‘No hay tiempo que perder para evitar un desastre climático’: Gates

‘No hay tiempo que perder para evitar un desastre climático’: Gates

Entrevista con el multimillonario y fundador de Microsoft por la publicación de su reciente libro.

Bill Gates

Bill Gates explica que el reto es cambiar la totalidad del sistema energético mundial.

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AFP

Por: Connie Hedegaard - Project Syndicate
21 de febrero 2021 , 12:41 a. m.

Permítame comenzar con una confesión: durante años no pensé que el cambio climático le interesara mucho. Recuerdo claramente una sesión a puerta cerrada en Davos hace algunos años, la discusión giró hacia el clima, en vez de hacia otras cuestiones relacionadas con la sostenibilidad, y usted abandonó la sala.

Ahora, poderosa y enfáticamente, plantea que es necesaria la acción climática urgente. Y empieza su libro describiendo este viaje: al principio era “difícil aceptar que mientras los humanos sigan emitiendo gases de efecto invernadero, las temperaturas seguirán subiendo”; solo después de consultar nuevamente a un grupo de científicos dedicados al clima, y “hacer muchas repreguntas”, fue cuando finalmente “lo capté”. 

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¿A qué atribuye su resistencia inicial y cómo se puede aprovechar su experiencia para sumar a otros a la causa?

El mundo cambió mucho desde que empecé a estudiar el cambio climático: hoy sabemos más y hay un mayor consenso sobre el problema. De todas formas, para mucha gente aún es difícil aceptar que con solo reducir las emisiones –en vez de procurar eliminarlas– no alcanza. También es difícil aceptar el grado de innovación necesario para hacerlas desaparecer: es decir, reconstruir el sector energético, la mayor industria del mundo. En el libro explico los motivos que me persuadieron, y espero que convenzan a otros. E insto a los defensores del clima a continuar con su reclamo para eliminar las emisiones.

Desde la analogía de la bañera hasta la alegoría del pez, usted dedica mucho esfuerzo a lograr que conceptos y datos complejos sean más comprensibles. ¿Cree que es la clave para que cambien de idea quienes, no obstante la ciencia y los datos, siguen pensando que podemos seguir como hasta ahora?

Aunque el libro no está dirigido específicamente a los escépticos sobre el cambio climático, ciertamente espero que los convenza de que debemos invertir seriamente en las energías limpias. Los países que más impulsen la innovación en este campo contarán con la nueva generación de empresas revolucionarias, junto con todos los puestos de trabajo y la actividad económica que las acompañarán. Por eso es inteligente invertir en ello, incluso si uno no está convencido en forma incontrovertible de que los humanos estamos causando cambios en el clima que tendrán consecuencias catastróficas si no les ponemos freno.

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El covid-19 no solo puso de relieve los costos de ignorar a la ciencia, sino que, además, demostró que los cambios conductuales a gran escala son posibles. Pero, como usted señala, también nos dejó otra lección fundamental: la baja reducción (10 %) de las emisiones de gases de efecto invernadero a causa de los confinamientos. Es decir que los cambios conductuales, como volar o conducir menos, distan de ser suficientes. ¿Qué otras lecciones aprendimos durante la pandemia que podamos aplicar al cambio climático?

Una lección es la contracara de la idea de que volar o conducir menos no alcanza: necesitamos una innovación masiva para que la gente pueda volar, conducir y participar de otras maneras en la economía moderna sin causar emisiones. Este es un desafío aún mayor que el de la producción y distribución de las vacunas contra el covid-19 (la mayor campaña de salud pública en la historia). De todas formas, será necesaria la misma cooperación estrecha entre los gobiernos en todos sus niveles y con el sector privado. Y así como todos tenemos que colaborar usando tapabocas y manteniendo distancia, también debemos hacerlo para reducir las emisiones. La gente puede promover políticas que aceleren la transición para llegar a cero y puede reducir la ‘prima verde’ a través de la compra de productos con nulas o bajas emisiones de dióxido de carbono, como automóviles eléctricos y hamburguesas a base de vegetales. Así atraerán más competencia hacia esos sectores y, en última instancia, llevarán a que ‘ser verde’ resulte más barato.

