La vergüenza de comprar ropa, un nuevo movimiento medioambiental

La vergüenza de comprar ropa, un nuevo movimiento medioambiental

Una nueva corriente llega de Suecia para luchar contra el cambio climático: el ‘köpskam’.

Compra de ropa

Entre el año 2000 y el 2014, la producción de ropa en el mundo se duplicó.

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David Prinz

Por: Manuel Noriega - EFE Reportajes
07 de marzo 2020 , 11:05 p. m.

La lucha contra el cambio climático es un movimiento con fuerza entre las generaciones más jóvenes que buscan reducir su impacto en el medioambiente. Para conseguirlo y dejar un modo de vida sostenible a las que vendrán, están cambiando sus hábitos de consumo.

Recientemente se habló del ‘flygskam’ (un término sueco que hace referencia a ‘la vergüenza de volar’), cuyo objetivo era reducir los desplazamientos en avión debido a la huella medioambiental que tiene la industria de los vuelos.

Ahora, estos cambios llegan al mundo de la moda a través del ‘köpskam’, o ‘la vergüenza de comprar ropa nueva’. Este movimiento quiere poner freno a la denominada moda rápida (‘fast fashion’): acabar con el ‘sobreconsumo’ de ropa para reducir la huella medioambiental que deja su producción.

“Se deriva de la necesidad de hacer entender a la industria que su producción debe ser sostenible”, dice Neus Soler, investigadora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), en unas declaraciones facilitadas por la entidad.

Según la ONU, la industria textil y de moda es la segunda más contaminante del planeta y produce más emisiones de carbono que todos los vuelos y transportes marítimos en el mundo juntos.

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La UOC asegura que en los últimos años se ha aumentado la producción llegando a producir seis temporadas. “Vivimos en una sociedad meramente consumista y todo este consumo excesivo provoca altos niveles de contaminación”, dice Judit Barrullas, profesora de Estudios de Economía y Empresa.

Para fabricar la ropa que usamos a diario se necesitan grandes cantidades de agua; de hecho, esta industria usa 93.000 millones de metros cúbicos de agua cada año, una cantidad suficiente para que sobrevivan 5 millones de personas, según la ONU, siendo la segunda mayor consumidora del mundo y genera alrededor del 20 por ciento de todas las aguas residuales y vierte medio millón de toneladas de microfibras sintéticas a los océanos cada año. Además, su quema es altamente contaminante.

Según la ONU, un consumidor compra ahora 60 por ciento más de prendas que hace 15 años y usa la mitad de tiempo cada una de ellas. Y en un momento en el que el cambio climático ha tomado la conciencia de buena parte de las sociedades y las amenazas al medioambiente crecen cada día, es necesario revisar este modelo de producción y consumo.

Vivimos en una sociedad meramente consumista y todo este consumo excesivo provoca altos niveles de contaminación

Moda sostenible

“En este sentido, una industria de la moda más sostenible tiene un papel fundamental que desempeñar”, dijo Naoko Ishii, directora ejecutiva y presidenta del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, a propósito del lanzamiento de La Alianza para Moda Sostenible de las Naciones Unida el año pasado.

Pero el movimiento climático choca con otras costumbres o hábitos también establecidos y extendidos: el consumo de moda rápida, la exposición en redes sociales y la importancia de la apariencia y el estilo.

¿Puede un defensor de Greta Thunberg, o un participante de los Fridays for future (Viernes por el futuro), comprar lo último en moda cada mes? La respuesta parece ser que no, al menos si se pretende ser coherente.

Las investigadoras de la UOC señalan que, a partir del año 2000, gracias a la globalización, muchas empresas pudieron deslocalizar su producción, externalizarla, logrando mano de obra muy barata y costos de fabricación más bajos.

Todo esto se tradujo en ropa más económica, en moda rápida. “Se dio en una época de crisis económica en que estos productos baratos encajaron gracias a la pérdida de poder adquisitivo de la sociedad. Y en época poscrisis se ha mantenido porque permite cambiar de ropa con más frecuencia”, apunta Neus Soler.La solución es hacer un consumo más moderado y ecológicamente consciente de la ropa.

“Las marcas y los ‘influencers’ deberán adaptarse a la tendencia de no consumir por consumir y la industria deberá producirse a partir de fibras y materiales ecológicos si no quiere verse afectada”, puntualiza Soler.

Las empresas, ante la amenaza que estos movimientos suponen a sus negocios, intentan mejorar sus imágenes y reducir sus márgenes de contaminación.

H&M, cadena sueca de tiendas de ropa, complementos y cosméticos, por ejemplo, asegura que es una de las compañías de moda que más algodón orgánico reciclado usa y que ha empezado a explorar tejidos con elementos fabricados a partir de mallas viejas o cáscaras de cítricos, según contó en ‘Bloomberg’.

Sin embargo, Karl-Johan Persson, el CEO de la empresa, difiere con la reducción del consumo como medida para frenar el cambio climático. Muchas de las protestas abogan por “dejar de hacer cosas, dejar de consumir, dejar de volar. Sí, eso puede conducir a un pequeño impacto ambiental, pero tendrá terribles consecuencias sociales”, aseguró al mismo medio. Y apuntó que la investigación y la innovación son un mejor enfoque.

MANUEL NORIEGA
EFE Reportajes

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