‘No tenemos las condiciones para enfrentar el virus’: Indígenas

‘No tenemos las condiciones para enfrentar el virus’: Indígenas

Hay  8 indígenas fallecidos, 169 casos confirmados y 300.000 familias en riesgo de contagio.

Indígenas Chocó

Hay 8 indígenas fallecidos, 142 casos confirmados y 300.000 familias en riesgo de contagio en Colombia. 

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Alexis Múnera 

Por: Tatiana Rojas Hernández
15 de mayo 2020 , 11:09 a.m.

Cada nuevo caso confirmado es un cimbronazo en el cuerpo de Rosendo Ahue, consejero de salud de la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic). Teme por cualquier población vulnerable del país, pero en especial por su comunidad, ubicada a dos horas de Leticia, por el río Amazonas, la región que hasta  el 13 de mayo tenía 871 contagiados y 29 fallecidos. La punta sur del país, en donde el 80 por ciento de la población es indígenas.

Además de ser una autoridad en su comunidad, Rosendo forma parte del comité que genera los informes sobre los indígenas contagiados y muertos por covid-19. Trabaja de la mano con el Instituto Nacional de Salud y con las secretarías de Salud de cada departamento para contarle al mundo que hay 169 indígenas contagiados, 8 fallecidos, 32 casos por confirmar, 321.611 familias indígenas en riesgo y 535.113 familias en crisis humanitaria.

En una conversación telefónica, Rosendo se atiborra de frases para explicar cómo se están protegiendo; habla de protocolos y estrategias, pero al final se rinde: sabe que el virus terminará entrando a muchos resguardos de todo el país si el Gobierno no los apoya.

Justo el pasado lunes 11 de mayo, el presidente Iván Duque anunció que va a militarizar las fronteras del Amazonas y a destinar 14 millones de pesos al hospital de Leticia. Sin embargo, el temor sigue, porque muchas comunidades tienen un contacto permanente con los pueblos fronterizos.

La gente está asustada, básicamente porque nos tienen acorralados. Leticia es la puntica colombiana que tiene frontera con Brasil y Perú, y en sus municipios fronterizos hay muchos contagiados

“Las entradas y salidas de nuestros resguardos están cerradas; se prohibieron las actividades deportivas, culturales y trabajos comunitarios. La gente está asustada, básicamente porque nos tienen acorralados. Leticia es la puntica colombiana que tiene frontera con Brasil y Perú, y en sus municipios fronterizos hay muchos contagiados y muertos. Por eso, no obstante nuestros esfuerzos por cuidarnos, esto lo hemos dejado en manos de la Madre Tierra”, dice Rosendo.

No es descuido, sin la protección del Estado no puede garantizar que toda la guardia indígena, que restringe la salida y entrada a sus territorios, tenga por lo menos un tapabocas. Lo más grave es que no tienen acceso a pruebas para conocer a tiempo los contagiados y así aislarlos. “Nosotros no tenemos las condiciones para enfrentar este virus. Solicitamos el 5 por ciento de las pruebas que el Gobierno tiene en su poder, pero aún no nos dan respuesta”, cuenta.

Aunque han ido avanzando con el Sistema Indígena de Salud Propia Intercultural (Sispi), que debe atender a 1’905.617 indígenas que hay en el país, la situación los tomó por sorpresa, según Juvenal Arrieta González, indígena embera chamí, miembro de la Onic, quien se encuentra en el resguardo Chakiama, ubicado en el municipio de Bolívar, Antioquia.

Lo más difícil –dice Juvenal– ha sido comunicar el peligro de una enfermedad occidental a los pueblos indígenas. “La mayoría viven en zonas rurales, no tienen acceso a la televisión, radio o internet; y no hemos encontrado la forma de llegar con la información en su lengua”, explica.

Hospital San Rafael de Leticia (Amazonas)

Hospital San Rafael de Leticia (Amazonas)

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Archivo Particular

Para Daniel Giraldo, candidato a doctor en Antropología de la Universidad de los Andes, claramente, en las zonas apartadas de los municipios hay un desconocimiento frente a la covid-19, porque no está en su cosmovisión. “Ellos apelan a toda su espiritualidad para enfrentarla, pero no está en su escenario cosmológico”.

Si bien algunos resguardos como el de Juvenal han acatado las medidas de prevención que ordenó el Ministerio del Interior, como suspender reuniones, los taitas, mambeadores o médicos espirituales de otros pueblos aún no entienden por qué no pueden hacer sus rituales tradicionales. “La gente está confundida”, dice un líder indígena.