Usted afirma en su libro: “Podemos inventar (las herramientas que necesitamos), implementarlas y, si actuamos con suficiente velocidad, evitar una catástrofe climática”. ¿Qué experiencias o lecciones lo llevan a pensar eso?

He visto de primera mano la forma como las inversiones en investigación y desarrollo pueden cambiar el mundo. Las investigaciones patrocinadas por el Gobierno estadounidense y las empresas de ese país hicieron posibles los microprocesadores e internet, que dieron lugar a una energía emprendedora fenomenal para crear la industria de los computadores personales. Del mismo modo, el esfuerzo del Gobierno de EE. UU. para mapear el genoma humano produjo avances revolucionarios en el tratamiento del cáncer y otras enfermedades.

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En cuanto a reducir las emisiones a cero, yo mismo veo trabajos sorprendentes. El Breakthrough Energy Ventures, el fondo privado que creé con varios socios, ha invertido en más de dos docenas de empresas que trabajan para producir cemento y acero, generar y almacenar grandes cantidades de electricidad limpia, criar animales y cultivar plantas, transportar personas y fabricar productos y calefaccionar y refrigerar nuestros edificios con emisiones bajas o nulas de dióxido de carbono. Muchas de estas ideas no tendrán éxito, pero las que sí lo tengan podrían cambiar el mundo.

Como usted dice, sin embargo, “innovar no es simplemente desarrollar nuevos dispositivos, también implica desarrollar nuevas políticas para que podamos implementar esas invenciones en el mercado lo más rápidamente posible”. Muchos países europeos introdujeron mecanismos para gravar las emisiones de CO2 y reducir la cantidad de desechos. ¿Esas políticas están cambiando la estructura de incentivos de manera significativa?

Poner precio al dióxido de carbono es una de las políticas que tendrán impacto, como parte de un enfoque general en el cual la meta sea aumentar tanto la oferta como la demanda de grandes adelantos para las energías limpias. En el libro menciono una amplia gama de ideas adicionales, por ejemplo: algo que los gobiernos pueden hacer para ampliar la oferta de innovación es expandir dramáticamente el financiamiento para la investigación y el desarrollo en energías limpias (‘recomiendo que se quintuplique’). Del lado de la demanda, además de fijar precios para el dióxido de carbono, hay cosas como las normas sobre la participación que deben tener las fuentes sin emisiones de dióxido de carbono en la producción eléctrica o de combustibles... Debemos innovar en las políticas tanto como en la tecnología.

Necesitamos una innovación masiva para que la gente pueda volar, conducir y participar de otras maneras en la economía moderna sin causar emisiones

¿Cuál es el papel de los gobiernos en todo esto?

Necesitamos que los gobiernos actúen para solucionar este problema, estamos hablando de la transición de la totalidad del sistema energético mundial a una velocidad sin precedentes. Las inversiones del sector privado por sí solas no tendrán éxito, a menos que contemos con condiciones de mercado que premien la innovación y permitan que las tecnologías limpias puedan competir. Necesitamos que los gobiernos creen ese entorno. Hace falta, entonces, acción gubernamental, que debe ser dirigida, robusta y predecible. También por esto hablo de la innovación no solo en tecnología, sino también en la política y los mercados. Necesitamos que los responsables de las políticas piensen en forma creativa acerca de la manera correcta de impulsar la innovación en energías limpias, fomentar la igualdad de oportunidades y acelerar la transición energética.

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Y ¿cuál es el papel que deben desempeñar las universidades?

La ciencia, investigación e ingeniería en las universidades del mundo es uno de los factores más importantes para que logremos reducir a cero las emisiones. Pero es necesario que los descubrimientos salgan del entorno universitario para incidir sobre las empresas, las nuevas políticas y el mercado. Todo eso es fundamental para evitar un desastre climático.

Usted enfatiza que la justificación moral de la acción climática es tan sólida como la económica, porque el cambio climático perjudica de manera desproporcionada a las personas más pobres. Pero también señala que incluso una prima verde muy baja para descarbonizar el sistema eléctrico de Estados Unidos en su totalidad puede resultar excesiva para los hogares con bajos ingresos. Y los países en vías de desarrollo están en una posición mucho más débil para lograr una transformación de esta envergadura. ¿Cómo superar este desafío?

