'La pérdida de hábitats es como quemar librerías sin leer sus libros'

'La pérdida de hábitats es como quemar librerías sin leer sus libros'

¿Pueden los jardines botánicos salvar el mundo? Richard Deverell, director del Kew Gardens, responde

Jardín Botánico Kew

Jardín Botánico Kew

Foto:

Gareth Gardner - RBG Kew

Por: Tatiana Pardo Ibarra 
29 de enero 2019 , 01:20 p.m.

El Real Jardín Botánico de Kew, en Londres, alberga las colecciones botánicas y micológicas más grandes y diversas del mundo, con aproximadamente el 95 por ciento de los géneros de plantas vasculares que existen y el 60 por ciento de los hongos. Además, tiene un banco con más de 3 billones de semillas. Por ese valor histórico y natural, el jardín fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2003.

Su director, Richard Deverell, estuvo la semana pasada en Colombia, invitado por Maloka y el Hay Festival, para llamar la atención sobre cómo la diversidad podría ayudarnos a afrontar los temas cruciales del siglo XXI.

Más allá de lo estético, ¿para qué sirven los jardines botánicos?

Los jardines botánicos son una herramienta científica para ayudarnos a entender la diversidad de las plantas y hongos, y los usos humanos que tendrían. Son laboratorios al aire libre. Un arca llena de diversidad para proteger a las generaciones futuras. Para mí, todos los jardines deben tener cuatro propósitos: investigar para compartir el conocimiento sobre plantas y hongos, conservar su diversidad, educar a las siguiente generación de científicos y horticultores, y construir un entendimiento público sobre la importancia de la diversidad.

Uno de los principales desafíos globales tiene que ver con alimentar a una población que crece rápidamente ¿Las colecciones del Jardín de Kew cómo podrían ayudar?

El tema de garantizarle seguridad alimentaria a una población que aumenta, mezclado con variables como el cambio climático, creo que es el reto más importante que está enfrentando la humanidad actualmente. Es un tema extremadamente complicado e increíblemente serio. Entonces para mí, una de las cosas que el Jardín de Kew puede hacer es generar conciencia sobre esta situación y contribuciones prácticas. Por ejemplo, ayudar a identificar cultivos que sean resilientes.

El peligro con la pérdida de hábitats es que estamos perdiendo especies incluso antes de que sepamos que las estamos perdiendo

¿Que resistan a menos agua y menos tierra?

Exactamente. Por el momento, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), más del 50 por ciento de todas las calorías humanas provienen de solo tres plantas: arroz, maíz y trigo. Y tan solo 12 cultivos representan el 75 por ciento de todas las calorías.

Estamos pasando por un momento crucial en la diversidad genética y, por supuesto, la diversidad trae resiliencia. Estimamos que hay unas 7.000 plantas en el mundo que las personas usan comúnmente como alimento y hay otras 23.000 que se usan ocasionalmente; hay que estudiarlas.

Royal Botanic Gardens Kew

La colección de hongos del Kew es de las más completas del mundo. 

Foto:

Royal Botanic Gardens Kew

Es el caso del café, ¿verdad? 

El caso del café es particular. Existen al menos 124 especies silvestres y, sin embargo, solo dos son explotadas comercialmente (arábica y robusta). Nuestros estudios indican que 75 de esas especies están amenazadas (el 60 por ciento), según los criterios establecidos por la Lista Roja Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Entonces la gran pregunta que tenemos que hacernos es ¿qué pasa con las otras 122 especies? ¿Qué sabemos de ellas y de su genética? ¿Podemos generar nuevos sabores, características resilientes al cambio climático?
Las soluciones ya existen en la diversidad de las plantas, la otra pregunta es: ¿cómo aprovecharlo en un ambiente cambiante para proporcionarnos nutrición?

¿Qué cree que es lo más frustrante para los científicos que están intentando desarrollar tecnologías innovadoras para afrontar estos retos que nos pisan los tobillos?

