‘Ni fracking ni explorar nuevas reservas son inversiones razonables’

‘Ni fracking ni explorar nuevas reservas son inversiones razonables’

Isabel Cavelier, directora de Visión de Transforma, explicó los temas de debate en la COP25.

Marchas contra el 'fracking' en Medellín

Según Cavelier, Colombia se comprometió a reducir el 20 % de sus emisiones; sin embargo, está lejos de cumplir esa meta.

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Jaiver Nieto Álvarez

Por: Tatiana Rojas*
25 de noviembre 2019 , 11:39 p.m.

Desde el 5 hasta el 11 de diciembre se llevará a cabo la Conferencia de las Partes número 25 (COP, sigla en inglés), un espacio que reúne a más de 195 países comprometidos con el cambio climático. Isabel Cavelier Adarve, quien ha participado durante varios años en negociaciones internacionales sobre cambio climático, habló de los anuncios más importantes y del papel de Colombia en este encuentro.

En las COP que se han realizado en los últimos 25 años, ¿cuáles han sido los principales compromisos?

Entre los principales acuerdos que se han logrado en 25 años está el Acuerdo de París. En este acuerdo se crearon las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC, sigla en inglés), que son el mecanismo a través del cual un país determina cuál será su obligación cada cinco años para disminuir las emisiones de dióxido de carbono (CO2).

¿Cuáles son esas metas?

El acuerdo tiene varios objetivos. Entre ellos, el más importante es que a mediados de siglo el mundo debe llegar a emisiones netas cero para limitar el aumento de temperatura a 1,5 ºC. Para alcanzar esta meta, la única que salvaguarda la civilización y ecosistemas, lo mínimo necesario es reducir las emisiones a la mitad en 2030.

Además, se debe restaurar la naturaleza de manera tal que los sistemas naturales no sean una fuente de emisiones (como ocurre con la deforestación), sino que se fortalezcan como un sumidero de CO2.

¿Cuál es el compromiso de Colombia?

Colombia se comprometió a reducir en un 20 por ciento sus emisiones respecto a la proyección esperada en el futuro. Es una meta relativa, no absoluta. Esto quiere decir que aun si cumplimos esa meta, las emisiones seguirán creciendo (aunque crezcan menos que la trayectoria proyectada).

En otras palabras, es insuficiente...

Sí. Esa meta está muy distante de lo que la ciencia requiere de todos los países para cumplir el acuerdo, porque implica que seguiremos aumentando las emisiones. Lo que es aún grave es que estamos pensando en cambiar la línea de proyección sobre la cual se basa la meta, argumentando que esa es una mejora a la meta.

¿Qué planean hacer?

Entiendo que el Gobierno está trabajando en robustecer la información que le permite calcular la proyección de emisiones esperadas hacia el futuro. Tener mejor información es fundamental y debemos trabajar en ello. Sin embargo, el ejercicio de aumentar la contribución nacional para el año entrante, que es lo acordado en París en 2015, debe resultar en una mejora, y no solo una igual o peor en términos de las toneladas de emisiones. Cambiar la proyección podría terminar en una meta modificada que en términos absolutos es peor que la anterior. No podemos permitirnos eso. No queda tiempo para cambios incrementales. Nos quedan diez años para cambiar el curso de la economía.

¿Esto se discutirá en la COP?

El 2020 es el año clave en que los países vuelven a la mesa con un compromiso renovado, según el mecanismo establecido en el Acuerdo de París. Hay un principio de este mecanismo muy importante: una contribución nueva siempre tiene que ser una progresión respecto de la anterior, no puede ser un retroceso. En esta COP, aunque no se espera que los países lleguen con la nueva contribución lista, se espera que los países manden señales políticas claras sobre la necesidad de aumentar la ambición de los compromisos en 2020.

¿Qué temas serán claves en esta COP?

Uno de los temas que se espera que sea la principal negociación de este año es la regulación de mercados de carbono. En este momento está plasmado de manera general en el tratado y aún necesita regulación específica para ser verdaderamente operativo. También se negocian asuntos relacionados a los costos de las pérdidas y los daños por el cambio climático.

Es un tema políticamente muy sensible, porque los países más afectados quieren acuerdos que permitan movilizar recursos para costear estos daños que están en aumento. Sin embargo, es imposible hacer atribuciones directas, porque no se puede hacer una trazabilidad de impactos asociados a un país y sus emisiones específicas, dado que la atmósfera es una sola. Por ejemplo, no podemos saber qué tonelada de carbón generó un huracán.

¿Qué se necesita para que los mercados de carbono funcionen?

Lo fundamental es garantizar que no se conviertan en una puerta abierta para hacer trampa. Esto quiere decir que la regulación de este mercado debe blindarnos contra la posibilidad del “doble conteo” de emisiones: esto ocurre cuando un país vende un certificado de reducción de emisiones a un tercero, y ambos, vendedor y comprador, lo cuentan como reducción propia.

¿Qué mensaje envían las protestas ciudadanas sobre cambio climático de este año y el fenómeno Greta Thunberg a la COP25?

La ciudadanía quiere acciones ambiciosas, pero lo que está pasando es que los intereses de las industrias, especialmente las que más emiten CO2, hacen lobby para evitar que avancemos en esta agenda. Influyen de manera negativa en las decisiones que toman los gobiernos. La gente está cansada de que ya llevamos 25 COP y sigamos con el problema casi igual.

La primera (decisión) es dejar atrás el mito de que la acción individual es inútil.


Todo parece indicar que no se cumplirá con el Acuerdo de París. ¿Qué responsabilidad tiene Colombia frente a alertas que se han emitido?

La gente dice que no nos debemos preocupar por reducir las emisiones porque no somos un gran emisor como China. Pero resulta que esto es un problema colectivo, si todos los países dijeran lo mismo, terminamos siendo el equivalente a China e India. En este sentido, ni el fracking ni la exploración para encontrar nuevas reservas son inversiones razonables, porque ambas implican mayores emisiones y nos ponen en riesgo a todos.

Las Naciones Unidas han sido categóricas en que no se pueden hacer inversiones en nueva capacidad para quemar combustibles fósiles desde el próximo año, porque de lo contrario no cumpliremos con las metas y si no cumplimos la meta, no tendremos una civilización viable.

¿Qué decisiones deberíamos tomar al respecto?

La primera es dejar atrás el mito de que la acción individual es inútil. Cada persona en su ámbito de trabajo puede tomar medidas que contribuyan a avanzar en la transición. No es necesario ser el presidente de una compañía o ministro para incidir. A nivel nacional, creo que uno de los pasos importantes que debemos dar es la inclusión del riesgo climático, físico y de transición, como uno de los pilares fundamentales de la política macroeconómica del país.

TATIANA ROJAS
@Fanzinerosa
REDACCIÓN MEDIOAMBIENTE@ElTiempoVerde

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