‘Macarena pódcast’: historia de Caño Cristales contada por una familia

‘Macarena pódcast’: historia de Caño Cristales contada por una familia

Este proyecto cuenta cómo fue vivir en un lugar hermoso y a la vez más peligroso del país en 1990.

Macarena

Sarita y sus cinco hijos en La Macarena, el lugar que fue su hogar hasta que la guerrilla de las Farc los amenazó.

Foto:

CORTESÍA FAMILIA FERNÁNDEZ CORTÉS

Por: Tatiana Rojas Hernández
21 de junio 2020 , 03:11 a.m.

En diez capítulos, ‘Macarena pódcast’ narra la historia de una familia que llegó a  La Macarena, Meta, en 1980 con el sueño de vivir de manera autosostenible en la selva. También es la historia de una pareja que se convierte en un referente de conservación para sus vecinos en una pequeña vereda cerca de Caño Cristales, ese ícono del turismo que el acuerdo de paz develó al mundo. Pero también es la historia de una familia víctima de la guerra por razones ilógicas y que terminó exiliada en Canadá durante los últimos 16 años.

Sarita Cortés y Melco Fernández, dos jóvenes de Villavicencio que no encajaban en las normas de la sociedad de la época, decidieron dejar todo por comenzar una nueva vida en La Macarena. Tuvieron cinco hijos que crecieron libremente en los bosques tupidos de esa región de la Amazonia. Varios de ellos nacieron en las aguas de Caño Cristales.

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Ella era docente, vegetariana y disfrutaba del paraíso al que había llegado. Él, un artista errante y ecólogo, les construyó una casa en forma de pirámide en donde harían realidad su proyecto familiar: vivir de la selva sin acabar con ella.

Poco a poco ese sueño fue cambiando, porque entendieron que no lo lograrían si sus vecinos no les ayudaban a cuidar. Promovieron la educación ambiental y el ecoturismo cuando pocos o casi nadie sabía de lo que se trataba. Pero sus ideas incomodaron a personas poderosas de la región, y un día ese sueño se desbarató.

Melco no había recibido amenazas ni advertencias, fue asesinado sin aparente razón y por personas cuyo paradero no se conoce hasta el momento. Era 1994, y este diario registró la noticia así: “Asesinado el guardián de La Macarena. Los criminales preguntaron por el ‘profesor Melco’, como se lo conocía en la región. Y seguidamente lo atacaron en presencia de su familia”.

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Así era la casa que la familia Fernández Cortés construyó en La Macarena. Una casa en forma de pirámide.

Foto:

CORTESÍA FAMILIA FERNÁNDEZ CORTÉS

Tiempo después, cuando Sarita había decidido continuar con el proyecto de hacer ecoturismo en la zona junto con sus hijos, el temor de perder otro integrante de la familia hizo que pronto tuvieran que salir de la zona. Esta vez las razones eran más claras, pero no menos ilógicas: Sarita se oponía a una carretera que las Farc querían construir en medio del Parque Nacional Natural La Macarena.

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Una mañana se marcharon, sin imaginar que sería la última vez que estarían en La Macarena. Entraron a formar parte de esa larga lista de familias colombianas exiliadas por el conflicto armado. Llegaron a Canadá, en donde han vivido los últimos 16 años.

Por muchos años, su historia familiar fue una leyenda que los guías repetían entre los turistas que llegaban a Caño Cristales.

Sin embargo, para la familia su pasado era una historia prohibida. Nadie hablaba de la muerte de Melco, y todos sentían un resentimiento por Colombia. Solo recientemente, Seluna Fernández Cortés, la segunda de los cinco hermanos se dio a la tarea de unir a su familia para contar y dejar en la memoria y en un pódcast su vida en La Macarena.

Puede escuchar el pódcast aquí

Sarita se opuso desde un principio a que la guerrilla de las Farc hiciera una carretera que atravesaba todo el parque La Macarena, y que al final hicieron.

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El pódcast está disponible en Soundcloud, Spotify, Google podcast, Apple podcast, Spreaker y Stitcher.

Foto:

Cortesía La Macarena pódcast

¿Cómo fue la creación de este pódcast en el que participó toda la familia?

Con todo este dolor, no queríamos recordarlo. Nadie hablaba de lo ocurrido en Colombia. Pero en la familia yo siempre he sido la curiosa y una vez pensé que había algo muy clavado en mi pecho que tenía que sacar, y es la muerte de mi padre. Entonces, inicié toda esa lucha familiar de reconciliarnos con nuestro pasado.

Luego, cuando estaba en la universidad haciendo mi maestría conocí a Andrea Díaz Cardona. Coincidimos en un mismo proyecto, yo desde el diseño y ella en la parte sonora. Para esa época, algunos miembros de la familia ya habíamos regresado a Colombia, y para mí era chévere conocer a más colombianos, y de mi edad, porque no tengo referentes o historia en común. Yo tenía 18 años cuando salimos de Colombia.

De ahí nació la idea de narrar mi historia, pero yo sabía que tenía que incluir a toda mi familia y a la gente con la que crecí en La Macarena, porque ya nos habíamos reencontrado. Entonces, con Andrea quisimos hacer un pódcast sobre lo que ocurrió en La Macarena en los 90, pero contada a través de una familia.

Para ello fue muy importante regresar y hablar con quienes fueron nuestros amigos cuando estábamos allá y respetar su punto de vista, porque ellos siguen viviendo la guerra. Al final fue una cocreación, es decir, toda la familia y las personas que nos ayudaron en La Macarena se involucraron en el proceso de creación.

La historia está dividida por capítulos, y en cada uno se descubre una etapa familiar. En casi todos se habla del proyecto de vida de Sarita y Melco. ¿De dónde nace ese sueño?

