'Mayor peligro para el medioambiente es que no escuchan advertencias'

'Mayor peligro para el medioambiente es que no escuchan advertencias'

Habla Ana María Hernández, cabeza de entidad que alertó riesgo de extinción de 1 millón de especies.

Ana María Hernández, presidenta del Ipbes

Ana María Hernández es la primera mujer en ser designada como presidenta de Ipbes.

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Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

Por: Simón Granja Matias
11 de mayo 2019 , 11:17 p.m.

La colombiana Ana María Hernández llega a la presidencia del Ipbes, la institución que alertó sobre el riesgo de extinción en el que están un millón de los ocho millones de especies en el mundo. Hace un llamado a actuar ya. (SUMARIO)

Cuando Sir Robert Watson golpeó el martillo y dijo “esta reunión está cerrada” ante la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (Ipbes), el pasado 4 de mayo en París, le pasó el relevo a quien será su sucesora como presidenta de esta institución: Ana María Hernández, la primera mujer en la historia en ocupar el cargo.

La colombiana llega para ser la vocera de esta institución en un momento en el que las siglas Ipbes están en boca de todos. A comienzos de esta semana, la institución reveló el ‘Informe de evaluación global sobre biodiversidad y servicios de ecosistemas’, el primer documento en medir la pérdida de la biodiversidad a escala global. Los titulares que produjo en todo el mundo giraban en torno a un mismo enunciado: “Un millón de especies están en peligro de extinción”.

La cifra es escandalosa y preocupante. Y ahora, Ana María, quien se venía desempeñando como jefa de la oficina de Relaciones Internacionales, Política y Cooperación del Instituto Humboldt, deberá liderar desde la producción de conocimiento científico la lucha contra la pérdida de biodiversidad en el mundo.

Un millón de especies en riesgo de extinción es una noticia preocupante. Y ahora, ¿qué sigue?

El informe tiene unas sugerencias bien específicas, pero el mayor reto en este momento es que más allá de la alarma se deben empezar a hacer jornadas de reflexión, de trabajo y de invitación a que absolutamente todo el mundo empiece a promover propuestas de acción específicas. Para el 2025 o 2026 vamos a aprobar una nueva elaboración de otra evaluación global. Y ahí veremos si esas acciones a las que estamos llamando dieron resultado.

Muy grave si no...

Totalmente. Si no nos pellizcamos ya, y si no empezamos a hacer acciones reales, en el 2050 es bastante grave el panorama, es muy serio.

¿Cómo sería?

No tengo el cinismo de Brigitte (Baptiste), pero tengo la practicidad, y es que nosotros vamos a estar muy afectados en salud, en nutrición, en nuestra capacidad de evolución...

Cuando dice nosotros se refiere a...

A todos los seres humanos. Porque la biodiversidad evoluciona, se acomoda. Claro, una extinción masiva como la que estamos alertando será gravísimo... Pero si no hacemos nada, nos vamos a ver totalmente afectados como seres humanos en nuestro estilo de vida, en nuestra capacidad de desarrollo. Para el año 2050 tendremos muchas especies extintas, pero habrá otras que surgirán. El mayor problema es que muchas de las especies que se extinguirán son básicas para nuestra salud y nuestra alimentación.

Las abejas, por ejemplo...

Exacto, si no hay abejas o si no están los polinizadores, simplemente no habrá cultivos. Se baja tremendamente la producción, y eso desemboca en un problema económico; habría que cambiar la dieta y entraríamos en una crisis mundial de seguridad alimentaria.

¿Cuál de todos estos titulares ‘más plásticos que peces en los mares’, ‘derretimiento de los polos’, ‘extinción de las especies’ le preocupa más?

Lo que me preocupa es que no hagan caso. Como dice el dicho: ‘se le dijo y se le advirtió’. Ese es el mayor peligro para el medioambiente. No pueden después salir a decir ‘¡ups¡, ¡se acabó la supervivencia de la especie y a mí no me dijeron!’. Nosotros ya mostramos la evidencia, ahora la pelota está en el campo de los tomadores de decisiones. Entonces, claro, que se derritan los polos es gravísimo, que haya extinción alta de especies es gravísimo, que por pérdida de biodiversidad estemos perdiendo territorios y cultura de nuestras comunidades indígenas, igual, pero son hechos. Lo grave de todo esto es que no les paren bolas a estos hechos.

