Opinión: Energía sí pero no así. Hablan los expertos en peces

Opinión: Energía sí pero no así. Hablan los expertos en peces

El 50 por ciento de las especies dulceacuícolas están dentro de alguna categoría de amenaza.

Río Cauca

La Procuraduría abrió investigación para determinar los daños ambientales causados por la contingencia de Hidroituango. Así se ve el río Cauca en el segundo día de emergencia.

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Guillermo Ossa / EL TIEMPO

Por: Asociación colombiana de Ictiólogos
07 de febrero 2019 , 05:16 p.m.

Para la inmensa mayoría de los colombianos, los peces evocan alimento; para otros, vida y sustento. El río Magdalena es la casa de 234 especies de peces, 60 por ciento de ellas endémicas (no están en otro lugar del mundo) y, el 9 por ciento de ellas son migratorias y brindan seguridad alimentaria a más de 35.000 familias ribereñas.

Estos peces han sobrevivido gracias a estrategias que les permiten vivir en un sistema cíclico, en un escenario hidrológico determinado por dos períodos de sequía (enero-febrero, y julio- agosto), dos de crecientes (abril-mayo, y octubre-noviembre) y dos transiciones (hacia aguas altas: marzo y agosto, y hacia aguas bajas: junio y diciembre).

La mayoría de estas especies se reproducen durante las crecientes y otras durante los periodos secos; dentro del primer grupo se encuentran las especies migratorias. Peces emblemáticos como el bocachico y el bagre rayado se mueven entre diferentes sistemas acuáticos, en sincronía con el volumen de agua que llevan los ríos, producto de las lluvias en la cuenca para evadir las condiciones agrestes de las ciénagas durante el verano y reproducirse.

El río Magdalena es la casa de 234 especies de peces, 60 por ciento de ellas endémicas

Es una historia linda, pero con sus matices: el 50 por ciento de las especies dulceacuícolas están dentro de alguna categoría de amenaza y, de las especies migratorias, casi todas. Varios de ustedes se preguntarán ¿por qué si es que aún hay agua en los ríos y en las ciénagas?.

La cuenca del Magdalena sostiene la economía colombiana y en ella habita el 80 por ciento de la población. A pesar de ello, no existe una adecuada planificación del uso de los servicios ecosistémicos que provee la cuenca; su uso es desordenado. La expansión de la frontera agropecuaria seca ciénagas o tala bosques para ganar terreno; las fuentes de energía eléctrica provienen mayoritariamente del agua embalsada de los ríos, y las condiciones del agua cambian debido a que allí disponemos nuestros residuos.

De todas estas situaciones, los embalses son tal vez las menos manejables dado que tienen periodos de vida de hasta 50 años, y a la fecha no se conoce un plan de remoción de alguno en nuestro país.

El muro necesario para formar un embalse, particularmente aquellos que se han venido construyendo abajo de los 1000 m de elevación desde el año 1980, interrumpen el flujo unidireccional del río, eliminan las crecientes naturales, retienen sedimentos y se convierten en una barrera infranqueable para los peces que migran hacia sus áreas de desove.

Cuando se turbina para generar energía, se producen cambios diarios en el caudal y en la velocidad del agua abajo del muro, lo que elimina la señal ambiental que se debe dar durante las lluvias para que los peces desoven e incrementa la velocidad de deriva de los embriones, reduciendo el tiempo que tienen para desarrollarse. Si, por ejemplo, es un río que tiene lecho de limo y arcilla, el agua turbinada con baja carga de sedimentos iniciará un lento proceso de socavación del lecho, erosión de las márgenes, modificando la conexión con el plano lateral del río y finalmente

Debemos exigirle al Estado colombiano la adecuada planificación en el uso del territorio

Desde el mes de mayo del año pasado uno de los 35 grandes embalses de la red de generación de energía (sin contar los cientos de microcentrales), Hidroituango, comenzó a llamar la atención de la ciudadanía debido a contingencias que se dieron en su proceso constructivo y que creaban una amenaza a las poblaciones humanas ubicadas aguas abajo de la presa.

Hoy, debido a una nueva contingencia, estamos en el segundo día de tres durante los que el caudal del río Cauca se ha reducido a una décima parte del que debería tener en este momento de verano en el que los ríos están en sus mínimos niveles. Los peces están migrando. Los oportunistas hacen su agosto con aquellos que están vulnerables y Empresas Públicas de Medellín (EPM) intenta reducir la mortalidad de los peces con acciones de mitigación ante este crítico escenario hidrológico.

Este no es un llamado a EPM para que explique qué pasa y por qué; es un llamado a los ciudadanos para que entiendan que en la naturaleza existe una balanza que se inclina de acuerdo con la equidad en los pesos, en la que cualquier cambio afecta éste equilibrio del cual todos somos co-responsables.

¡Debemos escoger entre seguir usando nuestros ríos para proveernos de energía eléctrica y seguir sacrificando a nuestros peces o, exigir al Estado colombiano la adecuada planificación en el uso del territorio!.

Asociación colombiana de Ictiólogos
@ElTiempoVerde

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