El mundo avanza hacia los vehículos autónomos y ecológicos

El mundo avanza hacia los vehículos autónomos y ecológicos

La forma de movernos se alejará cada vez más del transporte individual, según expertos.

Bus autónomo

Expertos estiman que los vehículos autónomos saldrán al mercado de manera masiva hasta el 2025.

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Smart Columbus

Por: Agustina López - La Nación (Argentina) - GDA
22 de marzo 2020 , 12:00 a.m.

Sacudida por los cambios tecnológicos, las demandas individuales y las necesidades ambientales, la industria del transporte urbano está en proceso de transformación. Y según los expertos, hay tres tendencias que se avecinan y se profundizarán en el corto y mediano plazo: el transporte autónomo, el transporte impulsado por combustibles no fósiles y el crecimiento de la economía colaborativa. Las tres transformarán el modo como nos movemos en las grandes urbes.

La gran cantidad de accidentes de tránsito, la urgencia ambiental por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, así como la contaminación urbana y la dificultad, inconveniencia e incomodidades de sostener hoy un vehículo propio a tiempo completo son algunos de los factores que están forzando a la industria a pensar en el futuro.

Los vehículos que se mueven de forma autónoma existen desde hace décadas. De hecho, en 1987 se inauguró en Londres el Docklands Light Railway, un sistema de tren ligero que funciona sin conductor. Y en varias ciudades del mundo se prueban minibuses eléctricos 100 % autónomos.

El año pasado, por ejemplo, Berlín puso a prueba uno que recorría las calles del barrio de Tegel y conectaba con la estación terminal de la línea 6 del metro de esa ciudad. Sin embargo, los especialistas señalan que esta modalidad no solo se extenderá a los demás medios de transporte público, sino también al vehículo particular.

Según un estudio del Centro de Investigación de Política Urbana y Vivienda de la Universidad Di Tella, los vehículos de conducción autónoma saldrán al mercado de manera masiva en 2025, pero llegarán a América Latina solo en 2030.

“A partir de ese punto, la expansión será gradual pero sostenida en la región: representarán un 25 % de la flota de autos en 2040, llegarán al 50 % en 2050 y serán el 100 % en 2065”, apunta el informe.

Los expertos señalan que el vehículo autónomo no solo reducirá el estrés de manejar y lidiar con el tráfico, sino también los accidentes. La máquina no se distraerá mirando el celular, ni se quedará dormida ni manejará bajo los efectos del alcohol o las drogas.

El desafío es configurar, a través de la tecnología, una máquina capaz de circular y de resolver la problemática cotidiana en la calle por medio de la inteligencia artificial.

Por ejemplo, frenar ante un peatón distraído que cruza sin mirar, o esquivar a una ciclista que se sale de su senda. Incluso tomar decisiones sobre cuál es la ruta más rápida o qué hacer si, verbigracia, el pasajero sufre un infarto mientras su vehículo lo lleva y no hay nadie para asistirlo.

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En el artículo ‘Lograr una gran escala de vehículos sin conductor va a ser un maldito gran esfuerzo’, publicado en la revista ‘Forbes’, el experto en inteligencia artificial Lance Eliot señala que si bien los vehículos autónomos son un desarrollo del futuro cercano, por el momento “solo hay pruebas experimentales de este tipo de vehículos que se desarrollan en un espacio extremadamente controlado y a una pequeña escala”.

Eliot advierte que antes de lanzar masivamente a la vía pública autos o colectivos sin conductor hay que definir cuestiones claves e invertir una significativa cantidad de dinero en acondicionar las ciudades y en mapearlas correctamente, para que el vehículo pueda identificar todos los caminos y soluciones posibles. También, considerar cómo convivirán estos vehículos con los tradicionales, con conductores humanos, durante el tiempo que demande la transformación del sistema, así como determinar en detalle quién debería responder en caso de un accidente.

Pero, más allá de los múltiples desafíos que presenta la automatización, la industria del transporte, y particularmente las automotrices, ya pone el ojo en los cambios que representarán para su modelo de negocios los vehículos sin conductor.