Este es un tema extremadamente importante. Los países con ingresos bajos y medios usarán más energía en las próximas décadas, a medida que salgan de la pobreza. Todos debiéramos desear que esa energía sea limpia, pero esos países solo usarán energías limpias si son tan baratas como los combustibles fósiles en la actualidad. Entonces, si usted es el líder de un país rico, debe preguntarse qué hace su gobierno o empresa para que la transición a las energías limpias resulte asequible para el mundo en su totalidad –incluidos los países con ingresos medios y, eventualmente, bajos–. La mayor inversión en investigación y desarrollo y las demás políticas deben orientarse hacia esta meta. Muchas de las empresas en las que estoy invirtiendo trabajan en ideas que serían asequibles en los países con bajos ingresos.

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Usted se cuenta entre un creciente grupo de líderes empresariales que reconocen públicamente el papel fundamental de los gobiernos en proyectos trascendentales como parar el cambio climático. ¿Para superar este desafío será necesario un papel más importante del sector público?

La transición hacia las energías limpias tendrá que contar con el impulso tanto de los gobiernos como del sector privado en un trabajo conjunto, exactamente como sucedió con la revolución de los computadores personales. Implicará un mayor papel para los gobiernos, pero solo porque hasta ahora su intervención ha sido relativamente pequeña. Consideremos la quintuplicación de la inversión en investigación y desarrollo del sector público, sobre la que conversamos antes. Ese aumento pondría la investigación sobre energías limpias a la par de la investigación para la salud en EE. UU. Y así como tenemos a los Institutos Nacionales de Salud para supervisar y coordinar ese trabajo, debiéramos crear los Institutos Nacionales de Innovación Energética (Inie).

Un Instituto de Descarbonización del Transporte sería responsable del trabajo sobre los combustibles con bajas emisiones. Otros institutos tendrían responsabilidades similares y la autoridad para investigar sobre el almacenamiento de la energía, las energías renovables, etc. Los Inie también serían responsables de coordinar con el sector privado. La meta sería contar con investigación proveniente de los laboratorios nacionales que permita crear productos revolucionarios que lleguen al mercado a una escala muy grande. Necesitamos políticas que aceleren el proceso completo de innovación, desde la investigación hasta la implementación masiva.

En un punto del libro usted escribe que “más allá de buscar formas de producir materiales sin emisiones, sencillamente podemos usar menos cosas”. El capitalismo depende del consumo: ¿una solución verdadera de la crisis climática depende de una nueva visión del capitalismo para el siglo XXI? ¿Podría basarse ese sistema en una comprensión nueva y más cualitativa del crecimiento?

Creo que la gente en los países ricos puede y debe reducir un poco sus emisiones. Yo estoy dando una serie de pasos para reducir y compensar mis propias emisiones; pero el uso de la energía se duplicará en el mundo para 2050, impulsado por un crecimiento significativo en los países con ingresos bajos y medios. Ese crecimiento es bueno, porque significa que la gente vive de manera más sana y productiva, pero tenemos que hacerlo en forma tal que no dificulte aún más la solución del tema climático. Por eso necesitamos innovación que lleve a que la eliminación de las emisiones sea lo suficientemente barata para todos en el mundo.

Usted escribe que su libro “se trata de lo que haré (para evitar una catástrofe climática) y por qué creo que puedo hacerlo”. Con la mano en el corazón, ¿cree que empezaremos a comportarnos como es debido a tiempo?

Sí. Como escribo al final del libro, soy básicamente optimista porque he visto lo que la tecnología puede lograr... y lo que la gente puede lograr. Lo que necesitamos es dedicar la próxima década a establecer las políticas, tecnologías y estructuras de mercado correctas para que la mayor parte del mundo logre reducir las emisiones a cero para 2050. No hay tiempo que perder.

CONNIE HEDEGAARD*
© Project Syndicate* Connie Hedegaard fue comisaria de la Unión Europea para la Acción Climática (2010-14) y ministra de Medio Ambiente de Dinamarca (2004-07).

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