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Frenar degradación de la tierra, un objetivo que quedará para el 2050
Sequía

Para recuperar los suelos se debe tener una producción agrícola más sustentable y, al tiempo, un cambio de los hábitos de consumo de la gente

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Rungroj Yongrit / EFE

Frenar degradación de la tierra, un objetivo que quedará para el 2050

Este lunes se lanza documento sobre el estado de la degradación de los suelos en el mundo.

La sexta plenaria de la Plataforma Intergubernamental en Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (Ipbes), uno de los eventos más importantes del mundo en materia ambiental, culmina este sábado en Medellín. Durante una semana, más de 750 expertos, de 128 países suscritos, se dieron cita en esta ciudad para analizar el estado de salud de los ecosistemas y los avances en el monitoreo de la flora y la fauna, y presentar informes que ayuden a los gobiernos a tomar decisiones más efectivas y responsables con la naturaleza.

Uno de estos informes –de los cinco que se presentaron y abarcan temas sobre polución costera, huellas ecológicas transfronterizas y pérdida de hábitat natural– ilustra la degradación y la restauración de tierras en todo el planeta, el asunto más importante para el mundo contemporáneo, según los casi cien expertos que participaron en el reporte, debido a la cantidad de personas que afecta y a las consecuencias económicas que supone.

El científico italiano Luca Montanarella es el coordinador de la investigación, la primera evidencia unificada que, juntando información sobre deforestación, salinización del suelo, sequías y contaminación de los ecosistemas acuáticos, ofrece un panorama más robusto sobre el fenómeno en todo el planeta. Este lunes será la presentación oficial del documento, de casi mil páginas, que también coordinó Bob Scholes, de Sudáfrica.

Tiene que ser aprobado por todos los gobiernos para después ser usado en la toma de decisiones políticas

¿Cómo se construyó el reporte y cuáles son sus principales hallazgos?

El Ipbes es una interfaz entre la política y la ciencia, que funciona muy similar al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Científicos como yo hacemos un estudio sobre todo lo que existe en el mundo acerca del tema, y la degradación de tierras surge porque los gobiernos nos han preguntado por una evaluación sobre el asunto a escala global.

Es muy complicado hacer el trabajo sobre la degradación de tierras porque es un tema diverso, en el que convergen variadas posturas. Hemos hecho el trabajo de juntarlas todas en un reporte único. Al final, este tiene que ser aprobado por todos los gobiernos para después ser usado en la toma de decisiones políticas.

¿Por qué es un tema tan complejo?


Una de las cosas más interesantes de la degradación de los suelos, y yo lo digo siempre, es que es un estado mental, porque mucha de la percepción de la degradación de tierras depende del propio contexto cultural, económico e histórico. Si algo hace parte de una degradación de tierras para mí, puede que no lo sea para un colombiano, por ejemplo. En el reporte hay un capítulo entero sobre estas percepciones, las diferentes visiones que tiene la sociedad. Por eso es muy importante incluir las visiones indígenas. El Ipbes le dedica mucha atención al conocimiento no solamente del mundo científico occidental, sino también el que puede aportar la tradición local.

¿Cuáles son las implicaciones de la degradación de la tierra en la esfera social y económica?

Una tierra degradada no es productiva, entonces los servicios ecosistémicos que puede generar son muy bajos. Es claro que hay un impacto económico enorme, el problema es cuantificar eso en dólares, euros o pesos. Muchas veces, para monetizar este impacto se necesita convertir el beneficio de un servicio ecosistémico en una suma de dinero, y no hay una conversión muy evidente, porque la gente no quiere pagar por eso.

Por ejemplo, para producir maíz o algún alimento de agricultura intensa, que tiene gran impacto sobre la tierra, el consumidor no quiere pagar por la pérdida de funciones ecosistémicas, de biodiversidad, de calidad del agua potable; son impactos que no se calculan en el precio del producto. Intentamos evidenciar en este reporte que cada uno de nosotros puede hacer algo por limitar la degradación de tierras, porque es el consumidor al final el que decide.