“A mediados de siglo veremos un escenario en donde una flota autónoma significativa va a coexistir con el sistema de transporte público. Se estima que el vehículo autónomo va a ser eléctrico, va a estar conectado con otros y además probablemente sea compartido. La propiedad del auto excepcionalmente va a ser individual”, pronostica Roberto Agosta, presidente de la consultora AC&A Ingenieros-Economistas-Planificadores y exdecano de la Facultad de Ingeniería de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA).

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El experto apunta que este cambio provocará transformaciones en la fisonomía de la ciudad: “Ya no vamos a necesitar más estacionamientos en el centro o dondequiera que vayamos. Vamos a pedir un auto con nuestro teléfono; el vehículo nos recoge, nos deja y se va a buscar a otro pasajero”.

Período de transición

Cynthia Goytia, directora de la maestría en Economía Urbana de la Universidad Torcuato Di Tella, habla de una suma de factores entrelazados: “Estamos en un periodo de transición en el cual los nuevos servicios de movilidad que permiten la tecnología y el desarrollo de la economía colaborativa, unidos al cambio energético en el uso de vehículos eléctricos y a su creciente automatización, presentan nuevas oportunidades”.

La experta señala que con estos cambios se afianza el concepto de ‘movilidad como un servicio’ que permite la articulación y combinación de distintos sistemas de transporte a través de una plataforma digital. Así se logrará la ruta de viaje más eficiente sin depender de un vehículo particular.

Las grandes marcas del mundo automotriz son muy conscientes del cambio que se avecina. “Una de las tendencias que más se están afianzando a nivel global es el reemplazo de la posesión de un vehículo por una modalidad de uso. Más del 90 % del tiempo tu auto está estacionado, y eso no es una utilización muy racional de los recursos.

La gente ya no va a querer comprar un vehículo para tenerlo parado y se va a volcar al ‘car sharing’ (auto compartido), autos a pedido, autos por suscripción. Y tal vez a tener otro tipo de vehículos, una camioneta, para usar el fin de semana”, dice Diego Prado, director de Comunicación de Toyota en Argentina.

“Entendemos que la empresa va a sufrir una transformación mayor que en los últimos cien años y que vamos a tener que convertirnos en una empresa proveedora de servicios de movilidad. Vamos a seguir construyendo vehículos, pero se los venderemos a administradores de flotas”, concluye Prado.

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Página oficial - waymo.com

En Argentina, como en buena parte del mundo, ya hay varias compañías que se dedican al ‘car sharing’ de forma incipiente. La modalidad es sencilla: uno se registra por medio de un teléfono celular, abre un mapa para buscar el vehículo más cercano, lo reserva por la cantidad de tiempo necesario y luego, el auto se desbloquea mediante la aplicación.

En algunos casos, este concepto de ‘vehículo por demanda’ también podrá aplicarse al transporte público. Desde septiembre pasado, una línea de bus de Shanghái utiliza la inteligencia artificial y ha logrado reducir costos y tiempos de operación.

Los usuarios abren una aplicación en sus teléfonos, ‘reservan’ el viaje que harán y mediante un servicio provisto por Alibaba (el gigante asiático de ‘e-commerce’), el sistema toma en cuenta todas las reservas y elabora una ruta a medida de las necesidades de los pasajeros. Esta dinámica es un claro beneficio para quien viaja, pero también implica un uso más eficiente de los recursos, que en el futuro se podría traducir en menos buses vacíos y con rutas más directas.

Más del 90 % del tiempo tu auto está estacionado, y eso no es una utilización muy racional de los recursos. La gente se va a volcar al
'car sharing', autos por pedido, autos por suscripción, etc.

El factor ecológico

El transporte representa casi un cuarto de las emisiones de efecto invernadero de Europa y es el principal causante de la contaminación en las ciudades. El objetivo acuciante de reducir la temperatura de la Tierra –adoptado en el Acuerdo de París, en 2015, por casi doscientos países– es imposible de alcanzar sin la descarbonización de los vehículos.

Con esa premisa en mente, durante la Conferencia de la ONU del Cambio Climático (COP25), celebrada en diciembre en Madrid, el Foro Internacional del Transporte dejó en claro que “los combustibles alternativos son la llave para un transporte libre de emisiones y la movilidad eléctrica es la más avanzada”.

