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Los peces del río Grande del Magdalena: únicos y amenazados
Peces del Magdalena

Las aves que revolotean por el imponente y carmelito río Magdalena dependen de la gran variedad de peces que allí habitan.

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Felipe Villegas (Instituto Humboldt

Los peces del río Grande del Magdalena: únicos y amenazados

La contaminación hídrica y sobrepesca, tienen en alto riesgo a más de 100 peces únicos de esta zona.

En los últimos 50 años, los niveles de deforestación en la cuenca del Magdalena han superado el 70 por ciento. Entre tanto, la pérdida de sus áreas de humedales y ciénagas excede el 80 por ciento, impactos que han generado un incremento del 34 por ciento en las tasas de erosión desde la década pasada.

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“El Magdalena está entre los 10 ríos con mayor tasa de erosión a nivel global, con una producción de 710 toneladas por kilómetro cuadrado al año; el cuerpo hídrico transporta cerca de 180 millones de toneladas de sedimentos anuales”, revela el libro ‘Peces de la cuenca del río Magdalena: diversidad, conservación y uso sostenible’ del Instituto Humboldt, la Universidad de Antioquia y Empresas Públicas de Medellín (EPM).

Según el documento, elaborado por 58 investigadores nacionales e internacionales, la agonía del Magdalena se debe a que el 77 por ciento de la población colombiana está asentada alrededor de la cuenca, un sitio que aporta cerca del 80 por ciento del Producto Interno Bruto nacional y genera 70 por ciento de la producción de energía hidráulica y 70 por ciento de las cosechas agrícolas nacionales.

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“En los últimos 40 años, estos indicadores económicos han acelerado la degradación ambiental del territorio. Según el estudio global de cuencas fluviales del Instituto Mundial de los Recursos, la cobertura de bosques primarios no supera el 10 por ciento, mientras que la minería descarga 100 toneladas de mercurio cada año”, cita el libro.

Los habitantes de la cuenca del río Magdalena, que alberga más de 1,2 millones de hectáreas de planicies inundables, viven de la pesca.

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Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

Los peces de agua dulce, presentes en los ríos, quebradas, lagos, lagunas, ciénagas, embalses y jagüeyes de la cuenca, palidecen por la acelerada intervención antrópica. “Esto fue lo que nos motivó a crear una publicación dedicada a analizar el pasado, presente y futuro de estos organismos del territorio anfibio más importante del país: el río Magdalena”, dijo Hernando García Martínez, director del Instituto Humboldt.

La robusta publicación, que hace parte de la Serie de Recursos Hidrobiológicos y Pesqueros Continentales de Colombia del Instituto Humboldt, aborda cómo los principales conflictos ambientales de la cuenca han impactado los peces, información que sirvió para proponer varias estrategias de conservación y manejo que requiere el recurso íctico.

“Estamos seguros de que esta información científica les servirá a todos los sectores de la vida nacional, tanto ambiental, académico y educativo como a las diferentes instancias nacionales y regionales, para tomar medidas efectivas y así proteger al río Grande de la Magdalena, una red que recorre la historia del país, sus culturas, costumbres, idiosincrasia y riqueza de recursos naturales”, afirmó García.

Tesoros únicos

La geografía de la cuenca del Magdalena surgió hace más de 80 millones de años con el inicio del levantamiento de las tres cordilleras andinas. Es un territorio con un área de drenaje de 257.000 kilómetros cuadrados conformado por 151 subcuencas tributarias y 1,2 millones de hectáreas de planicies inundables.

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En el mundo no hay otro río rodeado por condiciones climáticas y atmosféricas que provienen del Caribe, Orinoco, Amazonas y Pacífico, una serpiente de aguas carmelitas de 1.612 kilómetros que nace en la laguna Magdalena, en el macizo colombiano, y termina en Bocas de Ceniza, en el océano Atlántico.

En el Magdalena habitan 233 especies de peces de siete órdenes y 33 familias, cifra que corresponde al 14,5 por ciento de la diversidad de peces agua dulce en Colombia. Es la tercera cuenca hidrográfica más rica en estos organismos, después del Amazonas y Orinoco.

De este total, 158 especies son únicas de esta parte del país, es decir que el 68 por ciento de la riqueza en peces es endémica y no habita en ninguna otra parte del mundo. Según Carlos A. Lasso, investigador del Instituto Humboldt y uno de los editores del libro, el Magdalena es uno de los sitios con mayor endemismo de ictiofauna en América del Sur y el primero en Colombia.

