Lo que le hace falta a Colombia para transitar a la sostenibilidad

Lo que le hace falta a Colombia para transitar a la sostenibilidad

‘Transiciones socioecológicas’, una guía para entender el desarrollo del segundo país más biodiverso

Bosque seco tropical en Colombia

El bosque seco tropical, tal vez el ecosistema más amenazado de Colombia. 

Foto:

Felipe Villegas, expediciones IAvH

Por: Tatiana Pardo Ibarra  @Tatipardo2
03 de diciembre 2018 , 10:52 p.m.

"La transformación de los ecosistemas, su ocupación productiva y la persistencia de una confrontación armada interna atraviesan en la actualidad un momento histórico crucial, que puede significar cambios profundos en la biodiversidad de los territorios”. Así empieza un documento robusto del Instituto Alexander von Humboldt, donde más de 20 investigadores se dieron a la tarea de analizar el estado actual de los humedales, páramos, bosques, sabanas, zonas semiáridas y glaciares de Colombia bajo distintos escenarios.

El documento, que compacta un cúmulo de reflexiones que sirven de insumo para el Plan de Acción de Biodiversidad, parte de una premisa: este territorio megadiverso y las dinámicas que ahí se viven son complejos, por lo que no se puede planificar su desarrollo con un entendimiento simplificado, que no es holístico.

“Proponemos 10 ámbitos de gestión del desarrollo en los que la biodiversidad es la mejor oportunidad para la sostenibilidad de Colombia, con enfoque social y ecológico”, le cuenta a EL TIEMPO la directora del Humboldt, Brigitte Baptiste. “Los mismos actores que por distintas razones han contribuido a la degradación de los ecosistemas tienen la clave para revertirla (el conocimiento), y lo único que se necesita es una combinación de voluntad política con estrategias de adaptación y oportunidades económicas”.

Los temas que se analizan en el libro Transiciones socioecológicas hacia la sostenibilidad –que hoy serán presentados al público general– van desde la transformación de las áreas silvestres y los territorios anfibios hasta la urgencia de crear y administrar “naturalezas protegidas”, reconocer los territorios étnicos y establecer paisajes agroindustriales.

El 24 % de los humedales presenta algún tipo de transformación

El concepto de transiciones socioecológicas hacia la sostenibilidad (TSS) surge de la necesidad de hacer una gestión de la biodiversidad partiendo del reconocimiento de que las relaciones del ser humano con la naturaleza presentan profundas interdependencias que generan cambios, algunas de ellas inevitables.

Las cifras de este informe son preocupantes: para 2015 –se lee– se estimaba que el 34 por ciento de los ecosistemas naturales del país habían sido transformados; se había perdido el 37 por ciento de los bosques, el 25 por ciento de las sabanas y el 16 por ciento de los páramos. Pero no solo eso, se calcula –además– que de la extensión total de humedales (más de 30’000.000 de hectáreas) el 24 por ciento presentan algún tipo de transformación resultante de la actividad humana, especialmente por ganadería, deforestación y agricultura. Y no para ahí. El bosque seco tropical, que ha sido quizá el ecosistema más transformado de todos, ya ha perdido el 92 por ciento de su área original, que solía ser de 9’000.000 de hectáreas.

“Las soluciones están. Lo que estamos presentando no es revolucionario, simplemente es volver al territorio, hacer gestión con la gente, comunicarnos entre sociedad civil, Gobierno y empresas. Despolarizar la gestión ambiental”, dice Baptiste, quien considera que estos cambios son urgentes para “comprar tiempo ante los efectos del cambio climático”.

Entonces, ¿cómo se logra la TSS? Los investigadores proponen tres grandes procesos: gestión del conocimiento, diálogo social sobre futuros posibles y acuerdos sociales. Esto implica que hay que invertir más en ciencia, tecnología, saberes locales e indígenas y todas las formas de manifestaciones del conocimiento en Colombia; entender los planes de vida y de desarrollo de las distintas comunidades, fortalecer la gobernanza de ecosistemas (muy especialmente en áreas protegidas y territorios vulnerables), y encaminarnos hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Por ejemplo, Colombia se comprometió a reducir el 20 por ciento de las emisiones proyectadas de gases de efecto invernadero (GEI) para 2030 (67 millones de toneladas CO2 eq.), “y si usamos la tecnología que ya existe en el sector ganadero, se puede reducir entre 18 y 30 por ciento de las emisiones”, afirma el informe.

El páramo, que es reconocido como el ecosistema más representativo de la alta montaña, tiene la joya de la corona en la regulación hídrica, pero estos espacios ofrecen mucho más que eso: almacenamiento de carbono, provisión de alimentos, polinización, recreación y ocio, y son un referente identitario y espiritual para comunidades campesinas e indígenas que los usan o habitan.

“Existen muchas formas de mirar hacia el futuro, que se manifiestan de manera compleja y, eventualmente, contradictoria en programas de desarrollo, planes de vida, expectativas económicas, calidad de vida, etc. El futuro es, por su propia naturaleza, incierto y conflictivo. Es imperativo construir un acuerdo social sobre los temas fundamentales”, advierten los investigadores.

El caso de las áreas protegidas

Uno de los temas de discusión más frecuentes es el conflicto entre pobladores rurales y las áreas protegidas. Según el Tercer Censo Nacional Agropecuario, el 11,5 % de las Unidades Productivas Asociativas (UPA) se encuentran dentro de parques nacionales naturales (PNN). Se identificaron 17.634 UPA, ubicadas principalmente en los PNN Pisba, Sanquianga y Farallones de Cali; 5.979 viviendas ocupadas y 22.371 personas dentro de ellos. Los cultivos de coca están en 16 PNN, que representan el
6,5 % del total sembrado para ese año.
En cuanto a minería ilegal, la actividad está en cinco PNN y en las áreas colindantes de nueve.

TATIANA PARDO IBARRA
Twitter: @Tatipardo2
tatpar@eltiempo.com

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