Si bien hay países, como Noruega, donde el 46 % de los autos nuevos son eléctricos, la tendencia aún no alcanzó la escala necesaria. El año pasado se vendieron en el mundo 5,1 millones de vehículos eléctricos, que tan solo representan el 0,5 por ciento de la plaza global.

Sin embargo, la presión de los organismos internacionales y la apremiante necesidad de cortar las emisiones están favoreciendo un discurso en pro de energías más limpias y de un sistema que priorice el transporte público sobre el privado.

En noviembre, en el evento del lanzamiento del Anuario de Energía Mundial, Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía, fue contundente: “No podemos darnos el lujo de elegir ganadores. Todas las tecnologías van a tener que jugar un rol para lograr la transición hacia la neutralidad de carbono. Es importante que los países abracen el Acuerdo de París”.

Según una encuesta de ‘The Economist’ entre distintos CEO de compañías dedicadas al transporte o con interés en el área, el 76 % considera que los vehículos eléctricos son el futuro y el 58 % reconoció haber hecho una inversión real en este tipo de tecnología.

“El futuro del transporte se centrará en su descarbonización: las ciudades promoverán la bicicleta y los sistemas de transporte público, a expensas de los automóviles individuales. La proliferación de viajes individuales consume demasiada energía y conduce a niveles intolerables de congestión”, dice Etienne Deffarges, autor del libro ‘Untangling the USA: The Cost of Complexity and What Can Be Done About It’.

El futuro de los carros autónomos ya viene
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Archivo particular

Un modelo de ciudad verde exitosa es Malmö, en Suecia. Allí, el Gobierno impulsó el uso de energías renovables, armó una red extensa de senderos para incentivar el transporte en bicicleta y construyó terminales exclusivas de carga para los vehículos de hidrógeno. Malmö espera funcionar completamente con energías renovables en 2030.

El hidrógeno como fuente de energía para los vehículos es una nueva tendencia que se consolida lentamente y podría incluso competir en el futuro con el transporte eléctrico. Compañías como BMW, Toyota o Hyundai ya están desarrollando esta tecnología.

El mayor beneficio de tener un vehículo impulsado por hidrógeno (combustible que al entrar en contacto con el oxígeno libera vapor de agua) es que se puede almacenar en un tanque (a diferencia de la electricidad, que demanda baterías y una terminal de carga).

“La nueva agenda del transporte incluye cambios en las fuentes de energía, la llegada de los vehículos autónomos y compartidos y, como corolario, la integración de todas las movilidades de transportes”, sintetiza José Barbero, decano del Instituto del Transporte de la Universidad Nacional de San Martín.

Desde luego, para las ciudades latinoamericanas, estos retos no son algo menor. Como anota Goytia, nuestras ciudades han experimentado un gran crecimiento demográfico, sin contar con un correcto planeamiento urbano ni un trazado de transporte público acorde, lo que incentiva –para los que pueden permitírselo– el uso del vehículo particular, la congestión de autos y la contaminación.

No obstante, para Julián Sastre, director de la consultora de transporte española Alomon, hay ciertas recetas para diseñar un sistema exitoso, tales como fomentar la conectividad entre transportes (la multimodalidad no está en discusión), crear carriles exclusivos de circulación para buses y restringir los espacios de estacionamiento en las calles. “Hace falta un desarrollo urbanístico que fomente la caminata y el ciclismo, dotado de un sistema de transporte público masivo eficiente. Eso disminuye el uso del vehículo particular; de este modo, el suelo que ya no ocupa el auto pasa a cumplir una función social”, dice Sastre.

El experto introduce en su análisis una nueva tendencia que conjuga urbanismo y movilidad: el llamado ‘desarrollo urbano orientado al transporte público’ (DOT). “Es un modelo urbano con planificación y diseño en torno al transporte público, y que incluye la construcción de barrios compactos, de alta densidad, que permiten a las personas gozar de diversidad de usos, servicios y espacios públicos seguros y activos, favoreciendo la interacción social”.

Para Sastre, el objetivo final es que el transporte público sea elegido no solo porque es más económico, sino también porque es mejor, más cómodo y seguro. “El país desarrollado no es aquel donde el pobre tiene un automóvil, sino aquel donde el rico usa el transporte público”, dice.

AGUSTINA LÓPEZ
LA NACIÓN (Argentina) - GDA

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