“Es la única cuenca con tres cordones montañosos, la cual es bañada dos veces al año por el agua que arrastran los vientos de la zona de convergencia tropical. Es un sitio que provee de escenarios climáticos y paisajísticos diversos a los que los peces han respondido”.

Entre las especies de peces endémicos están el bagre rayado (Pseudoplatystoma magdaleniatum), bocachico (Prochilodus magdalenae), blanquillo (Sorubim cuspicaudus), barbul (Pimelodus yuma), rivulín del Magdalena (Rivulus magdalenae), pataló (Ichthyoelephas longirostris), (Brycon rubricauda), (Hemibrycon cardalensis), (Chaetostoma thomsoni), (Trichomycterus mogotensis), (Trichomycterus banneaui), (Astroblepus onzagaensis) y (Astroblepus grixalvii).

“30 de estas especies nativas son migratorias. El bocachico, bagre rayado, blanquillo y barbul desarrollan desplazamientos desde las planicies o ciénagas hacia los canales fluviales. En las épocas de verano, cuando las aguas bajan de nivel, generan las conocidas subiendas de ejemplares”, dice la publicación.

Los investigadores consideran que el alto número de peces únicos del Magdalena se debe al aislamiento y enclave entre las cordilleras andinas, fenómenos que causaron un proceso de especiación sin precedentes en Sudamérica. “La cuenca cuenta con los niveles más altos de endemismo en muchas especies de la región Neotropical”, apunta Lasso.

Con 164 especies, la subcuenca del Magdalena medio es la más rica en peces. Le siguen el bajo-medio Cauca (118), Sogamoso (116), alto y bajo Magdalena (112 y 87 respectivamente), Cesar (76), alto Cauca (73) y San Jorge (64).

“En el Magdalena medio está la mayor cantidad de peces endémicos, con 27 especies identificadas, seguida por la subcuenca de Sogamoso con 16 especies. Estas dos regiones concentran los mayores valores de riqueza relativa de especies únicas”, informa Lasso.

Los ríos y quebradas son el mayor refugio para los peces, ecosistemas donde los investigadores han registrado 123 especies. Le siguen en importancia las ciénagas, embalses, jagüeyes, lagunas de montaña y finalmente algunas cavernas.

“En las zonas por debajo de los 300 metros sobre el nivel del mar, la inundación que se presenta dos veces al año conecta lateralmente los ecosistemas y facilita la dispersión y recolonización de los peces”, afirman los investigadores.

Los peces del río Grande de la Magdalena utilizan varios recursos para alimentarse, como microalgas, microcrustáceos, larvas, pupas de insectos, invertebrados, frutos, semillas, flores, anfibios, reptiles y aves.

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“La dieta de estas especies depende de características morfológicas como la posición de la boca, tipo de dientes, longitud del intestino, tamaño del estómago e incluso los ojos en posición dorsal, peces que comúnmente se alimentan de plancton”, indica Lasso.

81 especies de peces del Magdalena son carnívoras, 53 son omnívoras y 32 son detritívoras, grupo en el que se encuentran peces chupadores de raíces sumergidas y del fango. Entre tanto, solo cuatro son peces planctófagos.

“En las ciénagas y embalses se presentan todos los gremios tróficos. Las ciénagas de El Jobo, Luruaco y Zapatosa (bajo Magdalena) y Simití, El Llanito, Guarinocito, Canaletal y Cachimbero (Magdalena medio), se caracterizan por presentar especies omnívoras y detritívoras”, cita el libro.

Los científicos que participaron en la publicación del Instituto Humboldt, Universidad de Antioquia y EPM precisan que hay pocos estudios sobre la diversidad genética y estructura poblacional. “Identificamos estudios solo para 14 especies nativas, pero la mayoría se centra en peces de interés pesquero. A la fecha se desconoce la distribución de la diversidad y estructura genética para la mayoría”.

Las medidas de manejo para la conservación de los peces del Magdalena se han centrado en las especies de interés pesquero.

Foto:

Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

Amenazados

Lasso afirma que las especies de peces de agua dulce del Magdalena figuran entre las más amenazadas del país y en los Andes tropicales. Las razones: la acelerada degradación y transformación del hábitat, la contaminación hídrica y especies introducidas.

“Este río ha cambiado desde la época de la conquista de América por las actividades del hombre, al igual que los pobladores ribereños, usos para cultivos, navegación y comercio. Los bienes y servicios que conforman la oferta ambiental también han sufrido drásticas alteraciones”, cita el documento.