Fue un sueño que Sarita, mi madre, tuvo desde muy joven. Ella llegó a La Macarena a los 27 años huyendo de su familia que vive en Villavicencio, porque ella sufrió mucho en su infancia por maltrato intrafamiliar. Dejó todo y llegó a La Macarena como profesora, pero se dio cuenta de que no podía decirle a la gente que cuidara el bosque y los animales, porque ella tenía un sueldo y ellos no. Así que dejó su trabajo y empezamos a vivir como los demás campesinos.

Poco a poco fueron moldeando su forma de vivir, pero el objetivo inicial de los dos era cómo hacer para ser autosostenibles en medio de la selva sin acabar con ella. Pero a medida que trabajan en su proyecto familiar se dan cuenta de que no pueden ignorar lo que ocurre a su alrededor. Deciden entonces mostrarle a la gente cómo vivir de manera sostenible en la selva.

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Toda la familia unida, incluido Melco Fernández, conocido como el guardián de La Macarena.

Foto:

CORTESÍA FAMILIA FERNÁNDEZ CORTÉS

¿Cómo fue vivir en La Macarena?, porque una cosa era lo que la gente veía en las noticias en 1990 y otra fue lo que ustedes vivieron.

Fueron dos etapas, antes del asesinato de mi padre y después. Antes de la muerte de Melco, para nosotros era normal pedirle permiso a un árbol que se iba a talar. Lo que nos ayudó mucho fue tener las dos caras de vivir en un lugar así. Porque muchos niños que crecen en La Macarena, no tienen este concepto de la belleza de este lugar, porque no han conocido nada más, no comprenden que deben conservarlo. En cambio, para Sarita y Melco fue muy importante que nosotros fuéramos conscientes de lo que teníamos.

También nos dábamos cuenta de lo fácil que era juzgar a los campesinos como los deforestadores de La Macarena, porque nosotros veíamos que no tenían qué comer. Entonces, vimos cómo el Estado ponía leyes sin conocer la realidad de La Macarena. Por eso, para mí fue muy importante poner en evidencia eso en el pódcast.

Después de que asesinan a mi padre, yo tomo un rol distinto en la familia, tenía cuatro hermanos que cuidar. También conocí la mezquindad de la gente, y supe que nuestro cuento de hadas había terminado. En medio de todo, como nunca supimos quién mató a mi papá, seguimos dando ejemplo a la gente. Su sueño de cuidar y conservar lo seguimos nosotros.

¿Entonces, la razón por la que amenazan a Sarita es la misma razón por la que asesinaron a Melco?

Sí, es más claro cuando amenazan a mi mamá, porque estábamos en una zona de distensión (en el marco del primer proceso de paz con las Farc, en el gobierno de Andrés Pastrana). En cambio, a mi papá nunca lo amenazaron, nunca le hicieron nada. De un día para otro lo mataron, solo que nosotros, hilando su historia, entendimos que por intentar conservar el bosque a otra gente no le gustaba. En cambio, con Sarita fue directo. Sarita se opuso desde un principio a que la guerrilla de las Farc hiciera una carretera que atravesaba todo el parque La Macarena, y que al final hicieron.

¿Cómo enfrentaron ese momento de exilio?, porque en el pódcast se siente que ustedes solo pertenecen a La Macarena.

Cuando nosotros salimos de La Macarena, pensamos que regresaríamos en unos meses. Llegamos a Bogotá y entendimos que nada sería lo mismo, porque empiezan los ataques directos a Sarita. Entonces, por la intranquilidad, tomamos la decisión de irnos de Colombia porque no queríamos perder a mi mamá. Luego, cuando llegamos a Canadá creímos que solo estaríamos 1 año o 2. Fue siempre la sensación de que no pertenecíamos a otro lugar que no fuera la Macarena. Pero, 12 años después, ya habíamos construido toda una vida en Canadá, y cuando volvimos a La Macarena ya no era lo mismo.

Doce años después, ustedes deciden regresar a esa casa en forma de pirámide que construyen en familia en medio de la selva. ¿Cómo fue ese reencuentro?

No encontramos nada de nuestra casa. Primero, Sarita y uno de mis hermanos fueron con la intención de saber que el terreno estaba ahí para nosotros, porque para la familia es muy importante conservarlo, representa nuestra historia. En ese primer acercamiento, la acogida de la gente fue muy bonita. La gente reconoció a Sarita, y eso nos llenó de alegría porque, pese al miedo que tenía de regresar, ella encontró mucho cariño. Luego fui yo, y pasó lo mismo. La gente me decía: “¿Usted es la hija de Melco?”, por fin la conozco”.

Y, en términos ambientales, ¿cómo encontraron La Macarena?

Eso fue duro, porque el paisaje cambió drásticamente. En el pódcast contamos ese cambio por la deforestación. En Caño Cristales no se ve, porque está ubicado en un lugar rocoso donde no hay bosque, pero en todos los lugares en donde nosotros caminábamos y había bosque tupido, ahora solo es potrero.

A Sarita le dio muy duro, pero al mismo tiempo tuvo esperanza porque muchas personas que la conocieron le hablaron de conservación y de ecoturismo. Ahora sabemos que la deforestación está disparada, porque nuevos campesinos han llegado a tumbar.

Sin embargo, el Ejército está cogiendo al campesino que tumba un árbol para hacer su potrillo, para mostrar resultados, yo vi la situación. A un joven que estaba talando un árbol, lo cogió el Ejército y se lo llevó. Pero no cogen a los que están deforestando para hacer ganadería, porque es gente con poder y que han llegado a la zona a construir sus haciendas.

TATIANA ROJAS HERNÁNDEZ
REDACCIÓN MEDIOAMBIENTE
leyroj@eltiempo.com

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