En América Latina, un tercio de los alimentos se desperdician

En América Latina, un tercio de los alimentos se desperdician

En la región se pierden 127 millones de toneladas de comida cada año.

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¿Por qué nos tiene que importar el desperdicio de alimentos?Dos expertos, uno del Banco Interamericano de Desarrollo y otro de Naciones Unidas, explican las razones de esta problemática y las consecuencias que trae en Colombia y América Latina.
Desperdicio alimentos

En Colombia, según el más reciente informe del DNP, se desperdician y se pierden 9,7 millones de toneladas de alimentos.

Por: Redacción Medio Ambiente y Vida
10 de octubre 2019 , 06:47 a.m.

Cada año, en América Latina se desperdician 127 millones de toneladas de alimentos, esto es un tercio de lo que produce la región en ese mismo lapso. Solo en Colombia se pierden casi 10 millones de toneladas, una cantidad que serviría para alimentar a todos los habitantes de Bogotá en ese mismo periodo.

Estas cifras son del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Departamento Nacional de Planeación (DNP) y dan cuenta de un panorama que no solo tiene un impacto económico negativo en agricultores y pequeños productores, sino también en el medioambiente y la salud.

Precisamente, estos serán algunos de los temas que se discutirán en la primera ‘Cumbre regional de pérdidas y desperdicios de alimentos en América Latina’, que se instala hoy en Bogotá y concluye mañana.

El BID estima que el desperdicio de alimentos tiene un costo de 97 billones de dólares al año para la región. En Colombia, según el más reciente informe del DNP, se desperdician y se pierden 9,7 millones de toneladas de alimentos, es decir, el 34 por ciento de lo que se produce. El impacto económico de esta situación es de 15,4 billones de pesos al año.

Lo paradójico es que en el país, 2,4 millones de personas padecen hambre, y se revelan casos como el de las familias indígenas de Colombia y Venezuela que buscan alimentos entre la basura que descargan los camiones recolectores en el relleno de Puerto Carreño, Vichada, o incluso la desnutrición que padecen los niños de las rancherías de La Guajira.

Según informes de la FAO, producidos en 2017 y que fueron consultados por este diario, el desperdicio en Argentina llega a 16 millones de toneladas de alimentos al año, en México representa más de 10 millones de toneladas y en Brasil asciende a 14,6 millones de toneladas anuales.

El problema del desperdicio “no se remite solo a la comida que se tira en los hogares y en restaurantes, sino que surge a lo largo de la cadena de producción de alimentos”, asegura Sara Granados, especialista en sistemas de alimentos para América Latina y el Caribe de la FAO.

Causas compartidas

Además del costo económico, este fenómeno tiene unos impactos ambientales y sociales, según Germán Sturzenegger, especialista senior de agua, saneamiento y residuos sólidos del BID. “Tenemos miles de hectáreas mal utilizadas produciendo alimentos que desperdiciamos. Estamos en una región con serios problemas de seguridad alimentaria y desperdiciamos la comida”, agrega el experto.

Esto afecta a los productores de alimentos, pues entre el 30 o el 40 por ciento de lo que producen no pueden venderlo, ya que por la falta de infraestructura, logística e información.

De acuerdo con Granados, el porcentaje de pérdidas desde la precosecha hasta la producción suele ser muy alto. Y esto se debe, por ejemplo en el caso de los pequeños productores, a que “normalmente no tienen la infraestructura suficiente para recoger los alimentos, transportarlos y mantenerlos en buen estado”.

Esto afecta a los productores de alimentos, pues entre el 30 o el 40 por ciento de lo que producen no pueden venderlo, ya que por la falta de infraestructura, logística e información, no todo el producto puede conservarse en buen estado para ser ofrecido al consumidor.

A esto se suma que en la fase de distribución, la industria exige estándares estéticos que sacan del mercado algunos productos. “Una de cada cinco manzanas que se producen nacen con alguna imperfección, esto hace que sea un producto no vendible y salga del mercado. Al final, se desperdicia”, dice Sturzenegger.

Y durante el consumo se pierde una cifra muy significativa: en América Latina se estima en un 28 por ciento, porque los consumidores suelen comprar comida de más, no la preservan adecuadamente y tampoco la usan antes de su vencimiento.

Una de cada cinco manzanas que se producen nacen con alguna imperfección, esto hace que sea un producto no vendible y salga del mercado. Al final, se desperdicia

Desde la orilla ambiental, el más reciente informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPPC) calcula que entre el 8 y el 10 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo son causadas por la descomposición de alimentos. Así mismo, determinó que en la producción masiva de alimentos se desperdician millones de metros cúbicos de agua al año, lo que genera otro enorme impacto ambiental o huella hídrica.