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Los Libros Rojos de peces dulceacuícolas de Colombia catalogan a 22 especies de peces del Magdalena como amenazadas, listado que encabezan el bagre rayado (Pseudoplatystoma magdaleniatum), en Peligro Crítico, y el pataló (Ichthyoelephas longirostris) y Brycon labiatus, en la categoría de En Peligro.

Sin embargo, una evaluación adicional de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) reveló que 113 especies endémicas de la cuenca del Magdalena están dentro de alguna categoría de amenaza.

En este estudio, el capaz (Pimelodus grosskopfii) figura en Peligro Crítico. Por su parte, siete especies están En Peligro (Ancistrus tolima, Ancistrus vericaucanus, Austrofundulus myersi, Brycon labiatus, Gymnotus ardilai, Parodon alfonsoi y Pseudoplatystoma magdaleniatum), 10 vulnerables y 85 casi amenazadas.

“Las medidas de manejo para la conservación de los peces de la cuenca del río Magdalena se han centrado únicamente en 61 especies de interés pesquero de consumo u ornamental, dejando a un lado al 73,8 por ciento de esta riqueza de la cuenca”, precisa la investigación.

Varias actividades humanas son los principales motores de las amenazas de los peces de la cuenca. Además de la deforestación, el documento revela que 294 municipios vierten aguas residuales sin tratamiento, hidrocarburos, metales pesados, materia orgánica y otros contaminantes que tienen en jaque a todas sus formas de vida.

“Por ejemplo, la industria de los hidrocarburos hace evidente la contaminación en el río desde 1922 con la construcción de la refinería en Barrancabermeja: entre 1986 y 2003 se registraron 840 derrames y 940 voladuras del oleoducto Caño Limón-Coveñas”, precisa la investigación.

En su paso por 11 departamentos, el río Magdalena recibe vertimientos con metales pesados utilizados por la minería. El HIMAT e Ingeominas encontraron en sus aguas concentraciones altas de metales como mercurio, plomo, cadmio, hierro y cinc.

Según el Estudio Nacional del Agua de 2019, el 52 por ciento de la cuenca presenta una mala calidad de agua mala, 40 por ciento es regular y ocho por ciento es muy mala. Es decir que los peces viven, nadan, se alimentan y reproducen en ecosistemas con una calidad bastante precaria.

Acorralados por invasores

En Colombia han sido identificadas 43 especies de peces introducidas y todas hacen presencia en la cuenca del río Magdalena: 13 fueron trasplantadas de otras cuencas y 30 son exóticas u originarias de otros continentes.

“Todas estas especies son de interés para la acuicultura y las pescas comercial y deportiva. Desde 2012, se han registrado 13 introducciones nuevas y casi todas ampliaron su distribución geográfica”, revela Lasso.

En el listado de especies exóticas introducidas figuran la mojarra o guapote amarillo (Parachromis friedrichsthalii), pez luchador de Siam (Betta splendens), pez cebra (Danio rerio), carpa dorada (Carassius auratus), carpa común (Cyprinus carpio) y la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss), entre otras.

El libro del Magdalena indica que en la actualidad se cultivan 15 especies introducidas: seis exóticas en 121 municipios y nueve trasplantadas en 92 municipios, la gran mayoría policultivos. “La falta de controles de seguridad, más la liberación intencionada, siembras y escapes, son las razones que explican la distribución actual”.

Para los investigadores, la llegada de invasores exóticos pone el alto riesgo la biodiversidad de los peces del Magdalena. “Las especies invasoras son una de las principales causas de pérdida de biodiversidad, ya que reducen el recambio de especies nativas entre los ecosistemas y generan su extinción por depredación, parásitos, patógenos o competencia por hábitat y alimento”.

Por ejemplo, en 2010 los científicos Caraballo y Gandara describieron cómo la pesquería artesanal del embalse del Guajaro se vio afectada por la introducción de la tilapia nilotica (Oreochromis niloticus), especie que afectó la abundancia de la arenca (Triportheus magdalenae), un pez emblemático de la zona.

Recientemente, el pangasius (Pangasionodon hypophthalmus) prendió las alarmas debido a que podría convertirse en una amenaza para otros peces como el bagre rayado (Pseudoplatystoma magdaleniatum).

CON INFORMACIÓN DEL INSTITUTO HUMBOLDT

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