Si vas a recuperar una tierra, vas a salvar los otros servicios, la purificación del agua, la biodiversidad

¿Qué tan viable es revertir los efectos negativos sobre la tierra?

Hay un capítulo entero sobre la restauración de la tierra degradada. Está claro que la restauración nunca va a ser totalmente justa con la naturaleza; se trata de una rehabilitación, de recuperar algunos servicios ecosistémicos, pero no todos. No vamos a llegar a ver la naturaleza que había antes de que nosotros llegáramos a este planeta. La restauración cuesta dinero, pero es siempre conveniente.

Si vas a recuperar una tierra, vas a salvar los otros servicios, la purificación del agua, la biodiversidad. En el reporte hemos intentado cuantificar eso, pero es necesario que los gobiernos comprendan que hay que invertir en la recuperación de tierras porque es algo conveniente a largo plazo.

¿Y cómo va el planeta con respecto a las proyecciones sobre la degradación?

Hay algunas fechas acordadas; por ejemplo, la del 2030, que es cuando tenemos que cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El objetivo es llegar a una degradación de tierra neutral, es decir, a un equilibrio mundial en ese año entre la degradación y la recuperación de tierras. Nuestro reporte muestra que no lo vamos a lograr porque el 2030 es mañana; quizás en el 2050, pero no antes.

¿Cuánto tiempo se demora la tierra en regenerarse?

Se necesita mucho tiempo, porque la acumulación, por ejemplo, de la materia orgánica de la tierra requiere largos años. Tenemos algunos experimentos científicos que han calculado el cambio de carbono en la tierra en un plazo de 150 años y han demostrado que se necesita mucho tiempo para que el carbono de la tierra regrese al nivel óptimo, al de antes de la degradación del suelo. Esta es la dificultad de los gobiernos, porque es muy difícil que decidan invertir en algo que va a ser visible en 20 o 30 años. Es mucho más factible que todos nosotros cambiemos algunas actitudes de vida, esto va a tener mucho más impacto que una política de gobierno.

Según el ‘Mapa de ecosistemas continentales, costeros y marinos de Colombia’, en menos de dos años se han transformado cerca de 1’500.000 hectáreas de ecosistemas naturales. ¿Qué implicaciones tiene esto en un país megadiverso como el nuestro?

Implica que si se continúa así, con esas tasas, Colombia va a terminar como Italia, donde todo es artificial y no hay naturaleza. Prácticamente en Europa no hay un área que no esté afectada por la degradación, y la naturaleza se ha perdido desde hace muchos años. Aquí tienen la fortuna de que todavía hay mucha naturaleza y biodiversidad, pero tienen que protegerla porque es un capital, es algo que puede generar mucha economía o trabajo.

La Amazonia es la región con la mayor superficie deforestada de Colombia, aunque el Gobierno Nacional se comprometió a reducir a cero la tasa neta de deforestación en esta región para el 2020.

¿Qué consecuencias tiene esto para el mundo?


Muchísimas porque estamos todos interconectados, y la degradación de tierras está estrechamente relacionada con el cambio climático. La tierra puede ser un gran sistema de almacenamiento de carbono, pero si este se degrada se mineraliza y se va al aire; entonces, degradar la tierra con mucho carbono produce un efecto en todo el planeta.

El Amazonas almacena mucho, así como los humedales, o todas las zonas con suelos muy orgánicos, como las que hay alrededor del Polo Norte. Por ejemplo, Rusia, que tiene una enorme cantidad de carbono en el suelo: si este se mineraliza, crea un cambio climático para todos. Por primera vez, en el Acuerdo de París se reconoció la importancia de la tierra para la mitigación del cambio climático, pero también como potencial causa de este fenómeno, por las emisiones del suelo.

¿Qué medidas podemos adoptar?

Hay muchas cosas que se pueden hacer. Por un lado, una producción agrícola más sustentable, utilizando menos productos químicos, que no tengan tanto impacto sobre la biodiversidad. Por otro lado, el cambio en los hábitos de consumo. Está todo interconectado. No podemos pretender cambiar la agricultura sin comer menos carne, por ejemplo.

VALENTINA VOGT ALBISSER 
PARA EL TIEMPO

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