¿Qué les decimos a las generaciones que vienen sobre ese futuro que les depara?

Yo tengo un hijo de 15 y una hija de 7. Ellos son los que van a sufrir las consecuencias, pero también son los que se están apropiando de la responsabilidad de que van a ser los que van a enderezar el camino.

¿Y no llegamos tarde para eso?

No, no creo que sea tarde. Lo que pasa es que yo soy mamá y a mí me gusta hablar con esperanza. Creo que es bueno prender las alarmas, pero también decir que con acciones concretas se puede solucionar.

Desde su cargo, ¿también tiene esperanza?

Soy cautelosa, objetivamente tengo que tener una debida cautela porque yo puedo responder por mis hijos y por mí, pero no por las decisiones que se tomen, y si no se toman buenas decisiones ya, las cosas cambiarán a 2050. No hay que ser fatalistas, pero afrontaremos grandes cambios, entonces prefiero andar con cautela. Mantengo la esperanza, pero soy realista.

¿Es la educación la clave para el cambio?

Cuando habló la directora de la Unesco en la rueda de prensa que hizo la Ipbes, dijo que la educación es la herramienta básica, y para mí eso sí es claro porque estoy viendo cómo mis hijos se están concientizando, socializando, empoderando y actuando gracias a la educación.

En todo esto, ¿qué papel juegan las grandes empresas con un impacto medioambiental muy alto?

Tenemos que sentarnos a hablar con ellas. Lo que pasa es que tenemos una mirada de que las empresas son el ogro y el enemigo público número uno de la humanidad, pero por eso mismo vamos a evaluar los impactos de los negocios en la biodiversidad. Pero sí es cierto que hay empresas que, definitivamente, tienen fama bien ganada de no actuar diligentemente y en pro del medioambiente.

Hay países que no aceptan hechos como el cambio climático...

Sí, y que no aceptan que hay conflictos territoriales que pueden ser causa directa de pérdida de biodiversidad. Hay que reconocer esos problemas para trabajar en soluciones. Definitivamente no hay que esperar a que el alto mando lo haga, sino que las soluciones se generan dentro del mismo territorio.

Es decir, ¿llegar a las comunidades en lugar de a los gobernadores?

Desde las comunidades se debe generar el cambio. Los acuerdos sociales en cada uno de los territorios son la herramienta más eficaz porque cada territorio es diferente en sus conflictos, en sus relaciones, en sus dinámicas.

¿Cómo se convence a un gobierno como el de Donald Trump que no reconoce el cambio climático?

Estados Unidos es un país basado en su desarrollo económico e industrial, es muy difícil entrar a cambiar esa forma de actuar. Pero fíjese que una cosa es el terreno político, donde dicen no creer en el cambio climático, y luego lo que sucede en el ámbito científico. No se imagina los aportes maravillosos de la academia estadounidense en todas estas preocupaciones.

Su nombramiento en este cargo, ¿en qué lugar pone a Colombia en el panorama internaciones sobre medioambiente?

Colombia ha sido muy importante a nivel internacional en las discusiones ambientales. Ahora, con mi nombramiento, yo creo que es una oportunidad adicional que tiene el país para no solamente mostrar lo que está haciendo, sino también demostrar que hace parte de las soluciones. Es un arma de doble filo porque sí, claro, estoy de presidenta, y entonces mencionan en todo lado a Colombia, pero eso significa también que están esperando que el país de donde viene la presidenta se movilice y actúe y haga cosas de acuerdo con lo que está pasando a nivel internacional. Es una responsabilidad doble.

¿Colombia está tomando el camino correcto en la protección del medioambiente?

Yo no puedo entrar a discutir si un país está haciendo bien o no las cosas porque la Ipbes es muy objetiva. Yo siento que se está tratando de buscar muchas alternativas. Pero, de nuevo, no estamos trabajando conjuntamente para abordar las causas de pérdida de biodiversidad específicas. Lo que nos falta es trabajo coherente, sistemático y articulado, no solamente con el gobierno, sino también con los líderes sociales, los gremios, las comunidades, y esa es una articulación que se tiene que dar permanentemente. Los problemas en el territorio colombiano son muy complejos y no hay una solución simple. Pero tampoco hay una voluntad de abordar esa complejidad, y creo que ese es el mayor reto en este momento.

SIMÓN GRANJA MATIAS
Redacción Domingo
EL TIEMPO

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