Según el experto del BID, el peor tema en este sentido es el uso del suelo. “La población crece y es necesario alimentarla. La solución es incrementar la frontera agrícola, eso implica desforestar la tierra”, señala.

Alternativas al problema

El Banco Interamericano viene financiando proyectos que, a través de la tecnología, permiten reducir la pérdida y desperdicios de alimentos y contribuyen a promover políticas públicas en la temática. También trabaja en la concientización de productores, distribuidores y consumidores frente al problema, para comprender por qué sucede y qué comportamientos lo generan.

Empresas como Corabastos, la más grande central de abastos del país, se encargan de concienciar a los comerciantes para que conozcan el manejo adecuado de los productos.

En Colombia, por ejemplo, se sancionó la Ley 1990 de 2019, que crea la política para prevenir la pérdida y el desperdicio de alimentos y sancionar a quienes inciten al desperdicio, lo que deja al país como uno de los que más ha avanzado en regulación, de acuerdo con el BID.

Empresas como Corabastos, la más grande central de abastos del país, se encargan de concienciar a los comerciantes para que conozcan el manejo adecuado de los productos, a fin de que estos no se deterioren tan rápido. Así mismo, les enseñan cómo manejar ofertas en el precio de los productos cuando estos se van quedando, para que no se pierdan.

Corabastos creó una alianza con el Banco de Alimentos de Bogotá para que los productos que no se vendan, pero puedan ser consumidos, sean distribuidos a organizaciones sociales.

Región central, la de mayor desperdicio

De acuerdo con Rafael Puyana, subdirector general sectorial de Planeación Nacional, la región centro-oriental colombiana (Cundinamarca, Santander, Norte de Santander y Boyacá) es en donde más se desperdician alimentos en el país, con 1,7 millones de toneladas al año. En segundo lugar está el Eje Cafetero (Antioquia, Quindío, Caldas y Risaralda), con 646.000 toneladas.

Según Puyana, las principales razones de la pérdida y desperdicio son la recolección de cultivos a destiempo, el mal estado de las carreteras y otros problemas de transporte y logística. “También está la falta de coordinación entre los diferentes actores de la cadena de suministro, los altos estándares de exhibición y calidad, tanto de grandes superficies como de consumidores, así como los malos hábitos de compra y de consumo de los hogares”, dice.

‘Buscamos más disponibilidad de alimentos saludables’

Tres preguntas a: Sara Granados, especialista en sistemas alimentarios para América Latina y el Caribe de la FAO.

Con el fin de disminuir el desperdicio y la pérdida de alimentos, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) está trabajando con los institutos nacionales de estadística de América Latina y les ha entregado herramientas de cuantificación, que les permiten tener datos concretos sobre dónde están las pérdidas y desperdicios de alimentos en las regiones. Sara Granados, representante de esta entidad, contestó tres preguntas sobre esta problemática.

¿Qué consecuencias trae el desperdicio de alimentos en Colombia?

Este problema reduce la disponibilidad de alimentos frescos y saludables y, por lo tanto, tiene implicaciones en términos de nutrición. Por un lado, hay escasez de alimentos y desnutrición. Y por otro, hay obesidad y sobrepeso, pues hay una población que no tiene acceso a buenos alimentos.

¿Qué efectos tendría reducir el desperdicio?

El impacto directo es que se reducirían, aproximadamente, el 8 por ciento de las emisiones globales de efecto invernadero. Si se aumenta la disponibilidad, la población que padece hambre podría tener alimentos más cercanos. Pero, en términos de seguridad alimentaria, el hecho de reducir esta problemática es aumentar la disponibilidad de alimentos saludables.

No comparto la idea de que, antes de desecharse, el alimento se recupere y que con eso se va a alimentar a población vulnerable. Lo que buscamos al dar solución a esta problemática y prevenirla, es que exista disponibilidad de alimento fresco y de buena calidad.

¿Qué se va a tratar en la cumbre regional en Bogotá?

En la primera ‘Cumbre regional de pérdidas y desperdicios de alimentos en América Latinavamos a presentar soluciones que están en marcha en Colombia y en otros países de la región. Por otra parte, se discutirán las labores que hacen distintas asociaciones para gestionar mejor las pérdidas a nivel de comercialización.

También se trabajarán campañas de concientización para prevenir el desperdicio y para que se pueda avanzar en inversiones a nivel rural, a fin de que los productores puedan tener una mejor condición de producción y almacenamiento.

REDACCIÓN MEDIO AMBIENTE Y VIDA

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