Cuenta que los chamanes que hacen los análisis espirituales sobre lo que ocurre en el mundo no han visto nada en sus sueños, “y cuando esto pasa, se cuestionan si esta pandemia es real. Lo clave aquí es hacerles entender que, al ser una enfermedad occidental, no la pueden ver. Solo así les informarán a sus resguardos que deben protegerse, pese a que no la ven en sus sueños”.

Por otro lado, de acuerdo con Giraldo, la pandemia coincidió con rituales milenarios como el Yuruparí, de las familias que hacen parte del complejo sociocultural del Vaupés como los arawaks, makús puinaves y caribes.

“Cada año, entre marzo y junio, hacen una especie de curación del mundo, se forman nuevas generaciones de hombres y crean acuerdos que permiten tener una sociedad equilibrada. Para nosotros es difícil de entender, pero son rituales que en definitiva no pueden parar”, menciona Giraldo.

Los pueblos indígenas somos portadores de los sistemas de conocimiento que sustentan la existencia misma de la Amazonia

Medicina tradicional

En términos de atención a la salud, el líder espiritual de cada pueblo indígena se ha hecho cargo, porque saben que los hospitales municipales ni siquiera están respondiendo por el hombre blanco. Es el caso del Amazonas, en donde los médicos del hospital San Rafael de Leticia han renunciado en dos ocasiones por falta de garantías de bioseguridad.

Por esta situación, algunos chamanes piden que sean reconocidos como parte del equipo médico y se les asignen elementos de bioseguridad o por lo menos les suministren jabón, guantes y tapabocas, elementos que muchos resguardos no tienen.

Según Rosendo, como ocurre con cualquier enfermedad, cada pueblo usa sus propias plantas medicinales para protegerse. “En el país hay 107 pueblos indígenas, y todos manejamos el tema de la salud muy diferente. Usamos distintas hojas, raíces, cogollos para que cuando la enfermedad llegue, el cuerpo la pueda vencer”, explica.

En las comunidades que habitan en el Putumayo, como el pueblo inga, en donde las amenazas no paran contra los lídes indígenas, es muy usado el yagé.

“En el mundo, el pueblo inga es reconocido por ser el que más sabe de medicina. En nuestro caso, somos seguidores del yagé, es nuestra planta sagrada, que sana nuestro cuerpo y el espíritu”, cuenta Hernando Chindoy, representante legal de la entidad territorial indígena Atun Wasi Iuiai (Awai) del pueblo inga.

Sin embargo, Chindoy no puede evitar decir que la enfermedad se ha quedado en un segundo plano.

“Ahora se siente más el asesinato selectivo que la misma enfermedad. Hace un mes, en la Bota Caucana, algunos líderes recibieron amenazas por medio de panfletos y llamadas de grupos armados. Ya se fueron de sus comunidades, pero es como si el país se quedara sin Presidente en este momento”, dijo.

Seguridad alimentaria

Para garantizar que la gente no salga de los resguardos, lo cual es hoy el único método seguro para prevenir un desastre sanitario –dice Juvenal–, es necesario garantizar la comida.

“No nos quedaremos encerrados si no tenemos ni siquiera un plátano con agua y sal para comer”. Y, aunque el Ministerio del Interior les prometió mercados, asegura que a algunos resguardos no han llegado; en otros han sido insuficientes, porque las familias indígenas son numerosas.

De ahí la propuesta que le hicieron al alto comisionado para la Paz: implementar proyectos de seguridad alimentaria en los resguardos.


“Necesitamos sembrar productos de cosecha temprana, como el maíz y frijol, y tener animales que suministran la proteína, como pollos y cerdos. Le dijimos al Gobierno que para garantizar la comida de 600 familias tenemos que sembrar unas 600 cuadras de tierras. Un proyecto que costaría unos 200 millones de pesos. Pero la respuesta es que esperemos hasta junio, pero de aquí a eso, ¿qué vamos a comer?”, pregunta Juvenal.

Para que sus llamados sean atendidos y no se queden divagando por la selva, voceros de las asociaciones de autoridades indígenas del Caquetá y del Amazonas enviaron diferentes cartas al Gobierno para que tome medidas urgentes y así encarar la crisis humanitaria que ya se vive en algunas poblaciones. Les recuerdan: “Los pueblos indígenas somos portadores de los sistemas de conocimiento que sustentan la existencia misma de la Amazonia. La preservación de este ecosistema es fundamental para el presente y el futuro, tanto del país como del planeta”.

En el caso de la Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonia Colombiana (Opiac), crearon un fondo en vaki (vaki.co/vaki/ApoyaLaVidaVinculatePorLaAmazonia) para reunir recursos de donantes y así comprar elementos de bioseguridad.

REDACCIÓN MEDIOAMBIENTE
leyroj@eltiempo.com

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