La crueldad detrás del turismo con animales salvajes

La crueldad detrás del turismo con animales salvajes

A nivel global, 550.000 animales salvajes en cautiverio sufren de crueldad para entretener turistas.

Delfines rosados

Pagar para tomarse fotos con los delfines rosados en Manaos, Brasil.  Sujetarlos, darles de comer y nadar son actividades que ocasionan graves daños a la salud y comportamiento de los animales.

Foto:

World Animal Protection / Nando Machado

Por: Laura Álvarez- Escuela EL TIEMPO
12 de febrero 2019 , 08:10 a.m.

Dos madereros ilegales del Amazonas llegan con una motosierra y un machete a un árbol de aproximadamente 40 metros de alto, en el cual se encuentra descansando un perezoso a 10 metros de la cima. Uno de ellos le lanza un palo de madera con la intención de hacerlo mover, mientras que el otro empieza a talar el árbol con la ayuda del machete. Después de varios minutos, el árbol cae con el perezoso, que se aferra a su rama con la esperanza de mantenerse sano y salvo. El animal, con muestras de angustia, es introducido en una bolsa negra para llevarlo a Puerto Alegría, un sitio turístico en Perú donde se convertirá en un accesorio fotográfico.

Los perezosos, mamíferos icónicos de la selva amazónica, son algunos de los animales favoritos para adornar las fotos de los turistas que visitan este lugar, por su rostro tierno y aparentemente sonriente. Sin embargo, pocos son conscientes del proceso por los que son sometidos para llegar a manos de los guías turísticos que ofrecen esta actividad, y de las condiciones en las que viven. Como el perezoso, 550.000 animales salvajes están en cautiverio alrededor del mundo y son sometidos a tratos crueles para llenar de ‘me gusta’ las redes sociales de los turistas, según World Animal Protection, una organización internacional de bienestar animal.

Operación rescate

Puerto Alegría es una comunidad selvática del Perú en la frontera con Colombia, cuyo único acceso es por el río Amazonas. El 13 de diciembre, las autoridades peruanas y la ONG Entropika rescataron en esta población a 23 animales salvajes que habían sido robados ilegalmente de la naturaleza para ofrecerlos como accesorio a los cientos de turistas que llegan diariamente por el río desde la ciudad colombiana de Leticia.

A pesar de que en las misiones de reconocimiento previas habían identificado a un total de 28 animales retenidos ilegalmente, el equipo de rescate solo encontró a 23 de ellos. Los animales recuperados fueron una anaconda de tres metros de largo, un mono ardilla, tres perezosos, un puercoespín, un gato salvaje, cuatro guacamayos, cuatro loros verdes, dos tucanes, cuatro periquitos aliamarillos y un manatí.

Todos los animales fueron trasladados a dos instalaciones de rehabilitación, incluido el Centro de Rescate Amazónico (CREA), en donde están siendo atendidos de acuerdo con sus lesiones y enfermedades, con excepción de la anaconda, que murió a causa de una infección bacteriana, según le contó a EL TIEMPO Ángela Maldonado, directora de Entropika. Los veterinarios los están evaluando para definir si pueden regresar a su hábitat natural o si deberán permanecer en las instalaciones.

Esta situación ya había sido denunciada por la organización World Animal Protection en un informe de 2017, en el cual documentaron la existencia de un total de 40 animales salvajes en cautiverio en esta comunidad peruana.

Tucanes turismo

El 75 por ciento de las atracciones de turismo con animales salvajes tiene un impacto negativo en su bienestar.

Foto:

World Animal Protection

Las condiciones en las que se encontraban eran deplorables: mala alimentación, restricción física y manipulación repetida por turistas que solo buscan una foto con ellos, sin saber que les pueden estar causando daño. Encontraron tucanes con terribles abscesos y heridas en sus patas, un pequeño gato silvestre con muestras de estrés, un oso hormiguero gigante que maltrataba su propietario y, en general, a todos los animales en jaulas y ambientes improvisados en los hogares de los guías turísticos.

En esta ocasión identificaron 24 especies diferentes: siete aves, 12 mamíferos y cinco reptiles. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), cinco de ellas se consideran amenazadas, mientras que el 61 por ciento son clasificadas como “necesitadas de protección legal internacional” por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies de Flora y Fauna Silvestres en Peligro de Extinción (CITES).

Una problemática global

La cifra tan alta de animales en cautiverio para turismo se explica por los grandes beneficios económicos que se obtienen de esta actividad. De acuerdo con cifras de la Organización Mundial del Turismo (OMT), de los 1.500 millones de dólares que genera la industria turística global cada año, entre el 20 y el 40 por ciento proviene del negocio de turismo de fauna salvaje, que contempla actividades como nadar con delfines, montar elefantes, acariciar cachorros de tigre, o cualquier actividad que implique extraer animales salvajes de su hábitat solo con fines de entretenimiento.

