Ecosexualidad: la Tierra entendida como una amante, ¿qué implica eso?

Ecosexualidad: la Tierra entendida como una amante, ¿qué implica eso?

Jennifer J. Reed explica cómo las nuevas narrativas afrontan los desafíos ambientales en el planeta.

Siembra de árboles

La ecosexualidad busca transformar la relación entre los humanos y la Tierra.

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123RF

Por: Tatiana Pardo Ibarra
18 de junio 2019 , 07:51 a.m.

Los pies en el césped, el olor de las flores, la brisa rozando la cara y el cuello, el agua del río cayendo fuertemente sobre la espalda. Estos son algunos de los ejemplos de cómo la naturaleza puede adquirir una dimensión sexual y sensual.

Jennifer J. Reed, estudiante de doctorado de Sociología en la Universidad de Nevada, en Las Vegas, habló con EL TIEMPO para explicar el concepto de ecosexualidad.

¿Qué es la ecosexualidad?

Ecosexualidad es donde la ecología se encuentra con la sexología. Es imaginar ‘la Tierra como amante’ en lugar de ‘La Tierra como madre’. En esta cultura dominante, la Tierra está cansada. Las personas no pueden seguir tomando y tomando de ella, y esperar que su naturaleza nos amamante para siempre. Sin embargo, si tratas mal a un amante, este debe irse. La ecosexualidad invita a las personas a tratar la naturaleza como un socio sensual para proteger, en lugar de un recurso para explotar.

¿Es esto un activismo ambiental, un movimiento social o cuál es el principal objetivo de la ecosexualidad?

La ecosexualidad es un movimiento social. Los tres objetivos principales relacionados con el movimiento ecosexual son: 1. Transformar la relación entre los humanos y la Tierra. 2. Promover una forma ampliada de sexualidad que imagina el sexo como una ecología que se extiende más allá del cuerpo físico. 3. Cambiar la dinámica del movimiento ambiental para atraer la atención de grupos previamente marginados e incitarlos a actuar sobre temas ecológicos, es decir, hacer que el movimiento ambiental sea más atractivo divertido y diverso.

¿Cuándo apareció la palabra por primera vez?

La palabra ‘ecosexual’ apareció por primera vez como un término en citas virtuales alrededor del año 2000. El término se usó para expresar la identidad de alguien interesado en salir con una persona que comparte creencias y prácticas ambientalmente conscientes.

Ecosexualidad: la Tierra entendida como una amante

Jennifer Reed, socióloga experta en ecosexualidad y candidata a Ph. D.

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Cortesía. 

En uno de sus artículos dijo que la ecosexualidad consiste en el “cambio social y justicia social”. ¿Qué quiere decir?

Así es. El objetivo de la ecosexualidad es proporcionar una narrativa cultural alternativa. Más específicamente, el movimiento involucra a las personas en estrategias disruptivas del arte experimental.

Se trata de una celebración colectiva y de una puesta en escena radical, que utiliza tácticas viscerales, emotivas y sensuales para construir nuevas narrativas sobre las relaciones humanas entre sí y con la Tierra.

La ecosexualidad promueve una forma expandida de sexualidad que imagina el sexo como una ecología que se extiende más allá
del cuerpo físico

La sexualidad sin categorías...

El ecologismo queer, erótico e ‘irreverente’ facilita alejarse del discurso cultural moderno dominante; ese pensamiento enfrascado en ‘la división humano / naturaleza’. El movimiento ecosexual no solo desafía esos dualismos jerárquicos que enmarcan los problemas como una lucha entre dos lados opuestos, sino que abre un espacio participativo. Hablamos de organización social que ubica a todos los humanos en la ‘humanidad’ y los humanos en la naturaleza, la “dialéctica de la humanidad en la naturaleza”.

La noción de justicia está basada en el proceso, en lugar de los resultados.

¿Cuál es la relación entre la ecosexualidad y la teoría queer?

El movimiento ecosexual va más allá de conectar las cuestiones de género y la ecología, como lo hizo el ecofeminismo. La teoría queer propone identidades más inestables y fluidas. Como es evidente en el ‘Manifiesto de Ecosex’, la ecosexualidad no rechaza las categorías de identidad, pero tampoco las toma muy en serio.

¿Los matrimonios con la Tierra o los árboles, por ejemplo, son solo representaciones artísticas, o cuál es la psicología detrás de estas escenas?

Los matrimonios con la Tierra y otros elementos de la naturaleza no humanas son una manera de expresar una asociación igualitaria. Las ceremonias de bodas con la Tierra involucran a una población diferente a la que tradicionalmente ha estado en el activismo ambiental.

¿En qué consisten las prácticas ecosexuales? ¿Cómo se comprende el sexo?

Despertado por la sensualidad del sol en tu rostro, el viento que sopla a través de tu cabello, el olor del bosque, la sensación de unidad mientras caminas en las montañas o nadas en el océano; estas pueden ser experiencias ecosexuales. Las pioneras de los ecosexuales, Beth Stephens y Annie Sprinkle, dijeron que se puede pensar en la ecosexualidad como en un continuo, similar a la escala de orientación sexual del biólogo Alfred Kinsey. Algunas personas solo pueden identificarse como ecosensuales.

Como mencioné anteriormente, la ecosexualidad promueve una forma expandida de sexualidad que imagina el sexo como una ecología que se extiende más allá del cuerpo físico. Los seres humanos son parte de la naturaleza, no están separados de ella. Por lo tanto, en última instancia, todo sexo es ecosexo.

El planeta enfrenta serios desafíos ambientales (contaminación, cambio climático, pérdida masiva de especies, etc.). ¿Qué efectos prácticos tiene para resolver esto? ¿O la ecosexualidad simplemente intenta generar conciencia?

Las narrativas apocalípticas que rodean los graves desafíos ambientales tienden a decepcionar a las personas, las bloquean. La ecosexualidad es una forma de inspirar a las personas a participar más, a que el movimiento ambientalista sea más sexi, divertido y diverso.

La ecosexualidad, precisamente, desafía el discurso cultural dominante y la organización social que condujo a esta misma crisis ambiental que vivimos. Alienta a las personas a trabajar juntas para construir nuevas narrativas culturales que puedan conducir a formas nuevas y más sostenibles de organizar el mundo.

TATIANA PARDO IBARRA
Twitter: @Tatipardo2
tatpar@eltiempo.com

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