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Es cada vez más difícil para pueblos indígenas producir alimento: FAO
Antioqueñas, todas unas amazonas

Palín, machete, rastrillo, sombrero que cubra el cuello y semillas de sandía melón, fríjol, habichuela y cilantro piden las indígenas de Atacoya en pro de su autonomía alimentaria y laboral.

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Es cada vez más difícil para pueblos indígenas producir alimento: FAO

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Pese a ello, en la Amazonia colombiana están los lkas, comunidades más autosostenibles.

La población indígena del mundo es la custodia del 80 por ciento de la biodiversidad que queda en el planeta, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Durante millones de años han generado alimentos en armonía con la naturaleza gracias a sus conocimientos ancestrales y sus particulares prácticas de gestión territorial.

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Los pueblos indígenas adaptan su generación y consumo de alimentos a los ecosistemas circundantes, no al revés como lo hacen la mayoría de las otras sociedades

Justo cuando la pandemia del covid-19 planteaba la necesidad de reformular la interacción humanos–naturaleza, la FAO junto con la Alianza de Biodiversidad Internacional y el Centro Internacional de Agricultura Tropical (Ciat) publicaron este viernes un informe sobre estas prácticas sostenibles y cómo están siendo amenazadas.

Se examinaron en profundidad los sistemas alimentarios del pueblo indígena de baka en Camerún, los inari sámi en Finlandia, los pueblos khasi, bhotia y anwal en la India, los melanesios SI en las Islas Salomón, el pueblo kel tamasheq en Malí, los pueblos tikuna, cocama y yagua en Colombia, y los maya ch’orti’ en Guatemala; y se reveló que se encuentran entre los más sostenibles del mundo en términos de eficiencia, ausencia de desperdicio, estacionalidad y reciprocidad.

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“Los pueblos indígenas son y siempre han sido innovadores dinámicos, se han adaptado durante generaciones a los ecosistemas en los que viven. Debemos trabajar con ellos, no contra ellos, para aprender y co-crear conocimiento para toda la humanidad”, dijo el director general de la FAO, Qu Dongyu, en el evento de presentación del informe titulado ‘Sistema alimentario de los pueblos indígenas, perspectivas de la sostenibilidad y resiliencia desde la primera línea del cambio climático’.

Estos sistemas variados y únicos combinan diferentes técnicas de generación de alimentos como la caza, la recolección, la pesca, el pastoreo y la agricultura migratoria. Las prácticas móviles, incluido el nomadismo, son vitales para vincular las actividades de producción y generación de alimentos con los ciclos naturales de manera resiliente. Desarrolladas durante milenios por los pueblos indígenas, estas tradiciones permiten que los hábitats se recuperen y que los ecosistemas se repongan y proporcionen alimentos frescos, nutritivos y diversos.

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Debemos trabajar con ellos, no contra ellos, para aprender y co-crear conocimiento para toda la humanidad

Así han generado cientos de alimentos sin agotar los recursos naturales y alcanzan altos niveles de autosuficiencia. En las Islas Salomón, por ejemplo, los melanesios combinan la agrosilvicultura, la recolección de alimentos silvestres y la pesca para cubrir el 70 por ciento de sus necesidades dietéticas.

En la región ártica de Finlandia, a través de la pesca, la caza y el pastoreo, el pueblo inari sámi genera el 75 por ciento de las proteínas que consume.

Sin embargo, dice el informe de la FAO, hoy estos sistemas están en alto riesgo por el cambio climático, los grandes proyectos de infraestructura y el otorgamiento de concesiones que permiten a las empresas mineras, agrícolas, comerciales y madereras operar en los territorios de los pueblos indígenas.

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“Ser adaptativo es el principal elemento resiliente de estos sistemas alimentarios. Los pueblos indígenas adaptan su generación y consumo de alimentos a la estacionalidad y los ciclos naturales observados en los ecosistemas circundantes, no al revés como lo hacen la mayoría de las otras sociedades. La observación profunda del medioambiente, acumulada generación tras generación, y el conocimiento profundo de las relaciones entre los elementos del ecosistema garantizan la protección de la biodiversidad”, dice Anne Nuorgam, presidenta del Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas.