Además, un estudio de la Universidad de Surrey en el Reino Unido, citado por World Animal Protection, afirma que alrededor de 110 millones de personas al año visitan atracciones que ofrecen entretenimiento con animales salvajes.

Esta cifra es preocupante si se tiene en cuenta que el 75 por ciento de las atracciones de turismo con animales salvajes tiene un impacto negativo en su bienestar, según un estudio de 2017 de la revista Tourism Research. Lo que es peor, el 80 por ciento de los turistas no pueden ver el daño que genera este turismo en los animales.

Rodny García Martínez, biólogo experto en vida silvestre, explica que para poder tener a estos animales en cautiverio y ofrecer planes turísticos los deben someter a un proceso de amansamiento muy perjudicial para ellos. “Se capturan muy pequeños y en muchos casos deben sacrificar a las mamás para lograrlo. Además, les dan alimento que no es acorde a su especie y los golpean, lo que ocasiona daños en su comportamiento y salud. Luego los confinan en una jaula o los amarran”, señala el experto, que hace parte de la Subdirección de Gestión y Manejo de Áreas Protegidas de Parques Nacionales Naturales de Colombia.

Además, una práctica habitual a la que son sometidos es la desungulación, una operación muy dolorosa que implica la extirpación de las garras del animal, que incluye la amputación de sus garras, hueso, nervios, ligamentos y tendones. A muchos otros, además, los sedan antes de cualquier interacción para mantenerlos sumisos.

La situación en América Latina también es muy alarmante. En una investigación realizada entre agosto y noviembre de 2016 por World Animal Protection y TripAdvisor, considerado como el sitio web de viajes más grande del mundo, se encontró que en 17 de los 21 países que forman parte de la región se ofrecen atracciones turísticas con vida silvestre, con un total de 249 atracciones.

El 54 por ciento de estas actividades ofrecían contacto directo con los animales silvestres, como sujetarlos para fotos o selfies. El 34 por ciento usaban comida para atraer a los animales y el 11 por ciento daba la oportunidad de nadar con ellos.

Sujetarlos, darles de comer y nadar son actividades que ocasionan graves daños a la salud y comportamiento de los animales.
Tener que ir de mano en mano para que los turistas se tomen la foto, unido al flash de las cámaras y a la manipulación inadecuada, genera en el animal estrés psicológico, miedo y ansiedad, además de que lo privan del descanso necesario para su crecimiento y salud. En el caso de los reptiles, muchas veces los turistas aprietan fuertemente su garganta, dificultando su respiración.

En cuanto a usar comida para atraer a los animales, Rodny García afirma que generalmente se les dan alimentos que no corresponden con la dieta de su especie, lo que puede generar estrés y la caída de las plumas, en el caso de las aves, o del pelaje, para aquellos animales que tienen pelo. Además, esta acción puede crear una dependencia no natural hacia los seres humanos.

Monos turismo

Monos encerrados en condiciones precarias en Puerto Alegría, Perú.

Foto:

World Animal Protection

En el caso de los animales marinos, Juan Armando Sánchez, profesor de Biología Marina de la Universidad de Los Andes, alerta sobre los daños de darles de comer a las tortugas. “Estudios han demostrado que ingerir pescado o salchichas, alimentos que suelen utilizar los turistas y que son ajenos a su dieta, las llevan a desarrollar graves problemas en el hígado. Además, esta actividad puede provocar que se separen de su población natural ya que generan dependencia a esta actividad”, explica el experto.

En los delfines rosados de río, por ejemplo, se han detectado llagas bajo la barbilla y las aletas, áreas que los guías suelen agarrar para sacarlos del agua con el fin de que los turistas los puedan tocar. Esta actividad, además, puede estimular un comportamiento agresivo en los delfines.

En Colombia, a pesar de que no existen cifras exactas sobre animales que son utilizados con fines turísticos, el número de incautaciones realizadas por la Policía refleja la magnitud de la problemática en el país. Según cifras oficiales, en el 2016, solo hasta julio se habían incautado 25.876 animales, con un total de 4.264 capturas por delitos ambientales. En el 2017, según cifras del Ministerio de Ambiente, fueron 23.605 las especies de fauna incautadas. La tortuga, la hicotea y la babilla fueron los animales que más se comercializaron, y los territorios en donde más se incautaron fueron Putumayo, Sucre y Montería.

Como explica Rodny García, en Colombia si una persona es encontrada con un animal silvestre como mascota y no tiene el permiso correspondiente, se le pueden imponer dos tipos de sanciones: una multa millonaria, o entre 48 y 108 meses de prisión.

LAURA ÁLVAREZ
ESCUELA DE PERIODISMO MULTIMEDIA EL TIEMPO

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