La biodiversidad de La Macarena después de la guerra

La biodiversidad de La Macarena después de la guerra

Hallaron 737 especies de aves y 12 especies de peces posiblemente nuevas para la ciencia.

La Macarena

El Instituto Humboldt y Cormacarena hallaron 737 especies de aves y 12 especies de peces posiblemente nuevas para la ciencia cerca a ríos Guayabero, Losada y Duda.

Foto:

Jorge García.

Por: Medioambiente
04 de marzo 2019 , 09:11 p.m.

El único corredor biológico natural que conecta el sistema Andino y el complejo amazónico-orinoquense (con los Llanos y el Escudo Guayanés) en Colombia ha ocupado un capítulo crucial de nuestra historia. En esta región no solo se instalaron los colonos que desde el Sumapaz llegaron desplazados por la violencia en la década de 1950, sino también las Farc casi desde su fundación, los paramilitares y las Fuerzas Armadas. Aquí están las heridas de la guerra y los intentos fallidos de la paz. Fue en este contexto de conflicto armado en el cual la información científica fue limitada –casi nula– para diseñar planes apropiados de desarrollo y conservación.

Así que, tras la firma de la paz entre el Gobierno y el grupo guerrillero, nace una oportunidad prometedora para conocer en qué condiciones está esta zona después de más de medio siglo. Cerca de nueve guías locales y 30 investigadores de 15 instituciones –incluidos centros de investigación, universidades, ONG, Parques Nacionales Naturales (PNN) y Cormacarena– unieron esfuerzos desde 2016 para realizar los estudios biológicos imprescindibles para un manejo y conservación adecuados de los ecosistemas y especies que se encuentran en el Área de Manejo Especial de La Macarena (Amem).

Los resultados, condensados en un libro, son increíbles: se identificaron 245 especies de peces, de las cuales es posible que 12 sean nuevas para la ciencia y 22 especies endémicas; 34 especies de anfibios, 52 de reptiles y 737 de aves. El monitoreo se concentró en los tres grandes ríos que bañan el Amem, el Guayabero, el Duda y el Losada, que descienden desde la cordillera Oriental y bordean el sur de la sierra.

De esta manera se convierte en una de las regiones con mayor riqueza de especies de aves en Colombia, con el 38,6 % del total de las conocidas para el país y el 97 % del Escudo Guayanés colombiano.

En este paisaje de mosaico sin continuidades vegetales, fruto de la actividad ganadera y agrícola en pequeña y mediana escala, todavía permanece parte de la biodiversidad

El libro también llama la atención en cuanto a que, si bien Colombia ocupa el cuarto puesto en riqueza de reptiles y el segundo de anfibios, las evaluaciones más recientes de riesgo de extinción señalan que 50 especies (10 %) de reptiles y 271 (33 %) de los anfibios están bajo alguna categoría de amenaza, y de otras no tienen información suficiente para poder categorizarlas.

Caño Cristales

Caño Cristales.

Foto:

Iván Mikolji.

“La fauna que podría considerarse amazónica solo se encuentra en los espacios relativamente pequeños de selva que han dejado los colonos en algunos sitios, lo cual podría dar lugar a considerar que en este paisaje de mosaico sin continuidades vegetales, fruto de la actividad ganadera y agrícola en pequeña y mediana escala, todavía permanece parte de la biodiversidad que hizo famosa a la región, y que el resultado podría considerarse un éxito de los conceptos de área de manejo especial y distritos de manejo integrado”, asegura el ambientalista Julio Carrizosa.

El Amem tiene una extensión de 3’891.790 hectáreas aproximadamente y está constituida por cinco unidades de manejo: dos parques nacionales naturales (Sierra de La Macarena y Tinigua) en su totalidad; dos parques nacionales naturales (Picachos y Sumapaz), que incluyen solo la porción correspondiente al departamento del Meta, y dos distritos de manejo integrado de los recursos naturales renovables (La Macarena y Ariari-Guayabero). Se trata de un coctel de gran importancia biológica, ecológica y biogeográfica.

La Macarena

El Amem se convierte en una de las regiones con mayor riqueza de especies de aves en Colombia, con el 38,6 por ciento del total de las conocidas para el país.

Foto:

Jorge García.

Liderados por el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, los científicos también hicieron un análisis detallado del componente abiótico del área (geología, climatología, limnología) y otros casos particulares, como el estudio de algas epifitas asociadas a la Macarenia clavigera –la planta acuática que le da los vistosos colores a Caño Cristales durante la época de lluvias–, la interacción entre cocodrílidos y humanos, la población y biogeografía de la tonina o delfín de río y, por último, la abundancia de primates y otros grandes vertebrados –aves y mamíferos– en el PNN Tinigua, donde se encontró alta abundancia de churucos y monos araña.

En cuanto a la relación cocodrílidos-humanos, por ejemplo, el análisis no detectó interacciones negativas, aunque sí se haya visto un aumento en las actividades durante los últimos años, especialmente en “el manejo inadecuado de los desechos en la pesca y actividades turísticas que impliquen dejar desperdicios (‘paseos de olla’), la presencia de animales domésticos en las riberas de los ríos, la falta de servicios de agua potable –que obliga a los lugareños a buscarla en los ríos– y la baja tolerancia de los humanos hacia estos animales, dado el poco conocimiento que tienen sobre su historia natural. Por ello se recomienda la educación de las comunidades ribereñas”, advierte el informe.

Deforestación y minería

Dos de las actividades que acorralan el Amem son la pérdida de cobertura boscosa y la presencia de cultivos ilícitos en áreas protegidas. Según el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (Simci) de la ONU, en 2017, el 34 por ciento de los cultivos de coca (de 177.000 hectáreas que se registraron) fueron plantados en áreas que en 2014 solían ser bosques. De los 59 parques naturales, en 16 hay coca en su interior. Sierra de La Macarena es el más crítico de todos: 2.832 hectáreas.

Justamente, este es el parque más deforestado del país. Los datos oficiales del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) señalan que en 2017, el área protegida perdió 3.576 hectáreas de bosque natural. Meta es el tercer departamento más deforestado después de Caquetá y Guaviare.

REDACCIÓN MEDIOAMBIENTE

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