Hay muchas cosas. Creo que lo más frustrante es el apoyo de los gobiernos a la ciencia, la investigación y la tecnología porque los beneficios o el retorno de la inversión no se pueden ver de manera inmediata, llevan tiempo. Así que la inversión a largo plazo en instituciones científicas, universidades, centros de investigación ayudaría a desarrollar habilidades indispensables para afrontar los nuevos retos que tenemos. Se necesita una masa crítica para hacerlo y eso lleva décadas. Hay personas que dedican 30 o 40 años de su vida a estudiar un grupo particular de plantas, o sea que es una habilidad muy profunda y eso, la excelencia, toma tiempo.

También necesitamos impulsar el libre movimiento de las personas. Quisiera que vinieran muchos colombianos a estudiar en Kew y viceversa, porque la ciencia requiere movimiento de ideas y conocimiento a través de las fronteras nacionales.
Y otra cosa que puede frustrar es la regulación de la ciencia. En el caso de la modificación genética de cultivos, por ejemplo, algunas políticas constriñen la ciencia e innovación; así que los políticos y tomadores de decisión deberían entender muy bien lo que hacemos con el objetivo de formular un buen marco normativo.

También porque muchos creen que estos cultivos genéticamente modificados tienen implicaciones negativas para la salud…

En este tema que genera tanta controversia lo único que hay que hacer es mirar la evidencia científica y balancear entre el riesgo y el beneficio.

La única manera de conocer las herramientas potenciales para resolver los desafíos de la seguridad alimentaria es entender realmente lo que significa modificación genética. Y hasta el día de hoy no se ha arrojado evidencia suficiente sobre los riesgos para los humanos y el medioambiente diferentes a los que ya existen en la agricultura actual. A veces la gente piensa que la agricultura sin modificación genética es perfecta, pero no lo es, puede ser dañina con el medioambiente por el uso de pesticidas y herbicidas, la pérdida de hábitats, o el uso excesivo de agua, y este es un tema que se tiene que discutir con profundidad y argumentos.

Todas las tecnologías tienen riesgos y beneficios; los aviones, por ejemplo, se caen y matan a la gente, pero aun así seguimos volando en ellos. ¿Por qué? Porque al analizar encontramos más beneficios que riesgos.

Richard Deverall

Richard Deverell, director del Jardín Botánico Kew (Londres).

Foto:

Néstor Gómez - ET

¿Es optimista con el futuro?

Creo que tenemos que serlo porque los humanos hemos demostrado que somos especies con una inventiva inagotable, y muy buenos resolviendo problemas. El cambio climático, por supuesto, es un tema complejo y a escala global, que tiene que ver con justicia climática, crecimiento económico y desarrollo, pero tenemos que ser optimista de nuestra especie. La innovación y la inversión en la investigación, con apoyo político, brindan transformación.

¿Los hábitats se están perdiendo más rápido de lo que se alcanzan a estudiar para hallar soluciones?

Sí. El peligro con la pérdida de hábitats es que estamos perdiendo especies incluso antes de que sepamos que las estamos perdiendo. Es como quemar una librería sin siquiera haberte leído los libros. No tenemos ni idea de lo que estaba ahí; ¿era un clásico de la literatura? Es urgente que los políticos y las empresas tomen acción. Es ya. Hay que generar debate y no ser complacientes.

¿Cómo cree que debería ser nuestra dieta en un futuro?

Es una excelente pregunta, de verdad, porque uno de los puntos que yo quiero que la gente entienda es que un kilogramo de carne tiene entre 10 y 30 veces más costos ambientales (en términos de agua y emisión de gases de efecto invernadero) que un kilogramo de proteína de plantas. Y yo siento que la gente no entiende lo que esto significa. No estoy diciendo que nunca coman carne de res, solo que sean conscientes de lo que genera. Y ahí viene la educación pública y el entendimiento colectivo, fundamentales para construir y tomar las decisiones correctas.

TATIANA PARDO IBARRA
Twitter: @Tatipardo2
tatpar@eltiempo.com

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