Ahora bien, esto no significa que los pueblos indígenas de estas regiones estén en las mismas condiciones.

Todo lo contrario, los casos mencionados en el informe de la FAO son excepcionales. En el caso de Colombia, en el resguardo tikuna, cocama y yagua en Puerto Nariño, Amazonas, registraron el porcentaje más alto de autosuficiencia de alimentos (75 %) respecto a los siete pueblos mencionados.

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Para Liseth Escobar Aucu, una de las investigadoras del estudio afiliada a la Fundación Omacha, esto se debe a que muchos de estos pueblos aún viven en zonas rurales.

Indígenas de Puerto Nariño

Desde antes de iniciarse el trabajo de investigación de la FAO en esta comunidad indígena, Escobar ya había trabajado en esta parte del país cuando cursaba su maestría en Estudios Amazónicos de la Universidad Nacional. Incluso fue por su trabajo previo que la FAO incluyó este caso en el informe.

“Contamos con la participación de seis comunidades que están asentadas a lo largo del río Amazonas y Loretoyacu y Lagos de Tarapoto. Empezamos un proceso de consulta previa con ellos, presentamos el proyecto, y trabajamos cuatro meses con 10 sesiones en campo, entre otras cosas, para conocer sus sistemas alimentarios, cómo están produciendo sus alimentos, qué tanto dependen del mercado y qué tan autosuficientes son. Participaron desde las más pequeñas, que tienen 14 familias, hasta las más grandes, que tienen poco más de 200 familias”, le dijo Escobar a EL TIEMPO.

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¿Qué encontraron?

Pero los monocultivos son un sistema muy opuesto al de su producción de alimentos en sus chagras y muchas veces no tienen a quién vender lo producido

Para el caso de Colombia, el informe revela que las comunidades indígenas y resguardos estudiados tienen un 75 por ciento de autosuficiencia, es decir, que no dependen del mercado para proveerse de alimentos.

Por ejemplo, con el cultivo en chagras (menos de una hectárea de tierra en donde siembran diferentes tipos de plantas para su consumo) obtienen muchos de sus alimentos, usan las frutas de la selva, es decir, alimentos que ellos no siembran, sino que están disponibles; y también hay producción de algunos animales como pollos y gallinas.

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Ahora, el siguiente hallazgo es que el 81 por ciento de la proteína animal de los pueblos indígenas de este resguardo proviene de la pesca artesanal en los humedales de Tarapoto, un complejo lagunar compuesto por más de 21 lagos, designado en la categoría Ramsar por todos los servicios que ofrece y la biodiversidad que alberga.

“El consumo normal de un colombiano es de 9 kilogramos por persona al año. Para las personas de este resguardo es de 2,6 kilogramos por persona al mes o 31 kilogramos al año por persona. Eso nos dice cuánta interacción tienen con el ecosistema, qué tan dependientes son y la salud de esos ecosistemas cuánto afecta a los pueblos indígenas”, añade Escobar.

Finalmente, para la experta, la deforestación y la erosión del suelo representan una gran amenaza para los sistemas alimenticios de los pueblos indígenas. “Para ser más específica, el cambio climático afecta la producción de alimentos en la medida que los ciclos meteorológicos en la Amazonia cambian. Por ejemplo, cuando el río Amazonas crece hasta 16 metros y todo se inunda, eso determina el ciclo reproductivo de los suelos; si eso cambia, los pueblos indígenas deben adaptarse”.

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A esto se suma que algunas comunidades, las más grandes y las más cercanas a las zonas urbanas, han implementado proyectos de monocultivo como plátano, cacao, sacha inchi, fomentado por el Gobierno Nacional para aumentar los ingresos monetarios.

“Pero los monocultivos son un sistema muy opuesto al de su producción de alimentos en sus chagras y muchas veces no tienen a quién vender lo producido”, concluye Escobar.

TATIANA ROJAS HERNÁNDEZ
Redacción Medioambiente

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