a la productividad del sistema y a su vez mantener una dinámica ecológica".

Y agrega que no se puede generalizar. “Somos diversos en ecosistemas, en cultura y en dinámica, por eso decimos se debe crear una mesa nacional asesora para el manejo integral del fuego donde se tomen decisiones aterrizadas a cada contexto”.

Finalmente, según Meza el proyecto busca dar unos lineamientos generales para la prevención de incendios, el manejo integral del fuego y el manejo de las áreas afectadas por fuego; así como la creación de una Mesa Nacional Asesora que apoye la toma de decisiones basadas en la realidad de cada contexto considerando las dinámicas ecológicas y sociales.

De esta forma el país daría esa necesitada transición de la supresión del fuego a uno basado en la comprensión y el manejo del fuego. Cabe resaltar que la transición a una política de manejo integral del fuego, no significa abandonar la capacidad de las organizaciones públicas para el combate de incendios forestales, por el contrario estás se deben seguir fortaleciendo, dado que es una necesidad que no se puede evitar ya que hay zonas con alta incidencia que requieren protección y combate.

TATIANA ROJAS HERNÁNDEZ
Periodista de Medioambiente
leyroj@eltiempo.com@Fazinerosa

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